sábado, 24 de octubre de 2009

Ad eternum

De nuevo sale el tema en cuestión, se arremete, porque no es cuestión, oiga.
Yo ya hice alusión a este asunto, pero se sigue debatiendo en cafés femeninos y charlas de medio día.
Por ejemplo, el otro día paseando con una amiga salió el tema, porque nosotras cando no sabemos de qué más hablar hablamos de hombres y sexo, porque ese tema anota porotos, porque sabemos que va a ser productiva la conversación, porque al menos si no aprendemos nos vamos a divertir.
En fin, salió el asunto de la estrechez de pito, de la falta de tamaño, de la poronga chica, o sea. (La que no haya tenido una experiencia así que tire la primera piedra.)
Me acuerdo de una vez que charlando con alguien, mujer ella, cuando le comenté de una experencia propia a raiz de la cual yo estaba furiosa, me dijo: 'Y bueno, qué querés, que no cojan? Tienen pito chico pero no por elección, no tienen la culpa'. Y sí, pensé, el flaco en cuestión le puso mucha actitud compensatoria. El pibe del chizito era simpático, muuy buen mozo y tenía mucha y buena labia.
Cuando, más cerca en el tiempo, salió la conversación nuevamente mi compañera de turno fue mucho más radical, más concisa en sus decisiones: 'Qué? no, no, yo nunca más.' Estaba muy convencida de lo que decía, me gustó su firmeza ideológica, logró desterrar los fantasmas de mis pitocortis pasados. -'Yo me fijo antes. Yo me los chapo, siempre fuera de casa o del telo o de su casa porque una vez adentro estás en el horno, ya es tarde. Yo los tanteo, les meto la mano en la bragueta y mido. Nunca puede ser menos que esto - dijo, haciendome una seña con la mano - porque es triste. Esta mano es un gallinómetro, es una herramienta que yo misma modelé y anda bien, no me ha dado un disgusto - se miraba la derecha con orgullo - en fin. Yo manoteo la gaviota, si veo que no hay cuorum me levanto y me voy'.
'Pero no - le dije yo, quizá demasiado jóven e inexperta aún - no podes hacer eso. Es una cuestión de código. Si llegaste hasta ese momento, si le llegaste a acariciar el ganso aunque más no sea una sola vez tenes que bailar, te lo tenes que coger un ratito aunque sea, no da, a mi no me gustaría que me lo hagan'.
- 'Qué código? De qué código me hablás? - decía, haciéndome montoncito - No. No, a esta altura? No tengo más ganas de caretear un garche, prefiero quedarme mirando una película con un helado antes de que garcharme a un ñato del que no me doy cuenta más que por la cara si me está cogiendo o no. No me sirve, si al fin y al cabo no me lo voy a querer cruzar nunca más, de qué código me hablas?
- Bueno - agregué, sacando la carta de la respuesta de mi otra amiga - No tienen la culpa de tener un palito de la selva...
- Si, es verdad y es una pena, pero yo tampoco la tengo. Así que si se queda caliente que se vaya con su microporonga a hacerse una paja a otro lado (SIC!)
A mi su respuesta me pareció suficiente, brutal y suficiente, por lo cual no intentaré hacer ninguna reflexión al respecto.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pero vos sos la racha

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martes, 13 de octubre de 2009

Nací para ti?

Hay una canción que me gusta mucho. Siempre que puedo la escucho porque realmente me gusta. La tarareo, me sé la letra desde hace muchos años.
Y en un insight casi ajeno (porque fue en el medio de una conversación en relación a los nuevos cuernos de una amiga) me detuve en una parte que dice: 'y cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champan francés... y cena con velitas para dos siempre es con otra, amor, nunca contigo...'
Esa parte siempre me pareció pintorezca si se quiere, masculina tal vez. Pero en ese instante me pareción tremendamente triste. Y no porque sea algo habitual a lo que estamos destinados siempre bajo el lema de 'Nadie se salva de los cuernos y de la muerte', sino por la responsabilidad de las partes actuantes. O, mejor dicho, de mi responsabilidad en un caso así.
Mi amiga y su novio (o ex, no lo sé) se conocen desde hace 5 años. Viven juntos desde hace cuatro. Se conocieron en un bar a la salida de sus respectivas oficinas. Ella tenía 27 añitos recién cumplidos en esa época y hacía un tiempo considerable que andaba sola y desaforada. Le gustaba más la joda que el dulce de leche casero y no dejaba pasar oportunidad. Iba al gimnasio, a la peluquería, a bailar, a pilates, a tomar cervezas a los bares después de trabajar. Se pintaba, se peinaba, dejaba una estela de perfune al pasar, sonreía todo el tiempo.
No le molestaba no tener la casa impecable y reluciente porque en el mejor de los casos caía a dormir y a estudiar, y si no caía sola total ya estaba oscuro y nadie se iba a detener en los detalles. La heladera tenía pocas cosas y todas tenian alcohol. Tenía mucho discos y libros. Le encantaba visitar amigas, amigos... disfrutaba, en líneas generales, de todo lo que implica ser joven. Era bonita pero lo que la destacaba era la actitud.
Luego conoció a Facundo, el hombre en cuestión. Al principio todo bien, salían, cogían, se emborrachaban, lo pasaban bomba.
Después ambas partes empezaron a engancharse cada vez más y se pusieron de novios. Así hasta que terminaron yéndose a vivir juntos.
Uno se pregunta cómo él pudo llegar a dejar de querer, o querer otra cosa, que esa muñequita?
Y bueno, esa muñequita dejó de ir al gimnasio al tiempito nomás de que empezaran a salir. Obviamente no iba más a los bares after office porque se iban juntos a su casa con Facundo que la esperaba ahí en Alem y Corrientes, ambos trabajaban en el centro y se esperaban. Dejó de salir los sábados porque decía que estando de novia eso no se podía hacer de ninguna manera y dejó de ver a sus amigas y amigos porque empezó a juntarse con los de Facundo.
Dejó de ir a la peluquería, dejó de comprarse ropa sexy. Empezó a ser muy ama de casa y se volvió insufrible con la limpieza y el orden. Empezó a llenar la heladera de cosas diet, ligth y macrobióticas. Y no había dia que no tuviera olor a papas fritas en el pelo porque ella era la que cocinaba.
Un buen día encontró saliendo de un telo a Facundo con la secretaria de su jefe, una bomba sexual de 27 añitos que estaba para matarla. El día anterior habían discutido porque ella estaba dele meterle rosca con que quería tener un hijo y casarse (en ese orden de prioridades). Lo notó raro y decidió seguirlo.
Lloraba. Cuando me contaba esto lloraba, decía que había dejado los mejores años con él (es exagerada, síndrome de ama de casa) y que ya no iba a ser como antes. Porque ella era tan linda y joven antes de conocerlo... 'hijo de puta!' - decía en sus pequeños brotes de enojo - 'ahora que encontró una más pendeja se va. Seguro que es una trola de mierda que le gusta más la pija que el dulce de leche casero' - y seguía llorando.
Yo no iba a meter la cola en ese momento. Se le iba a pasar e iba a volver a las pistas no bien terminase el duelo, no valía la pena desplegar un papiro inmenso de torturas psicológicas ante cuestiones que ya a esta altura no tienen remedio.
Quizá esta historieta es un extremo, pero es el rejunte de muchas otras historias que terminan igual.
Las mujeres tenemos la manía de dejarnos, de abandonarnos a los brazos del otro como si ya no hiciera falta nada, como si el amor diera todo por entendido y dejara de hacer falta la seducción.

Y en lugar de esperarlo con un microvestido de licra comestible, lo hacemos con un desavillé de toalla deshilachada porque la ropa ahora se compra para las fugaces ocasiones de un compromiso social. El perfume lo mismo, y así.
Y para colmo venimos a creer que tenemos derecho de quejarnos porque él no nos trae un ramito de flores de vez en cuando, de que no nos sorprende con un regalito o no lo que sea.
Nos han inculcado que el amor todo lo puede, que el amor es ciego... pero nadie avisa que con el amor no es suficiente, que no es ciego y que no es por si solo una garantía de que todo será bueno y para siempre. Hace falta un cemento de contacto y para eso están los babydoll, los escotes, el kamasutra y la seducción. Si una se duerme en los laureles no puede pretender que el otro se quede ahí, abanicando nuestra absurda seguridad. No, se va a ir, yo me iría. Sin sorpresas yo me aburriría y me iría.

El amor será todo lo que dicen, pero no es gratis.