domingo, 29 de marzo de 2009

Ser o no ser...

Una cuestión que nos convoca siempre, que ha estado al menos una vez en la charla dominical de mate entre amigas es si tragar o escupir.
Al respecto, en ese momento crucial pueden pasar dos cosas: Que te avise (A), o que no (B). Si B, entonces tenés todo el derecho de apelar lo que quieras.
El tema está si A. Ahí está el asunto. Ahí se juega la decisión.
Luego de un arduo trabajo de campo, el cual consistía en una escueta encuesta de unas poquitas preguntas, algo así como una mínima entrevista semidirigida en la que obtuve todo tipo de respuestas, desde 'Ni lo menciones, me revuelve el estómago' Hasta el infaltable 'Oh, si, me encanta, mmm... no podría vivir ni un sólo día sin ese elixir de fantasía' mientras se manoseaba, me encontré con que la media se acerca más a la primer respuesta que a la segunda. Y se comprende: sentir ese líquido pálido, tibio, vizcoso y salado bañando la entrada de nuestro delicado tubo digestivo no se encuentra entre los manjares más apetecibles. Una cuota de desconfianza late en mi cuando alguna, con énfasis (siempre es con énfasis) me dice que se relame de solo pensarlo. Una quiere satisfacer hasta el infinito al parteneire de turno y desde ese lugar puedo entender esta preferencia particular. Nuestras abuelas aprendieron a cocinar porque sostenían que el hombre se quedaría contento junto a ellas conquistando su apetito. Hoy la orientación es otra pero la tendencia es la misma: hay que dejarlos contentos... y no está mal, después de todo son artífices de muchas alegrías.
Alguien me dijo que es una cuestión de costo-beneficio. Favor con favor se paga.
Digamoslo así: si no te gusta eso entonces ofrecé otra cosa. No sé, ofrecé las gomas, chichoneale como la Coca y se va a quedar chocho igual, o ponete con el culo mirando al norte, o, en el último de los casos, ofrecé la caripela pero no abras la boca. Se va a quedar, contento se va a quedar, y vos vas a tener lo tuyo, que en definitiva es lo que a una la hace pensar en la posibilidad de dedicarse a esos menesteres. Creo que la pregunta debería ser: 'Tragar o no tragar' en lugar de 'Tragar o escupir'. Hay que ser creativas, no hay tipo que no disfrute con eso, pero si te va a resultar traumático deja de ser divertido y no vas a querer más. Y pierden los dos.
Seamos honestas, sin algo a cambio NINGUNA estaría dispuesta, no ha nacido la mujer que lo haga por puro altruísmo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Flora y fauna

En este maravilloso mundo del sexo existen mitos de todas las formas y colores, igual que en el resto de las areas habituales y habitadas.
Están, por ejemplo, los femeninos y los masculinos.
Dentro de los femeninos está esto de que una debe ser una dama afuera y una recontratrola en la cama. Mito viejo si los hay, mito machista si los hay. No digo que no sea divertido. No no, digo que si a vos no te va el rol de dominatriz, si no te agrada disfrazarte, si te da verguenza o no te sentís en el rol, para qué? pare de sufrir!
O, en la misma línea, que mientras más ágil seas para el salto del tigre o el molinete centrífugo más porotos te vas a sumar en el pais de las maravillas.
Una vez tuve un novio que, viéndome en bombachón de algodón marrón bien anticuado y antialérgico, me dijo: upa, qué sexy! No sé si me explico, yo tenía un arsenal de plumas y lentejuelas en mis cajones, estaba por armar un cuarto de tortura dinamarquesa en la baulera cuando me enteré de que a él le calentaban más que nada las bombachas de mi abuela (o de la suya, que es lo mismo)
A quién no le pasó que escucha a su amiga contar sus aventuras dignas de un capítulo de 'La dimensión desconocida', para volver después a su casa con una frustración considerable porque escuchaste que tuvo una noche salvaje con el doble de riesgo de Brad Pitt, que se tiró del placard de la habitación de al lado, que repasó de memoria el kama sutra y hasta le agregó posiciones, y vos te dislocaste las ultima vertebra cervical haciendo un perrito común y silvestre.
O los mitos masculinos. Está de moda decir o pensar que a los hombres les encanta que les metan un dedito en el ocote, que lo disfrutan, que les explota la pistola de lujuria gracias a una pequeña y nueva actividad. Yo me he ligado una patada en las costillas la única vez que lo hice sin preguntar porque a él no le gustaba, no es que lo consideraba una practica homosexual, no es que se sentía mancillado en su masculinidad. Simplemente no le gustaba, le dolía, le daba mas displacer que otra cosa.
y así se podría hablar ad infinitum. Porque los mitos están, son una suerte de placebo, de religión, de alguna manera nos son necesarios pero guarda que no son otra cosa que creencias y hay que dejarlas caer si algo se quiere mejorar, porque en una relacion en la que hay sexo de por medio, sobre todo si se tiene intenciones de continuarla, son dos, y cada uno viene con un bagaje diferente.
Yo crecí viendo las tangas de mi madre colgando de las canillas del unico baño que había en mi casa. Este chico que mencioné antes probablemente solo tenía acceso al guardarropas de su abuela, y ninguno de los dos está más en lo cierto que el otro.
Hay que hablar, hacer, compartir porque la verdad, ya se sabe, nos hace libres.
Relajen y gocen.

lunes, 23 de marzo de 2009

Lo esencial...

Tiempo atrás, con motivo de su cumpleaños, le regalé a mi hermana un pequeño presente (lo de pequeño no es metafórico): una diminuta tanga de terciopelo negro cuyo reverso estaba hecho de una finísima tira de brillantitos. Una belleza, una cosa maravillosa, un terrible artilugio de la buenaventura de algún enamorado. Yo se lo dí con la certeza de un éxito casi taxativo, y sabiendo además que con ese regalo eran dos los que iban a quedar satisfechos.
Sólo que cuando abrió el paquetito y la desplegó en el aire me dijo: Ni en pedo me pongo esto. Tengo celulitis y tu sobrino no me permite dedicarme a recuperar mi figura.
Lo que ella no entendió, lo que ella no sabía es que cuando la líbido cauteriza la moralina, cuando las ganas de coger te hierven la sangre, la celulitis desaparece, pasas a tener el culo de Jessica Cirio, no hay rollo, sos la Coca Sarli en 'Carne'. Sos la sirenita, la chica de sus sueños, sos todo lo demás. Yo entiendo, yo también vi Tinelli, yo paso por los kioscos y veo a las chicas en tarlipes aireándose sin complejos, yo también ansío tener uno de esos culos aceitados y maravillosos.
Pero cojo igual, y a la hora de los bifes, con o sin celulitis, mientras más incrustado el hilo dental más me parezco a ellas.
Háganme caso, prueben.