viernes, 22 de mayo de 2009

Y vos?

Ayer M. dijo:
La semana pasada dejé a mi marido. Lo dejé porque ya no me calentaba más. No me daban ganas de coger, no quería que me tocara. No pasaba nada. Y antes de bajarme a otro preferí abrirme. Ahora me da cosita. Imaginate que tenía todo un proyecto de vida con él, pero bueno.
P. dijo: yo hace 15 años que estoy casada. Y hace 12 que estamos haciendo terapia de pareja porque a mi no me gusta coger, no hay caso. Hace 4 años que no hacemos nada. Pero bueno, seguimos juntos.
Un tercero, en el mismo grupo, dijo:
No me digas, yo estuve casado 20 años con C. Nos casamos muy pendejos, nos casamos casi vírgenes. Resulta que después de casarnos ella me dijo que no insistiera porque si quería mojarla ella no era la indicada. De coger ni hablar. Yo seguía con ella porque la amaba y me mataba a pajas hasta que me cansé y sali a buscar afuera lo que me faltaba en casa. Le di a troche y moche.
Una noche cualquiera C. me dijo que no quería seguir más, que se iba. Agarró sus cosas y se fue.
Qué les cuento que al año siguiente me entero que sale con alguien y que le da a la matraca por los 20 años que no mojó ni el pan en la salsa.
Las tres historias eran diferentes pero rondaban sobre lo mismo.
Particularmente creo que es una costrucción, que el sexo en otra contrucción más. Somos seres complejos los humanos. Entonces le encontramos pelos a la gaviota.
Y solemos confundir el maíz con el pororó.
El amor requiere del sexo, eso lo sabemos todos y no es tema de discusión. Pero hay que ayudarlo un poco. M tiene 23 años. Se casó demasiado joven, pero tambien le dio poco tiempo, no germinó, no se animó a ver de qué color era la flor que iba a venir. A veces está bueno tomarse el tiempo, resistir un poco la tentación porque las crisis nos llegan a todos y vale la pena probar, sobre todo si pusiste toda la carne al asador ante un altar. Pero tampoco deberían ser 15 años. Porque ahí nos estamos mandando la parte. Yo entiendo que dé miedo, que despues de tanto tiempo y planes dar un paso al costado te hace fruncir el tujes pero, si no queres terminar como el pobre pelotudo, el ex marido de C, hay que hacer de tripa corazón y largar el fardo.
El dolor a largo plazo es la trinchera de los cobardes, sobre todo porque saben que saliendo a recibir la balas es mucho más probable que salgan victoriosos. Ni ilesos ni sin cicatrices, pero si vivos y victoriosos.
Nuevamente, no nos hagamos los sotas.

sábado, 9 de mayo de 2009

Soldado que huye ¿sirve para otra guerra?

Se dice que en el amor y en la guerra todo vale.
No adhiero del todo, pero sí me parece que tienen similitudes.
Por ejemplo, el amor es un campo de batalla.
Si me pongo a hablar del amor podría ocupar más tiempo y espacio del que dispongo, así que me voy a circunscribir al área de interés que nos convoca: el sexo.
Y como el sexo es parte (necesaria) del amor de pareja, la regla se extiende, abarca este punto en todo su esplendor.
En una batalla tenemos los diferentes personajes. Está el aguerrido, aquel que toma al toro por las astas y va al frente como trompada. Es el líder nato, el que se hace jirones el uniforme si hay que hacerle un torniquete al compañero. Haciendo el correspondiente traslado al catre, nuestro Rambo es aquel, o aquella, que se mueve como pez en el agua, que te sarandea y te da vuelta como una media y te deja exahusta. Es aquel que sabe hacer el molinete espacial y quedar magnífico, es con el que no te enredás a la hora del cambio de posición porque la tiene clara. Lo sabe, estuvo en mil batallas.
Está el general, el que da las órdenes para que los demás las cumplan. Es útil, es necesario porque es el que está pensando el cómo, es el que ve la fotografía completa. También se embarra, también arremete, pero es el que da las órdenes desde un escritorio la mayoría de las veces. Nuestro Napoleón sería aquel que te dice: ahora chupámela como vos sabés (y una va, no? quién no se encontró alguna vez obedeciendo)
Tenemos también al último escalafón, el que está ahí, el que se pierde en la multitud y quizá hasta da la vida por la batalla. Es el que muere en el campo y si sobrevive lo hace sin pena ni gloria. Nuestro soldado raso es ese del que no te acordás el nombre, que viste alguna vez pero que decidiste no llamar más porque no es que no te gustó, es que fue tan tibio que para lo único que sirve es para mantener encendida, en tu agenda, la llamita en nombre del soldado universal. Es una pena.
Del que sí te acordás porque no te gustó, y no te gustó porque en realidad te encantó y te dejó caliente en ytodas sus formas, es el enemigo. Es el que viene, te da pelea, te hace tener miedo a veces, sentirte valiente otras, hace que pienses estrategias que nunca implementas porque se te viene encima, te apunta y te dispara y ahí sos vos, para él, el soldado raso que pelea para no serlo. El fucking enemigo. Pero te hace ver las estrellas, convengamos.
Está el estratega. El que piensa cómo, cuando, por dónde. El que conoce las artes porque las viene estudiando, hace el laburo fino, observa. Ese es el que te tiene en vilo. Ojo, no confundir con el enemigo, porque el enemigo es el que no llama de nuevo, pero el estratega es el que llama en el momento justo, cuando ya te quemó la marula y te tiene ahí, al horno, cosa de que cuando estés lista, jugosa y doradita te parta en cuarentamil pedazos y hasta vos lo disfrutes. Es un partener complejo pero, particularmente, es el mejor de todos. El estratega es adictivo.
Está también el corresponsal de guerra, ese que da las noticias a los interesados. Es el reportero que lleva las novedades, da los detalles, cuenta y, la mayoría de las veces (está históricamente comprobado) fabula. Es ese que cuando te lleva a una reunión ves cómo los amigos no paran de mirarte las gomas con fervor, cuchichear, darse miradas, señas, caras... porque sí, porque saben hasta el color de la tanga que te pusiste aquella vez, cuando no eras nada para tu chongo. Y, como este pelotudo anduvo agrandándose la pija para no ser menos, vos quedás como el gato pornográfico que tiene las habilidades que todos ahí fantasean. Y sí, la decisión es tuya.
Y así podemos seguir con la lista, que llegaría hasta el infinito. Pero el punto es que puedas identificarte para poder salir vencedor. Depende de cuál sea tu rango vas a encontrar a tu mejor contrincante. La idea es que no mueras en el intento porque coger es divertido, no definitivo.
No nos olvidemos que los muertos también son una parte de la batalla.

viernes, 1 de mayo de 2009

Narciso

Una amiga vino a contarme su primera cita con un chico que le gustaba.
Parece que finalmente el pibe, 'un gilún medio dormeta al que le perdoné la vida (fueron sus palabras bajo la influencia de la indignación), que después de un mes de calentarme el marote se decidió a invitarme a salir. Imaginate - continuó - son esos tipos que te gustan de una, de los cuales te imaginas, porque los incluíste en tu más mugrienta fantasía, que te van a coger como nunca te cogieron y que sólo por eso le perdonás la vida si te boludean durante un mes. Un mes! un mes me banqué que me mandara mails pelotudos hablándome de no se qué carajo, porque ya no me acuerdo, sin invitarme ni a la esquina. Cuando finalmente pasó yo me fui a hacer pelo y barba, me puse la lencería hot, me perfumé, todo, imaginate. La salida estuvo bien, recreativa, muy normal. Qué me importaba si total después... Tuve que decirle yo que no, que otro vino no pidiera y que nos fueramos a 'otro lado'. Entendió y yo entré a relamerme, ya estaba en la recta final. Fuimos a un telo, entramos a la habitación y yo entré a desplegar mis habilidades gatunas. Me le tiré encima, le dije cosas irrepetibles, le arranqué la ropa y yo también y me le tiré encima. No daba más. Y el pibe no...
- Qué, no se le paró? - pregunté.
- No, sí, sí, se le paró, garchamos un rato y después nos fuimos. Pero estaba raro. Parecía incómodo. Estaba torpe.
- No te gustó entonces? -
- Sí, yo que sé. Estuvo bien, recreativo, muy normal.
- Ah...
- No me volvió a llamar... Los tipos al final son todos iguales. Una se esmera, hace todo lo que les gusta y se comportan como unos salames.
Este es un lindo ejemplo. Escucho más de lo quisiera que 'todos los tipos son iguales' o que 'cada vez están más histéricos o más aputazados' Yo sé que algunos Mikes Amigorenas salen con polleras y usan maquillage, pero son los menos. Estamos fallando, me parece, en otra cosa: somos egocéntricas, somos narcisistas. Hemos luchado y roto los quinotos para que se reconozca la igualdad entre los géneros pero a la hora de los bifes actuamos a desmedro, a puro desmedro, de todo eso. A las mujeres les gusta, lo recalaman todo el tiempo, el trabajo fino: que el juego previo sea largo y generoso, que el sexo sea salvaje pero cálido, que se tomen el tiempo porque NO TODAS SOMOS IGUALES. Es una pena que no practiquemos con el ejemplo.
Mi amiga nunca reparó que el pibe que tanto le gustaba en realidad prefería otra manera, nunca tampoco dedicó un minuto a preguntarse qué le gustaría. Fue, nomás, con el manual de la vieja escuela abajo del brazo y habiéndose aprendido la coreo de Demi Moore, reclamando pericia y acusándolo de no tenerla cuando su principal obstáculo fue ella. No se interesó, no reparó en él. No supo cómo hacer y reclamó, como solemos hacer (Dios me perdone) todas nosotras.
Saquémonos las anteojeras mujeres, nademos en la diversidad porque, bien lo dice el dicho, en la variedad está la diveresión.