miércoles, 14 de abril de 2010

Ser o no ser.

Vi una película, una muy femenina, es decir, muy para mujeres.
Las protagonistas eran 4 o 5 que, entrelazando historias van contando cómo atraviesan sus obstáculos en lo que respecta a sus relaciones de pareja.
Todas tenían modalidades distintas, todas iban transitándolas a su manera.
Y yo, glotona, me vi identificada en todas, absolutamente todas las mujeres que alli se desenvolvían, pasé por esas experiencias en algún momento de mi vida. Pero no era eso lo que quería decir.
Hubo algo que me quedó incrustado en la cabeza como una estaca, y como tal, me dolío y aun la retengo (finalmente, como dice una amiga, todo giraba alrededor del amor)
Una de ellas, la más 'sufrida' al principio fue la que manifestó su teoría en actos y en palabras.
Ella finalmente descubrió que existen reglas y excepciones, y estas categorías son necesarias y excluyentes. O sea, al decir de Sartre, no se puede quedar fuera de alguna, ni se puede estar, al decir de ella, en las dos al mismo tiempo (eso es lógico)
Decía que todas nos consideramos la excepción cuando en realidad la mayoría somos la regla, la triste y mediocre regla. Y ahí me fui en recuerdos. Me acordé de cómo lloraba cuando mi primer noviecito de los quince me pegó una patada en el culo y me sacó del que en aquel momento era, para mi, el paraíso (recuerden que a esa edad una sufre por amor como nunca en su vida va a volver a sufrir) y alguien se sentó al lado mio, en una de mis diarias crisis de llanto, y me dijo: seguramente es un tiempo, y va a volver. Vas a ver que sí.... Y no asomó la napia ni de casualidad.
O en otra vuelta, una amiga se volvió a juntar con uno que habia sido su novio durante varios años, y claramente el indiscutible, luego de un lapso de cuatro y varias cuestiones en el diome, una esperanza resucitó cuando rememoré la propia, mi historia y esperé sin llegar a ningún puerto (es más, fue un patético naufragio) que me sucediera algo parecido...
Tambien recordé historias ajenas (aunque todos los hombres son el hombre)en las que llegado el cuento a los oídos interesados y necesitados volvían a arremeter contra el duro frontón del fracaso. Y obviamente salían heridas.
(La que espera que el tipo se divorcie de su ex mujer, o que el amante la deje, lo que es peor, la que espera que cambie, y así, ad infinitum)
Qué lo parió! - dije, como iluminándome de una vez y para siempre e irreversiblemente - soy la fucking regla!
Y sí, pasa siempre. Todas nos enganchamos en el tren de la alegría de otra persona, de la que tuvo el final feliz que hubiéramos querido para nosotras, y todas recurrimos a la respuesta que queremos escuchar, todas indefectiblemente nos ferramos a la idea de que a nosotros nos puede pasar lo mismo...
Esa noche no me pude dormir. Esa noche fue desesperanzadora. La película continuó. Era una producción norteamericana y como tal ofrecían el final feliz contradiciendo la teoría expuesta antes por la más desdichada de todas: todas ellas allí fueron la excepción.
Y sin embargo al otro día, cuando me detuve a releer mi triste reflexión, alguna grieta se me abrió y comprendí. Finalmente creo que se trata de una decisión ser o no la fucking regla. Solamente se trata de atravesar con valentía lo que nos ha tocado en suerte. O en desgracia. Solamente aquel que no puede soltar las amarras de un pasado glorioso, solamente quien no se anime a pispear lo que viene después o si mplemente lo que viene será, lamentablemente, la regla.
La película en cuestión es 'Simplemente no te quiere' y la recomiendo para un viernes, nunca un domingo lluvioso, nunca sola. Pero la recomiendo.

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