jueves, 11 de febrero de 2010

(in)contingencia

Las mujeres tenemos una cuestión que aún me cuesta descifrar, me genera una gran duda: En qué cubículo de mi biblioteca la ubico? En la parte de novela rosa? En la parte de historia? En el nivel de Psicología? En el de filosofía? El de ficción? Me refiero a la constancia femenina.
Las mujeres solemos ser constantes. Hay una publicidad de desodorantes que me desdice en algún punto y no está tan errada, después volveré sobre ello.

No sé si se trata de la constancia que se sostiene a través del tiempo, lo que sucede es que cuando queremos algo, lo que sea, vamos a romper los huevos de quien tengamos enfrente hasta conseguirlo. Y funciona. No por nada el mercado tiene múltiples ofertas para ellas y no tanto para ellos. No por nada las mujeres tienen 32 pares de sandalias de diversos colores (y siempre lugar para uno más, porque no sabemos qué ponernos) cuando los tipos se arreglan con dos o tres pares de zapatos (uno de zapatillas, unos de verano a veces, uno para el laburo que también usa para los casorios) y un par de ojotas.
Pero la duda se me representa, esto que decia antes de que no llego a descifrar si es virtuoso o detestable ser así, cuando se nos pone enfrente algo que no podemos conseguir.
La publicidad que mencioné, que dice que las mujeres se cansan rápido, es posta: nos cansamos rápido de lo que ya tenemos (somos histéricas, tenemos un agujero que se acomoda a múltiples objetos, no lo olviden), pero nos encajetamos (otra vez el agujero) con lo que no. En eso somos constantes, en eso no paramos. El asunto es cuando lo que tenemos entre cejas es inalcanzable o imposible. Me pueden pueden decir: El objeto es siempre inalcanzable porque nunca es eso lo que queremos. Ma qué pindonga. Se padece terriblemente aunque Freud venga a perjurarme que no era eso.
El caso, el ejemplo que funda el cimiento de este relato es el de los tipos. Ayer hablaba con una conocida (mi trabajo consiste en escuchar) que me contaba que hace dos años y pico que está con un tipo. Que el tipo es un pobre pelotudo (eso lo digo yo) que a ella la saca de las casillas, que le provoca violencia física. Ella es una preciosa cirujana cardiovascular que tuvo una vida tranquila siempre, hermosa, delicada y dedicada, un bambi de las praderas que cumplió su sueño de venirse a Capital desde Misiones para poder realizarse profesionalmente. A sus 26 años conoció a este infeliz, que carga con una mochila que no se va a sacar nunca: una flamante ex mujer y dos hijas pre adolescentes. Y esta sufre como una condenada porque él nunca cede. Encima le pide comprensión. Le dice que entienda que su pobre ex está sola y tirada por su culpa entonces va asiduamente a verla. Y la ex aprovecha, y se pavonea frente a la nueva a través de desopilantes mensajes de texto y bla bla. La historia es harto conocida. El tema es que la cirujana anda cirujeando en este, su novio, que nunca va a salir de ese lugar porque la relación, ahora, implica a tres personas, por mas que le revuelva la basura no va a encontrar más que eso: basura. Y la única que le queda es irse... pero se queda. Y sufre, y repite y se llena de ira que salpica todos los ámbitos de su vida.
- Imaginate! - me dice - no puedo operar a nadie en estas circunstancias. Lo puedo matar!
Y tiene razón. Y acá es donde pienso que la constancia puede ser dañina como una araña pollito. Desvirtúa, crece, se hace un cayo y siempre, sin ninguna excepción, duele.
Lo único que se me ocurrió decirle es que raje, que se vaya de ahí, ahora, ya mismo!
- No puedo... - me dijo, mirandome a los ojos
Y la entendí.
- Ya sé, pero yo te ayudo - le terminé de decir.
Algunas, las que han andado por ahí, me van a entender.
Para terminar con humor, la moraleja:
'Es al pedo repujar cuando la poronga es chica''.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Podés decirnos lo que quieras por aca: