Todos conocemos el cuento de la Cenicienta.
Un príncipe busca a su bienamada doncella (eso creemos) sólo por los zapatos. Perdón, por un zapato imposible: de cristal, de taco alto, número 32, frágil, impoluto, brillante, etc. Fue por toda la aldea poniéndole el calzado a todas las damas del pueblo hasta que dio con la mina, palo y a la bolsa, casamiento, perdices y todos contentos.
Ayer una amiga, llamémosla Dora, me contaba sus peripecias con el otro sexo y no pude evitar hacer el parangón. ‘Yo soy una mina difícil’ aclaró por las dudas de que no me diera cuenta. Siempre hay un detalle, uno solito, que me caga por completo el asunto – prosiguió. Me contaba que en una ocasión había un señor que le arrastraba el ala, que se la conversaba diría mi abuela. Todo muy bien, todo muy lindo, pero usaba unos zapatos tan pero tan terribles que se indignaba. No lo podía tolerar, se brotaba. Unos botines tremendos que le daban el descolorido aspecto de un chico formal y cortés. 'Mirá que probé, eh? Salí, comíamos juntos, charlábamos... pero esos zapatos eran una bomba atómica a mi fuerza de voluntad' se lamentaba. Hasta que una vez, enmarcados en una situación particular tuvo la oportunidad (suerte o desgracia) de conocerlo sin los zapatos y se quiso matar. Le encantó, pero justo juuuusto (casualidad del destino) este viene y se va con otra que si no le andaba, por lo menos le iba.
Entonces, tragado el sapo (aunque no digerido), sale hacia otros rumbos y se encuentra una alternativa que podría solucionar al menos temporalmente el asunto. Chichoneo va, chichoneo viene, finalmente se generó el encuentro con el suplente y, a la hora pactada, Dora bajó a abrir la puerta. Una, de más está decirlo, empieza a disfrutar de la cita unas cuantas horas antes. Fantaseamos, degustamos, nos imaginamos unos finales increíbles mientras nos hacemos la beauty, nos emperifollamos y piripipí. Nos ponemos festivas, bah. En fin, le abre la puerta y empieza a mirarlo, le va haciendo un escaneo de la cabeza a los pies y cuando llegó al cuarto inferior de este pobre pibe, mamadera! Se encontró con dos botinetas de astronauta color blanco Cif, acercándose hacia ella de manera inexorable y, como en una película de Hitchcock (recuerden la cara de Janet Leigh en Psicosis, la escena de la ducha) la libido se le fue a la remierrrda.
Para esto me hice la tira de cola? – dijo – Cómo remonto esto?
Gracias al cielo las mujeres estamos preparadas para todo y de algún botiquín de primeros auxilios rescató una película tipo ‘Ocean eleven’ llena de tipos que están para matarlos y una trama más o menos entretenida.
Finalizada la película y escondidas las zapatillas algo se pudo hacer cosa de no perder la noche. Aún, me cuenta, se despierta tras violentos sueños de angustia y duerme con la luz del baño prendida.
Pero como ella es fuerte y valiente se sobrepuso sin demasiadas complicaciones y decidió ir de vacaciones a algún lugar lejos. Y allá por donde Judas perdió el poncho se encontró con una suerte de Catriel (el Catriel de Laport), uno de esos que no te dejan opción y cuando te das cuenta te ensartan como churrasco’e croto. Y Dora perdió la noción del frío y la distancia en algún deposito de vaya a saber uno donde, ni importa, y en varios lugares más. ‘Ahora seee – dijo, muy sutil, whisky en mano – esto era, para esto me hice la tera de cola!
Luego de sus calurosas vacaciones de invierno decidieron continuar sus encuentros, pero el clima de la Capital es tan húmedo que pudre hasta la fruta de la pasión. El susodicho le mandó un mensaje de texto: ‘qué ases hoy? queré que baya?’.
Una mierda, qué frustración. ‘En qué fallé?- se lamentaba – ‘nunca, pero nunca más me hago tira de cola’. (Transcribo una breve conversación que no tiene desperdicio:
- Boluda, me quiero matar, se come las eses!
- Cómo que se come las heces???!!!
- No gansa, las ESES.
- Ah, me asustaste.
- Si... no sé qué es peor...)
Ya está, next!
Y vino Next. Y Next se parece a una de esas fuentes tragicómicas en las que el agua danzante y cristalina sale graciosamente del pitulin de un niñito rollizo y con cara de inocente. Las miradas, por su puesto, van al miembrito del pobre ángel.
Pero Next no tenía un pitulín, un miembrito, tenía un señor pitulón, un salchichón primavera de esos que te dejan hablando boludeces por tres días (Si podés, porque el maxilar inferior se contracturó, si es que no se te cayó). Una cosa impresionante.
El tema es que más allá de ESO no encontraba nada. Tan seguro estaba él de sus atributos (uf!) que para qué laburar? ‘Para qué complicar lo simple?' Decía, mientras la invitaba a coger salteando cualquier posta romántica que oficiara de obstáculo.
Y yo voy, no? De más está decirlo. Pero después me siento... no sé, vacía?
Más allá de eso hoy se debate en un dilema ético que le quita el sueño: El vacío o la manija? La bolsa o la vida?
Entonces, en mi cuento no se trata de un zapato chiquitito, frágil e imposible, (porque esta cenicienta cuenta con una fila de príncipes que esperan su turno estileto en mano) sino de que no hay príncipe que le venga bien.
Si Dora estuviera en el mítico diván de Sigmundo seguramente tendría adormecidos los pies, o una tortícolis que la hubiera dejado mirando para un solo lado impidiéndole ver la fotografía completa. Porque, igual que con tortícolis, ver más allá a veces incomoda porque ver más allá implica meterse en el terreno de lo desconocido.
Dicen que vale más malo conocido que bueno por conocer... sólo que nadie recuerda que todos los chascos una se los lleva, justamente, en lo conocido.
Dar lugar a lo desconocido nos hace laburar, enfrenta con el miedo, generalmente angustia porque es ceder el control.
Y ceder es engorroso, pero es el único acto verdadero de amor.
Verdad: 1
Hace 14 años

No se por què la historia de Dora me suena muy familiar!! Serà una cuestiòn personal o una cuestiòn de gènero? Serà que por màs que llegue el prìncipe perfecto a buscarnos siempre nos encargamos de convertirlos en sapos. ¿Resultarà que nuestras madres y abuelas (por piedad o por crueldad) se encargaron de contarnos el cuento al revès????!!!!! Laura
ResponderEliminarVamos chicas Ustedes saben bien que la frase se resume en un NO HAY PORONGA QUE LES VENGA BIEN!!! por que tantas vueltas, yo me esmero, hasta le saco brillo a las botas, trato de no comerme la eses pero igual no hay caso, no me dan oportunidad. No puedo creer que todo lo que se, lo que trabajo, lo que vivi, lo que aprendi, lo que practico todo lo que soy se empañe en una cita por el chalequito que tengo de cábala.
ResponderEliminarLaura, estimadisima, no le eches la culpa a tu madre, tu abuela, la histeria y la mar en coche. Es como dice el Flaco.
ResponderEliminarFlaco, no le eches la culpa a las chicas. Yo diría que es hora de cambiar el artilugio y de que te pongas una cábala con más onda.
Leyendo y releyendo el caso descubri que como todas las mujeres tengo un temita con el calzado... el propio y el de los hombres (pocos) que me rondan... y me surgiò una pregunta urgente... què significa no recordar que zapatos calza un hombre? Seguramente si Sigmund estuviera al frente de este blog tendrìa una explicaciòn para mi lapsus... La situaciòn es la siguiente... El otro dìa me encontrè con un amigo/amante para recuperar una pertenencia que habìa dejado olvidada en su casa. Tal como me lo habìa prometido no sucumbì a sus enormes encantos y me comporte como una señorita. Cuando me volvia a casa con la satisfacciòn de haber recuperado una parte de mi dignidad intentè recordar què zapatos tenìa puestos... Y sorpresa!!! por mucho que intentè no logrè visualizarlos... esto debe tener algùn sentido... Por favor ayudenme... desde ese dìa sueño con pies descalzos y me despierto aterrorizada!
ResponderEliminarSegún dicen los que saben, el mecanismo de la histeria es mantener el deseo insatisfecho. O sea, seguir deseando hasta el infinito. Para lograr el cometido estas hermosuras van castrando (o sea, le van buscando el error, la falta o el mal gusto) al otro.
ResponderEliminarEntonces, estimada anónima aterrorizada, el motivo del descuido de los miembros inferiores (me refiero a los pies, no sea malpensada) fue, supongo, resultado de su promesa de mantener la dignidad intacta (en mi pueblo le dicen diferente, pero se entiende igual). Como soy divina pero no adivina no puedo asegurarlo, pero me arriesgo a suponer que si su promesa hubiera sido otra el resultado hubiera sido diferente. Y en lugar de terror sentiría frustración.
Usted sabrá.