En una publicidad de chocolate pasa lo siguiente: una pareja nueva (todos, absolutamente todos reconocemos cuando una pareja está empezando, es genético) cenan en un restaurante muy lindo, muy pituco, con velitas y todo eso. Cuando terminan ella dice que le gustó el lugar que eligió, que qué rica la comida y piripipí. Y al costado de la pantalla se ve cómo él va sumando puntos (que, en este caso, se cuentan en cuadrados de chocolate). Mientras las luces de las velas se ennoblecen en el brillo de sus ojos, el muchacho pide la cuenta.
Ella sonrie, mira todo y él, príncipe devenido en sapo, le dice: son 180 pesos, vamos 90 y 90? Vos pediste entrada, pero no importa. Claro, perdió todos los puntos.
La publicidad termina diciendo, a favor del chocolate: Ningún hombre es como un chocolate entero.
Más allá de que no es nuevo esto de que el chocolate supera cualquier cosa, libera feromonas, la dopamina explora senderos maravillosos, tampoco es nuevo (y va el segundo Narcicidio) que los hombres no son perfectos, o 'entero', para usar la terminología del comercial.
Entonces emprecé a revisar, a preguntar. Y me encontré con algunos indicadores de la perfidia masculina.
'Las mujeres los quieren perfectos y no los hay. Lo que pasa es que son todas unas histéricas y no hay poronga que les venga bien!' Acotarán a viva voz izando la bandera de la desdicha en un acto patético de victimización chavista.
La mala noticia es que tienen razón. La otra noticia (hola!) es que la histeria masculina viene arrasando con los estándares clásicos de la moda universal. Y, no vaya a ser cosa de que ocurra un tercer Narcicidio, han preferido denominarlos 'metrosexuales', no sea cosa de mancillar su ego herido adjudicándoles un útero. No me hinchen las pelotas, muchachos, que no las tengo.
En esta época de supuesta igualdad, en que las féminas salen a la calle a demostrar que todo lo pueden, el otro género viene a tomar lo peor de nosotras.
Ya está. Es hora de dejar de colgarse del vapuleado 'no existe el hombre ideal' y por atrás ponerse polleras y puintarse las uñetas como Mike Amigorena porque no me gustaría, sería muy triste que en la peluquería la manicura de al lado le esté haciendo las uñas al que maneja el 93. No no, así no es.
Hemos aceptado con dignidad, o estamos en eso, la gélida realidad de no tener todo lo que quisiéramos y andamos, la verdad, que es una barbaridad. Pero eso no implica que tengamos que esperar que se desocupe el baño más tiempo del que nosotras requerimos. No no.
Hay otra publicidad mucho más piola que dice: Volviendo al hombre a su lugar.
Todo lo demás, dejámelo a mi.
Verdad: 1
Hace 14 años

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