martes, 23 de junio de 2009

Yin y Yang - Pija y Quilombo.

El otro día estaba charlando con un amigo. Él me hablaba de sus experiencias en cuanto a relaciones afectivas y encuentros cercanos menos afectivos. Me contaba que tenía ganas de descansar un poco, hizo alguna alusión al 'sueño del guerrero' del que habla mi amigo personal Cacho Castaña, me dio un breve discurso destinado a fomentar su hombría y bla bla, pero básicamente me dijo que tenía ganas de dejarse de hinchar las pelotas y tener una novia de una vez. Una sola. Y la tenía. Es la que había quedado al final del camino.
Igual no estaba del todo contento, digamos, si esa es la palabra. Me hablaba de ella con el ceño fruncido, como con cierto trabajo.
Cuando le pregunté por qué, qué lo ponía así, me dijo:
-Es que por más que me guste, que la quiera y que tenga cosas que me resultan fenomenales, las mujeres, todas en general, son complicadas. Yo quiero de verdad tener una novia, una sola, estar con ella y nada más. De hecho la quiero pero...
-Qué? dije, sin dejarlo terminar.
-Yo me quiero relajar. Pero estar con una chica implica ir mechando la pija y el quilombo.
Pija/ Quilombo
Pija/ Quilombo
y así.
-No entiendo - dije, recostándome en mi asiento, un poco para preparar mi discurso femenino y feminista en defensa del género.
- Hay que dar primero (esa es la etapa 'pija') y luego quitar (esa es la etapa 'quilombo'). No saben mantener el equilibrio por si solas, ustedes vienen con la balanza vencida. No conocen el concepto de armonía.
Cuando vio mi cara de desconcierto, volvió a la carga.
Mirá. Si a una mina le das, le das para que tenga y te quedas ahí, descansando a la sombra de su espalda, te quedás mirando cómo sube y baja la curvatura de sus costillas al ritmo de la respiración somnolienta de la madrugada, si al otro día la despertás con el desayuno y hacés lo que ella quiera seguramente vas a sufrir como un hijo de mil putas, vas a ser un dominado, un pobre tipo, un infeliz pelotudo que no va a hacer otra cosa que dormir a la sombra. Pero si por otro lado cojés y te vas, y llamás haciendote el pistola solamente para ir al grano. Si no la valorás como corresponde, si no le decís que le queda lindo el vestido, si no te quedás a dormir de vez en cuando - porque les gusta eso, al menos que lo pidas - no te va a esperar, se va a ir con el primero que pase por ahi. Y es lógico. Te he dado dos ejemplos reduccionistas y extremistas. Pero a lo que voy es que hay que alternar entre ambas. Cuando ella está segura de que no te vas a mover de su lado, hay que hacer un parate y dejar las cosas en claro. Y cuando ocurre que se esta por ir, apareces nuevamente como para que se quede con vos. Me explico? Por eso tengo el ceño fruncido. Yo soy mucho más simple, pero tener una relacion simple con una mujer es un oximoron!
Yo, a mitad de su discurso, cuando iba por la explicación de la primer etapa había ya ideado una respuesta que salpicaría todos los aspectos y complicaciones del otro género. Ya tenía memorizadas citas de Simone de Beauvoir y de Sor juana Ines de la Cruz. Estaba aceitada como si con eso se me fuera la vida y sin embargo no le pude decir nada porque por sobre todas las cosas tenía razón. porque yo misma me vi ahí en esas circunstancias siendo expectadora (y expectante) de las etapas consecutivas. Nunca congruentes.
Mi amigo tiene razón, mujeres, pongámonos las pilas.

miércoles, 10 de junio de 2009

Espejito espejito

Para quién se arreglan las mujeres?
La respuesta que escucho a veces es: para los hombres.
La respuesta que escucho más seguido (la que sale de la boca de las féminas que han leído algún texto freudiano o completado algún test de la revista Elle y no les da verguenza) es: para ellas, las otras. Es verdad, hay que admitirlo: La competencia viene con el género, de fábrica.
Pero propongo aquí otra categoría: para ellos. Pero no para cualquiera. No todos los tipos entran en esta categoría. Yo me refiero a los peluqueros, los nutricionistas, los profesores de pilates, los personal trainers, los dermatólogos (oh Dios!), ginecólogos, médicos, el vendedores de ropa... Sí, para todos ellos a los que una acude cuando el problema no es ni tan grave ni tan engorroso.
(Y ellos, si me están viendo, si me están escuchando, avívense. Una cliente bien atendida vuelve siempre, vuelve por más)
Quién no se saca un turno por mes con el dermatólogo (ese talón de Aquiles) que dice que tenemos la piel de una joven quinceañera, o que pone cara de sorprendido cuando le decimos la edad? Quién no sale toda agradablemente acalorada cuando el ginecólogo nos dice que la tenemos de 20, cuando tenemos 45? eh? Quién no cambia de estilo de forma quincenal si el peluquero dice que una es una reina?! Ese el médico que te pregunta si pesas más o menos 50 kg, cuando tu sobrepeso pasó la delgada línea roja hace rato ya, o el vendedor que te trae un pantalón tres o cuatro talles menos... un amor! cómo no le vas a comprar? El personal trainer que te dice seriamente 'vos no necesitás hacer gimnasia, estás divina'. Y así compramos buzones y cualquier cosa sin importar el costo. Traten bien a las mujeres. Además de merecerlo, es garantía. Son nuestros espejos y nosotras, cuales madrastras de blancanieves, necesitamos uno que hable, que halague, que haga alarde de nuestras virtudes perdidas. Es un bálsamo. Aprendan. Aprehendan!

Gracias a Dios está la infeliz contraparte. La que debe ocuparse cuando el asunto es serio y por ende, necesario. Nadie va a un psicólogo hombre si está realmente deprimida a dejarle los mocos esparcidos en el sillón en forma de mil pañuelitos descartables húmedos y vizcosos sin importarle un pomo mirarlo a la cara con todo el rimel corrido, o a un proctólogo jóven y guapo que te hace poner con el culo mirando al norte sobre esa camilla insolente cuando las hemorroides no nos dejan en paz, Ni hablar que el médico, al que vas porque en verano, cuando chivás como un chancho asustado, el olor a cebolla se siente desde la otra cuadra, no se va a parecer a Brad. Más se parece al jorobado de Notre Dame.
No, por eso las depiladoras siempre son mujeres. O el cirujano plástico, el que te va a ver en tanga de papel de nylon celeste y te va a marcar los rollos con un marcador negro y te va a enumerar los defectos (las virtudes las tiene en la billetera) por adelante y por atrás. Ese no va a ser ni Nip, ni Tuck. Va a ser el más caro, el mejor de todos, pero de ninguna manera el que más te gusta.
Es el trabajo sucio y alguien tiene que hacerlo. Una lo necesita.

Gracias por eso.

martes, 2 de junio de 2009

Don Pirulero

El otro día alguien dijo: sólo el 3% de las minas son potables. Sólo ese porcentaje vale la pena. Las demás no.
Ante la pregunta de los demás, dijo: es que no valen la pena, no van conmigo, no son capaces de acompañarme en mi proyecto de vida. Entonces, para qué? para garchar una vez y listo? A lo sumo dos? No. Ya tengo 35 años y quiero otra cosa. Por eso: son cada vez menos las minas que sirven. (Obsérvese que dijo 'minas' y no mujeres. Pero ese análisis sería ir demasiado lejos y no viene al caso)
Si! dijo en otra punta otra, revoleando su estandarte.
E inmediatamente se armó un debate del cual rescato una frase que me parece del órden de lo célebre: 'El levante es un mercado perfecto'. Inmediatamente recordé que, en una charla de café, un tipo me dijo:
El hombre es un ser inteligente. Es capaz de reconocer lo bello y apreciarlo. Es capaz de emocionarse con un poema de Vallejos o de quedarse sin aliento escuchando el requiem de Mozart. Quizas hasta se le piante una lágrima y todo. Pero para las minas no se diferencia mucho del mono. En el fondo de su corazón, o en el centro de su hipotálamo, sabe qué sí y qué no.
Si entre un grupo de mujeres de puntuación 8\9 hay una o dos 4\5, el tipo que no pasa los 5 puntos le va a gritar barbaridades a esas. La respuesta a la indignacion estética de las demás es simple: nadie es lo suficientemente estúpido como para ir al absurdo rechazo. Para qué? Si no hay necesidad.
Entonces vemos que las parejas se promedian, que están todas cerca de la cima de la campana de Gauss porque los extremos son dudosos. Es así y no hay tu tía. Y es tan obvio que cuando vemos a una mina que raja la tierra con un gordo sudoroso tendemos a pensar que el tipo tiene una billetera más grande que las tetas de la señorita. Nadie cree en el amor cuando la distancia es abismal en ese sentido.
Entonces, volviendo al debate inicial, no creo que haya motivo para preocuparse.
Si bien es cierto que estamos en una época individualista y de cierta tendencia a la targiversación de los valores hasta ahora moralmente aceptados, cada uno tiene su 3% merecido.
La buena noticia es que ese 3% no es el mismo para todos.