lunes, 23 de marzo de 2009

Lo esencial...

Tiempo atrás, con motivo de su cumpleaños, le regalé a mi hermana un pequeño presente (lo de pequeño no es metafórico): una diminuta tanga de terciopelo negro cuyo reverso estaba hecho de una finísima tira de brillantitos. Una belleza, una cosa maravillosa, un terrible artilugio de la buenaventura de algún enamorado. Yo se lo dí con la certeza de un éxito casi taxativo, y sabiendo además que con ese regalo eran dos los que iban a quedar satisfechos.
Sólo que cuando abrió el paquetito y la desplegó en el aire me dijo: Ni en pedo me pongo esto. Tengo celulitis y tu sobrino no me permite dedicarme a recuperar mi figura.
Lo que ella no entendió, lo que ella no sabía es que cuando la líbido cauteriza la moralina, cuando las ganas de coger te hierven la sangre, la celulitis desaparece, pasas a tener el culo de Jessica Cirio, no hay rollo, sos la Coca Sarli en 'Carne'. Sos la sirenita, la chica de sus sueños, sos todo lo demás. Yo entiendo, yo también vi Tinelli, yo paso por los kioscos y veo a las chicas en tarlipes aireándose sin complejos, yo también ansío tener uno de esos culos aceitados y maravillosos.
Pero cojo igual, y a la hora de los bifes, con o sin celulitis, mientras más incrustado el hilo dental más me parezco a ellas.
Háganme caso, prueben.

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