Una de nuestras oyentes, Marcela, nos escribe:
“Tuve una relación que terminó hace un mes. Como siempre, ha debido terminar antes, pero bueno, siempre es igual.
Fueron 3 años juntos, y ha tenido varios quiebres. Al principio era yo la que comandaba todo. Él se presentaba rendido a mis pies, muerto de amor y a mí me daba una gran ventaja. Hacía y deshacía a mi antojo. Luego se dio vuelta la tortilla cuando la que quedó en desventaja fui yo, y ahí las cosas empezaron a ser caóticas. Hubo situaciones que no quiero recordar, situaciones de abuso que no tengo que olvidar (no me refiero al abuso sexual, claro, me refiero al otro, al peor), manejos, contestaciones, reproches.
Yo siempre sentía que no era suficiente, que cualquier cosa que yo hiciera, cualquiera, no iba a alcanzar. Después empezaron a hacerse explícitas en algunas caras, algunas respuestas (del tipo: ‘se ve que ya no me importás tanto’, o ‘Yo doy todo y vos...’, o la lisa y llana ’me das vergüenza’), actitudes. Hasta que un día me dijo que me vaya, que consideraba que si yo seguía así (se refería a mis horarios de trabajo, soy enfermera) no iba a poder ser. Fue más larga la discusión, yo me quise quedar, pero sostenía su postura entonces me fui. (Estaba en su casa, como siempre)
Luego empezó el quilombo. En el transcurso de dos días pasó de proponerme una vida juntos a anoticiarme de mi muerte, para luego arremeter con el plan anterior.
-‘Pero vos me dijiste que me fuera’
-‘Pero yo digo una cosa queriendo decir otra’
Un buen día, pasada la bronca (la mía) nos juntamos a hablar. Yo estaba dispuesta a pedirle mis cosas que quedaron en su casa, a mandarlo a la concha de su madre si hacia falta, a batallar con la frente alta. Finalmente había podido ver qué cosas habían pasado. Pero él se presentó diferente, me dijo que me pedía disculpas, que empezó terapia y que había visto sus errores, que era la mujer de su vida y que no me quería perder, que por eso me pedía disculpas, que me tome libremente el tiempo que necesito, que lo entiende. Que tiene planeado una vida mejor para nosotros, que admira mi vocación y mi voluntad de trabajo, que soy yo.
- 'No te pido una respuesta, solamente te pido disculpas'.
Ahí fue que me estalló la cabeza, hasta ese día yo había tomado una decisión, ahora no sé.
Marcela.
Creo haber oído esta historia en muchas ocasiones. Lamento decirte que a esta altura no hay un cambio posible, no con vos.
Andá sabiendo que la cabeza te estalló porque tenés miedo de la decisión que tomaste, porque buscaste la excusa que fuera para dudar de eso. Te digo lo que va a pasar si volvés: vas a tener una pequeña luna de miel, un encuentro cercano en donde por unos 10 días van a chocar los planetas en cada ambiente de su casa (va a volver a ser la de él, más bien), luego se van a ir dando las cuestiones anteriores porque la escencia no se pierde nunca, no hay terapia que pueda erradicar eso (Y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño...). No es una mala persona, vos tampoco, se trata de una pésima combinación. Lamentablemente este tipo de relaciones empobrece, tanto empobrece que una termina pensando que no es merecedora más que de eso. Te dejaste abusar, vos estuviste ahí para arremeter contra cada demanda cuando sabías en el fondo que para él no hay poronga que venga bien. Y vos estabas ahí haciendo malabares para que te acepte, para ser suficiente por una vez. Si volvés, después de esta luna de miel, van a empezar los reproches nuevamente. Te va a pasar factura porque lo dejaste, va a empezar a decirte que tu trabajo los separa, que por algo será que ya no le interesás tanto. Te suena?
Ahora bien, Ya le dimos al hombre, pero vos no sos inocente. Vos estás ahí por algo, no sos una víctima. Vos te deslizaste plácidamente por ese rol. No te quiero hacer sentir peor, pero vos sacas algún beneficio de todo esto y no tiene que ver en absoluto con el amor. No digo que no lo haya, simplemente que a ustedes no los une el amor, sino el espanto.
Y te estalló la bocha cuando te encontraste conmovida en ese lugar, fuiste a pelear la batalla de siempre y él te puso la banderita blanca arriba de la mesa, desenfundó antes que vos y te dio entre los ojos.
Me parece que es momento de que hagas algo distinto, de que dejes de repetirte y te hagas cargo de lo que te toca. Hoy no es posible hacer con él algo diferente a lo que venías haciendo (y resalto hoy porque hoy son esto, mañana no sé). Es cuestión de animarse.
Espero que seas lo suficientemente libre como para elegir otro camino.
Verdad: 1
Hace 14 años

el "eterno retorno" de Firederich aplicado a la vida cotidiana. Y si, a veces nos repetimos porque la vida es el único maestro que nos enseña la lección hasta que finalmente la aprendemos.
ResponderEliminarsuerte para ella!