Me introduzco en este turbio tema anteponiendo humildemente que yo no tengo por qué tener la verdad, y/o decirla. Por lo general ando navegando entre divagues trascendentales que nada tiene que ver con la regla general. En todos los caso, hablo por experiencia, propia o ajena, pero experiencia al fin.
Dicho esto, lavando mis manos ante posibles vituperios contra mi persona, o reclamos sin fundamento (yo no doy ni consejos ni órdenes, solo describo) prosigo.
El título no es en vano. Sin ánimo de explayarme como un imprecedente DSM1000 dedicado a cuestiones de género, me veo en la obligación, por respeto a mis congéneres, de exponer la conclusión a la que he llegado luego de, como Odiseo, navegar por mares sin horizontes y llenos, llenísimos, de espejitos de colores.
Procedo diciendo, por ejemplo, que debería una huir cuando viene un tipo y de buenas a primera te dora la píldora exageradamente. Lo que en el barrio se dice salamero, el que chorrea grasa.
Si hubiera posibilidad de una transcripción sería algo así:
- El: te he pasado a buscar en mi auto deportivo modelo añoqueviene, marca importada, para llevarte al mejor lugar cerca del rio, allí donde uno, prestando atención, puede oír el cántico de las sirenas que volverían loco a cualquiera. Pero ¡oh! si es tu voz la que me llega desde los confines del paraíso al cual convocó Beatricce al dolorido Dante.
- Ella: mmm si, claro... (con la boca torcida)
- Él: estás hermosa, sos una mujer divina, la mejor de todas, te veo como... como la madre de mis hijos.
- Ella: Mmm
- El: ey, a dónde vas? Esperá que no...
Andate. Bajate del auto y rajá de ahí.
Otro prototipo: El bueno.
Es ese que cuando te preguntan por qué (alguien o vos misma) estás con él y seguis probando estar allí aunque irse juntos a la cama te resuene como las cuchillas de Freddie Crugger, no sabés que responder. Ese que no te mueve un ápice de interés en ir a depilarte la entrepierna, que funciona como insecticida a todas las mariposas en tu estómago, pero que es táaan bueno que dejarlo sería un comodicidio. Es como dejar ese laburo que no te da un choto de satisfacción más allá del sueldo (superior al promedio) y la seguridad de que no te van a echar, porque está tan dura la calle... pero que cada vez que suena el despertador para ir sentís que el corazón te late cada vez más lentamente. De nuevo, huí. Si hace falta entrenamiento, laburo fino o ayuda, intentalo. Pero huí porque es verdad, el corazón se achica y lo peor es que después le sigue la cabeza.
El otro es su antítesis: el jodido, el que te enciende toda, hace que se te moje hasta el elástico de la bombacha, te babees y pierdas el apetito. Y el lo sabe! Porque ha arrancado cuanto suspiro se le haya presentado. Es un cazador, es un tipo digno de la publicidad misógina de Axe. Es ese. No va a ceder nunca, olvídalo. Nunca va a hacer algo para que vos consideres que quizá un día esté interesado en vos. Jamás. Y el día que lo haga, el día que se rinda a tus pies seguramente deje de ser el jodido y cambie de categoría y vos te aburras (yegua). Están destinados al fracaso.
Otro más? El entregado. Se parece al bueno. Te mira como si fueras una esfinge que todo lo sabe levantando las cejitas cuando vos decís algo, aunque más no sea que te gusta comer remolachas con huevo duro, o que sandía con vino es la muerte. Y asiente, claro que sí, porque vos acabas de dar en la tecla, dijiste algo que podría cambiar el eje de la rotación de la tierra. Estás en los anales de su pasado y presente glorioso. Pero él mismo ha dejado de tener pasión por cualquier cosa porque vos estás ahí ocupando un lugar tan grande, tan impresionantemente importante que el mundo se termina donde vos hayas decidido cortarte el pelo. Y te vas a aburrir como un hongo porque cuando a vos se te pase la fascinación por esta especie de poder sobre tu mascota nueva, vas a querer matarte cuando te pregunte qué querés que se ponga para salir a comer mañana. Next.
Otro posible es el imposible. Se parece al jodido pero no es un guacho pistola, no no, simplemente es narcisista, es tan egocéntrico que no te va a hacer lugar en ningún lado. Otra variante de esta categoría no tiene que ver con el narcisismo sino con el miedo. Cuando una persona (ojo, de cualquier género) le teme tanto al cambio que mover una pieza le genera un laburo insoportable (salvo que vos seas una de esas personas y Alcoyana Alcoyana! van a ser novios adolescentes ad infinitum pero tranquilos los dos), te vas a tener que correr porque cuando vos pretendas algo diferente a lo que ya para esa altura tantos años vienen teniendo te vas a encontrar con que es imposible. Y no es de mal pibe, se trata en este caso de una imposibilidad. No puede y punto. Andate, en este caso, sin rencores. Pueden ser amigos, coger de vez en cuando y todo.
Otro más es el correcto. Este es proveedor, es casi nutricio. Va a prever que no te falte nada: comida, artículos de limpieza, ropa, belleza, calor, comodidad, transporte, etc. Vos vas a estar tan contenta al principo... porque vas a renovar tu guardarropas, capaz que hasta te haces un par de viajes, te blanqueas los dientes, haces la dieta en Figurella y vas a pilates cerca de tu casa. Todo eso. Salvo que un día te vas a dar cuenta de que sos Rapunzel y, lo peor de todo es que no tenes el pelo lo suficientemente largo como para que alguien pueda venir a rescatarte. Todo eso que te dio, mamita, no era gratis, y ahora te encontrás con que le debés muchísimo (se encargó de pasarte la factura a esa altura) y te queres ir a la mierda pero te pesa la culpa, la deuda moral. Con ropa nueva, pero te querés matar.
Uno más es El perfectoide. Ese te trata bien, vos ves al principio que anda de mil maravillas, que es bueno, que se preocupa por vos y te llama, te pasa a buscar. Es impecable. Es fácil. Te trata bien, como una reina. Y vos te sumergís en una vorágine de tantas cosas que cuando te querés dar cuenta pasaron dos semanas desde que le diste el teléfono y ya conocés al padre, a la madre, a los hermanos, los amigos, fuiste al casamiento del primo y bailaste el bals hasta con el perro embalsamado del abuelo y te sacaste fotos con las amigas de la novia de la cual aun no sabes el nombre. Te pusiste en la fila para sacarte el ramo y saltaste. Luego te quedaste el sábado a la noche cuidándole el sobrino viendo Backiardigans por la tele. Lo peor de todo es que no tenés la más puta idea de cómo llegaste ahí, pero estas en el baile y estas bailando como si supieras. No sé si es a drede o no, pero es una estrategia maravillosa para que no te detengas a pensar ni un segundo en lo que estás haciendo. Y el último, el mamero, del que tenés que huir sin preguntártelo siquiera es el que llama a su madre todos los santos días de Dios, que la llama, peor, tres o cuatro veces al día para contarle que se le enganchó el pantalón en una rama cuando se fue a comprar el sambuche a la esquina que, por cierto, no es ni será jamás como el que hace ella. Y que luego de verla en la comida semanal en la casa de mamuchi llega a su casa y lo primero que hace con desesperación es llamarla para contarle andá a saber qué carajo pasó en esos 15’ que pasaron entre que se fue de su mesa y llegó a su puerta.
En fin, podría seguir, podría seguir cualquiera que lea esto y opine, todas (y todos) tenemos algo para agregar.
La triste verdad es que ninguno está exento de todo. Ninguno está completamente fuera de alguna de estas categorias (y las otras que no he mencionado).
Se trata siempre de saber buscarlo, nadie es perfecto y para eso existe el perdón. En definitiva, el único acto de amor consiste en ceder, tambien en eso consiste la única manera.
O sea, hay esperanza.
Más allá de eso, siempre, siempre se trata de buenas y malas combinaciones.
Hubo uno que dijo alguna vez:
Cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa. En otros, el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza.
Verdad: 1
Hace 14 años

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