sábado, 12 de diciembre de 2009

Encuentros cercanos del tercer tipo

Hace unos años yo tenía un amigo* que tenía una fantasía con una amiga mia. Mi amigo era bien dotado (muy, parecía un caballo), muy generoso, muy desenvuelto. Nos juntábamos cuando a alguno se le cantaba, nos pegabamos unas cuantas revolcadas, comíamos unas empanadas, una pizza, tomabamos algún que otro vino y luego taza taza, cada uno a su casa. Era maravilloso, no había problemas, lo pasabamos muy bien dentro y afuera del ring. Eramos un dúo dinámico. Un violín.
Decía que tenía mi amigo una fantasía con mi amiga. Y ahi había tela para cortar: la señorita en cuestión era una turbina. Parecía un animé, una creación de Manara, la mejor. Y claro, cuando mi amigo la veía conmigo se le disparaban todos los ratones juntos.
Un día yo me puse a noviar y dejé de frecuentarlo. Igual manteníamos el contacto porque había buena onda. (Y también por si acaso, para qué mentir)
Una tarde cualquiera me encuentro a B (mi amiga en cuestión) y nos pusimos a charlar. Le empecé a contar de mi amigo y del provecho que yo le sacaba a sus fantasías con ella.
Yo: Ay B, no sabés lo útil que me has sido... Te acordás de mi amigo no? De *? Bueno, resulta que está con que te quiere partir en 32 pedazos, y cada vez que nos veíamos hablabamos de eso y surtía un efecto maravilloso.
B: Ah si? contame.
Yo: uf, de solo pensarlo me acaloro. Tiene una tararira que no se puede creer. Cada vez que nos encontrábamos se llenaba el lugar de fantasía y reviente. Nos dábamos a troche y moche amor del bueno, toda la noche. El pibe me hacía transpirar de todos colores, me hacía decir: 'seguí porque te mato' en cuatro idiomas, y yo sé apenas dos. No sé, tiene una barota mágica y un expertise que no pensé que existía. Un día nos huntamos con manteca y jugamos a la guerra de almohadas, después parecíamos dos gallinas cogiendo. No sólo por las plumas, te juro que hasta me hizo cacarear. No sé, B, es impresionante. La mayoría de las veces me he ido renga de su casa y al otro día tenía que pedir el día en el laburo porque no podía ni hablar. Mucho menos concentrarme. Cuanto glamour, cuanto reviente.
B: che, mirá vos... A vos te jodería que yo también le de un poquito? Porque a mi me encanta ese pibe, y encima con lo que me contás...
Yo: Pero B, cómo no me dijiste antes?. Es el sueño del pibe y yo lo aprecio mucho. Ya mismo lo llamo.
Lo llamé inmediatamente y casi se pone a llorar al teléfono.
Supe que se juntaron unos días después así que increpé a B.
Yo: Contame cómo te fue. Viste que parece una bestia lujuriosa traída directamente del sector pornográfico del Averno?
B: Si, yo que sé.
Yo: 'Yo que sé?' No entiendo, qué pasó?
B: No sé, estuvo bien, pero nada del otro mundo. He tenido mejores. Cuando le vi semejante salchichón primavera ahi entre paréntesis, porque te diste cuenta que es chuequito, no?, dije 'Bingo, papita pal loro', pero la verdad es que no fue para tanto. He tenido mucho mejores. No creo que lo vuelva a ver. Espero que no se ponga pesado.
Yo me quedé ahí, sin poder creerlo. Habría visto al mismo que yo frecuentaba? Será que tanto fantasear se había inhibido? Estaría enfremo?
Lo llamé como quien no quiere la cosa para preguntarle a él también. Y la respuesta, salvo por lo del salchichón primavera, fue más o menos parecida: 'Y... mas o menos. Yo pensé que iban a chocar los planetas y al final... No le digas a tu amiga que yo te dije esto, pero me da la sensación de que ella lo pasó igual que yo. No creo que nos volvamos a ver.'
Yo me quedé sin entender una goma. Un fracaso.
Tiempo después una amiga me presentó un petiso prometedor (esas fueron sus palabras) que se suponía que me iba a hacer ver y tocas las estrellas. 'Es un caño, vas a ver que no vas a querer parar nunca más' me dijo.
Me llamó, fui a la cita y luego fuimos a su casa. Hasta el momento había sido todo bárbaro. Pintaba que iba a terminar de mil maravillas pero a la hora de los bifes fue un fiasco del que prácticamente huí despavorida: no es que el tipo tuviera la poronga chica ni que le faltara pericia. No se quedó dormido ni tuvo otro problemita. Simplemente no andaba para ningún lado. Nos chocábamos al cambiar de posición o directamente no la encontraba. Le molestaban mis pelos, a mi el perfume... no sé. No había, simplemente, magia.
Y cuando me estaba volviendo a casa me acordé del episodio de B y después de un rato llegué a una conclusión:
No existen buenos o malos partenaires, sólo buenas o malas combinaciones.
(*:con el que me juntaba a coger pero sin compromiso, ni reproche, ni preguntas molestas.
)

domingo, 6 de diciembre de 2009

Perspectivas: mi encuentro con el viagra

Juan:
Estaba con un amigo en un bolichón tomando un fernet y me dice: '' conseguí Viagra, querés?'' y yo, que tengo 27 años de pelotudo le dije que si. 'Eso sí - me dijo - tomalo 20 minutos antes de ponerla porque hace efecto rápido'
y bueno, me fui a casa y esperé a Jesi, que estaba tambien con unas amigas. Cuando me avisó que estaba viniendo, le calculé mas o menos el tiempo y me clavé la pastinaca. Estaba contento, expectante, ansioso. Vislumbraba escenas de sexo fatal y salvaje. Me imaginaba a mi novia agradeciéndome infinitamente por mi desempeño, extasiada, con la ropa desgarrada. Me hacia el marote como un boludo.
El tema fue que a los 15 minutos me entré a sentir para la mierda. Transipaba como un chancho asustado, se me hinchaban las venitas de la frente como si la bocha me estuvierapor explotar... me quería ir corriendo hasta Lujan. 'Qué me dio este tarado?' pensé. El hombro derecho me latía como si me estuvieran tironeando. Temblaba. Seguía transpirando frío. Me senté en el sofá y empecé a pensar en cosas lindas. Al pedo, porque mientras me trataba de concentrar en mi sobrinito me acordaba de las tetas de la recepcionista nueva a traves de esa camisita blanquita chiquitita que le dieron de uniforme, el perfume... sentía que me tironeaban de las patas. La chota estaba dura como un resto fócil y latía como loca. Estaba rojo y caliente como un caño de escape.
En eso siento el auto de Jesica y me entra una desesperación. Le bajo a abrir el porton del garaje y no va y se nos mete un chorro. La reconcha de la lora!!! y yo estaba que no podía más. Si no fuera por la otra que se puso a llorar como una loca yo me hubiera culeado al chorro unas cuantas veces, a esa altura no me importaba nada de nada,m quería coger y nada más. Estaba desesperado ya. En un momento pensé que con el susto se me iba a pasar... pero no. No habia manera de sortear el efecto. Estaba como loco.
'Flaco, qué querés? el auto? la guita? llevate lo que quieras, tomá - dije, dandole las llaves y el alma -pero por favor andate. Es urgente'. Y se ve quie el flaco entendió porque hizo esa mueca que solemos hacer cuando nos cae la ficha. Se llevó todo igual pero se fue. Entramos y yo la entré a desvestir. Me dolían los huevos.
'Qué hacés insensible' me dijo, retirándome las manos. 'No ves que estoy mal? nos acaban de robar!''
'Si, si, después hacemos la denuncia. Dale mi vida, haceme un petetuse, chupámela un ratito como vos sabes que me vuelve loco...' Le agarraba la cabeza como para agilizar el trámite pero no hubo caso. No pude más, me puse a llorar y le tuve que decir.
Primero se enojó, pero después accedio y nos echanos un polvo... y fue más de lo mismo.
La pericia no tiene que ver con la potencia evidentemente.
Jesica:
Juan es un caso perdido. Se tomó un viagra, lo podes creer?
Me llamó para saber a qué hora llegaba, yo estaba con los del laburo tomando una cerveza. Por lo general yo soy la que llega antes. Diez minutos despues me llama para decirme que vaya lo antes posible. Ahi medio me asusté porque estaba transformado, parecía loco. Pensé realmente que le pasaba algo. Y cuando llegué bajó a abrirme el portón, cosa que nunca hace. La alegría me duró poco porque no va y se nos mete un ladrón. Yo estaba nerviosa, lloraba, me cagué en las patas y este encima parecía que le facilitaba el laburo al chorro. Yo miraba la escena y no entendía una gomaa. Al final el flaco se fue con el auto, despues lo encontraron al toque pero lo mas importante es que no nos pasó nada. En fin. Subimos y yo me quería tomar un vaso de agua, un whisquilin para relajarme, hablar de eso porque del susto que tenia se me habia pasado hasta el pedo que me habia agarrado. Y Juan me empieza a manosear ahi nomás... quería coger! La podes creer? Yo lo mandé a cagar, cómo va a hacer eso? y el loco insistía... Yo sé que los hombres tienen la idea fija, pero pará un poco, todo tiene un límite.
Hasta que me dijo: me tomé un viagra Jésica, si no me echo un polvo ya mismo me va a explotar la bocha, por favor, chupámela! Te lo ruego 'me dijo, y su desesperacióm me tocó el corazón. Lo reté un rato, por pelotudo, pero después accedí. Se la chupé un ratito, pegaba una gritos ridiculos, después nos fuimos a coger.
Pobrecito, pero qué pelotudo, no? Porque la verdad es que estuyvo bien pero no wow que semental maravilloso! No le dije nada, obvio, pero no es tonto y se dio cuenta.
Cogimos una sola vez y nos dormimos. Hoy a la mañana aun la tenía como un caño de escape. No me dijo nada, se la bancó como un duque pero llegué tarde a la oficina porque no lograba que salga del baño, pobre.
No le dije nada, ni hice. Tiene que aprender que la pericia no pasa por la potencia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Que no te vendan amor sin espinas...

Ayer estaba en la casa de una amiga. Charlábamos de cosas en general y del amor en particular (si, si, muy femenina la tarde de mi domingo).
Ella me contaba que estaba un poco preocupada por su actual situación de pareja. Me decía que no le pasaba con él, con Coco (así le dice) lo que le solía pasar en sus relaciones anteriores, todas absolutamente funestas y destinadas al fracaso más acérrimo, dignas del olvido.
Me decía que a veces iba caminando por la calle y veía parejas de la mano, o chapando en alguna esquina y no podía evitar adjudicarles una vida feliz, una relación plena llena de satisfacción que alimentaba a cada instante sus corazones hinchados de alegría y amor. Recordaba que antes, cuando se encontraba en medio de una relación, aunque más no sea una posibilidad de visita higiénica, ella se moría de celos, se sentía ansiosa y vulnerable, tenía miedo incluso de perder al ñato en cuestión.
- Entendés que no me pasa eso? Ahora estoy relajada, a veces ni ganas de coger me dan, total si no es hoy será mañana, o pasado... estoy muy segura de que Coco está ahi y de que no sería capaz de cagarme, de hacerme daño ni nada por el estilo... entendes que estoy tranquila?'
- Sí, sí que te entiendo... - le dije, agarrando el mate que me ofrecía mientras pensaba en mi, en cómo yo voy al amor con una actitud absolutamente kamikaze, que lo padezco como una adolescente porque sufro, porque nunca es sin angustia porque nunca nada es suficiente (oiga, no no, no es que soy histérica, no soy una insaciable, me refiero a que nunca termina siendo suficiente lo que yo tengo para dar porque un minuto antes dí absolutamente todo) y vivo la situación con una incertiumbre atroz, como si a cada momento pudiera irse y dejarme ahí, agonizando, porque al susodicho le di la cáscara de mi alma y me quedé en carne viva. Yo soy la peor pareja, y sin embargo añoro esas experiencias.
Terminé mi mate y las dos suspiramos. Sonó mi teléfono y gracias a Dios nos dió un respiro, una posibilidad de cambiar de tema y salir de sendos agujeros.
Hablamos de dos o tres boludeces, tomamos dos o tres mates más y me fui. En el camino seguí pensando, of course, de eso no sale una tan fácil (ven por qué quiero ser hombre?). Me acordé de un amigo que, antes de casarse un par de años atrás (justo en el momento en que empecé a meter la para y no paré, pero esa es otra historia), ante mi atónita postura frente a la noticia y en respuesta a mi pregunta, me dijo: 'me caso porque ella me cierra, el combo me cierra, compro. Y me caso'. Yo me ofendí, me pareció una aberración a los ideales, sentí que traicionaba todo lo que yo creía hasta ese momento. 'Un combo? Comparás tu matrimonio con una hamburguesa con papas fritas?' Me respondió algo, pero yo me fui sin escucharlo.
Quizá lo que me dijo fue eso, que el amor no es sólo pasión sino que es decisión y elección, que suma de las piezas es mucho más interesante que el brillo inteso y sin fin de una sola de ellas, aunque esa sola pieza se trate de amor propiamente dicho.
Es decir, no digo que no tenga que haber amor, digo que no es sólo eso (Ni es suficiente).
Eso.
(Igual, insisto, yo sigo estando jodida.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La vaca muerta

Todos han, en esta tierra y a esta altura del partido, sido partícipes de una conversación entre mujeres. No me interesa en lo más mínimo la opinión que les merece, solamente hago alusión a ello porque días atrás, un jueves, he tenido una. Y fantástica, y quería recrear el momento sabiendo que ustedes, avidos lectores y lectoras, saben de lo que estoy hablando.
Empezamos hablando del post anterior, del tamaño de la batata. Éramos tres mujeres en ese momento. Una me decía que la verdad no era necesario encontrar un cohete interestelar entre las piernas de su partenaire, siempre y cuando supiera usar lo que allí hubiera. La otra estaba de acuerdo, siempre y cuando no fuera un exceso, es decir, que tuviera un maní pelado y encima pretendiera que fuera milagroso. Discutimos un ratito hasta que no sé a través de qué caminos discursivos llegamos al tema de las posiciones, al kamasutra cotidiano. Que a mi me gusta así, que a mi asá, piripipí. Muy lindo, ay que piola, no eso no, yo me pongo así (viene con gesto, irreproducible), y todo eso (por eso me quise cerciorar de que han participado ya). Y a veces, dijo una para rematarla, viene la muertita al pelo. Yo me empecé a reír. 'La muertita no es una posición' dije yo, infantil. 'No, es lo que hay cuando no querés nada'dijeron a duo, c ada una sumergida en sus actividades (estabamos en la oficina). ''No me gusta! dije, o pensé. 'Y hay una peor' prosiguió una, la más suelta de estribos: 'la vaca muerta'.Dícese de vaca muerta cuando la fémina en cuestión carece de todo interes en el acto procedente. Y esa falta de estímulo se manifiesta en todas las esferas posibles: el elástico de la bombacha está vencido, no hay rastros de depilación púbica, hay celulitis sin disimulo y la sensualidad brilla por su ausencia. Mis ojos, grandes y preguntones, un poco desasosegados por la falta de solemnidad de las escena, buscaba la complicidad de la tercera, angustiada, casi con anticipada tristeza: 'Ah, si si, es genial. Te tirás ahi y que labure viejo'. le escuché decir. Yo, que lo único que había acotado hasta entonces era que los mañaneros no me gustan, que me rompen soberanamente las pelotas porque ya es suficiente con tener que levantarme, me sentí herida. ''Herida? dirán. Por qué herida y no triste, o enojada, o asustada en el peor de los casos. Y yo diré: 'porque al final era cierto'. Porque ya había escuchado decir a alguna otra mujer algo semejante. Ya había participado de reuniones que tranquilamente podrían haberse llamado 'mujeres contra el sexo' compuesta por esposas hinchadas las pelotas de tanta rutina, porque en reflexiones como esa el sexo, el acto, coger, sólo se circunscribe al mero acto físico. Y allí se han perdido las luces de su fantástica experiencia. Coger es dar y recibir. Coger es sentir el cuerpo, el calor, el olor de la otra persona. Y no se trata solamente de ponerse así o asá, no se trata de la habilidad ni de la cantidad de guarangadas que se dicen (que son maravillosas si vienen extasiadas), ni siquiera se trata cómo termina, no sólo de eso. Es un combo. Y al escucharlo tan vapuleado me sentí herida porque dar es en definitiva un acto egoísta, porque cuando uno da pretende recibir lo que da. Si en el tránsito por mi línea de tiempo me encuentro con que a esta altura el sexo es un despojo, es un mero reflejo del deber marital, y me tengo que acostumbrar, entonces sí, me siento herida.
Ya vengo, voy al baño a llorar por mi desilusion y vuelvo.

sábado, 24 de octubre de 2009

Ad eternum

De nuevo sale el tema en cuestión, se arremete, porque no es cuestión, oiga.
Yo ya hice alusión a este asunto, pero se sigue debatiendo en cafés femeninos y charlas de medio día.
Por ejemplo, el otro día paseando con una amiga salió el tema, porque nosotras cando no sabemos de qué más hablar hablamos de hombres y sexo, porque ese tema anota porotos, porque sabemos que va a ser productiva la conversación, porque al menos si no aprendemos nos vamos a divertir.
En fin, salió el asunto de la estrechez de pito, de la falta de tamaño, de la poronga chica, o sea. (La que no haya tenido una experiencia así que tire la primera piedra.)
Me acuerdo de una vez que charlando con alguien, mujer ella, cuando le comenté de una experencia propia a raiz de la cual yo estaba furiosa, me dijo: 'Y bueno, qué querés, que no cojan? Tienen pito chico pero no por elección, no tienen la culpa'. Y sí, pensé, el flaco en cuestión le puso mucha actitud compensatoria. El pibe del chizito era simpático, muuy buen mozo y tenía mucha y buena labia.
Cuando, más cerca en el tiempo, salió la conversación nuevamente mi compañera de turno fue mucho más radical, más concisa en sus decisiones: 'Qué? no, no, yo nunca más.' Estaba muy convencida de lo que decía, me gustó su firmeza ideológica, logró desterrar los fantasmas de mis pitocortis pasados. -'Yo me fijo antes. Yo me los chapo, siempre fuera de casa o del telo o de su casa porque una vez adentro estás en el horno, ya es tarde. Yo los tanteo, les meto la mano en la bragueta y mido. Nunca puede ser menos que esto - dijo, haciendome una seña con la mano - porque es triste. Esta mano es un gallinómetro, es una herramienta que yo misma modelé y anda bien, no me ha dado un disgusto - se miraba la derecha con orgullo - en fin. Yo manoteo la gaviota, si veo que no hay cuorum me levanto y me voy'.
'Pero no - le dije yo, quizá demasiado jóven e inexperta aún - no podes hacer eso. Es una cuestión de código. Si llegaste hasta ese momento, si le llegaste a acariciar el ganso aunque más no sea una sola vez tenes que bailar, te lo tenes que coger un ratito aunque sea, no da, a mi no me gustaría que me lo hagan'.
- 'Qué código? De qué código me hablás? - decía, haciéndome montoncito - No. No, a esta altura? No tengo más ganas de caretear un garche, prefiero quedarme mirando una película con un helado antes de que garcharme a un ñato del que no me doy cuenta más que por la cara si me está cogiendo o no. No me sirve, si al fin y al cabo no me lo voy a querer cruzar nunca más, de qué código me hablas?
- Bueno - agregué, sacando la carta de la respuesta de mi otra amiga - No tienen la culpa de tener un palito de la selva...
- Si, es verdad y es una pena, pero yo tampoco la tengo. Así que si se queda caliente que se vaya con su microporonga a hacerse una paja a otro lado (SIC!)
A mi su respuesta me pareció suficiente, brutal y suficiente, por lo cual no intentaré hacer ninguna reflexión al respecto.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pero vos sos la racha

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martes, 13 de octubre de 2009

Nací para ti?

Hay una canción que me gusta mucho. Siempre que puedo la escucho porque realmente me gusta. La tarareo, me sé la letra desde hace muchos años.
Y en un insight casi ajeno (porque fue en el medio de una conversación en relación a los nuevos cuernos de una amiga) me detuve en una parte que dice: 'y cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champan francés... y cena con velitas para dos siempre es con otra, amor, nunca contigo...'
Esa parte siempre me pareció pintorezca si se quiere, masculina tal vez. Pero en ese instante me pareción tremendamente triste. Y no porque sea algo habitual a lo que estamos destinados siempre bajo el lema de 'Nadie se salva de los cuernos y de la muerte', sino por la responsabilidad de las partes actuantes. O, mejor dicho, de mi responsabilidad en un caso así.
Mi amiga y su novio (o ex, no lo sé) se conocen desde hace 5 años. Viven juntos desde hace cuatro. Se conocieron en un bar a la salida de sus respectivas oficinas. Ella tenía 27 añitos recién cumplidos en esa época y hacía un tiempo considerable que andaba sola y desaforada. Le gustaba más la joda que el dulce de leche casero y no dejaba pasar oportunidad. Iba al gimnasio, a la peluquería, a bailar, a pilates, a tomar cervezas a los bares después de trabajar. Se pintaba, se peinaba, dejaba una estela de perfune al pasar, sonreía todo el tiempo.
No le molestaba no tener la casa impecable y reluciente porque en el mejor de los casos caía a dormir y a estudiar, y si no caía sola total ya estaba oscuro y nadie se iba a detener en los detalles. La heladera tenía pocas cosas y todas tenian alcohol. Tenía mucho discos y libros. Le encantaba visitar amigas, amigos... disfrutaba, en líneas generales, de todo lo que implica ser joven. Era bonita pero lo que la destacaba era la actitud.
Luego conoció a Facundo, el hombre en cuestión. Al principio todo bien, salían, cogían, se emborrachaban, lo pasaban bomba.
Después ambas partes empezaron a engancharse cada vez más y se pusieron de novios. Así hasta que terminaron yéndose a vivir juntos.
Uno se pregunta cómo él pudo llegar a dejar de querer, o querer otra cosa, que esa muñequita?
Y bueno, esa muñequita dejó de ir al gimnasio al tiempito nomás de que empezaran a salir. Obviamente no iba más a los bares after office porque se iban juntos a su casa con Facundo que la esperaba ahí en Alem y Corrientes, ambos trabajaban en el centro y se esperaban. Dejó de salir los sábados porque decía que estando de novia eso no se podía hacer de ninguna manera y dejó de ver a sus amigas y amigos porque empezó a juntarse con los de Facundo.
Dejó de ir a la peluquería, dejó de comprarse ropa sexy. Empezó a ser muy ama de casa y se volvió insufrible con la limpieza y el orden. Empezó a llenar la heladera de cosas diet, ligth y macrobióticas. Y no había dia que no tuviera olor a papas fritas en el pelo porque ella era la que cocinaba.
Un buen día encontró saliendo de un telo a Facundo con la secretaria de su jefe, una bomba sexual de 27 añitos que estaba para matarla. El día anterior habían discutido porque ella estaba dele meterle rosca con que quería tener un hijo y casarse (en ese orden de prioridades). Lo notó raro y decidió seguirlo.
Lloraba. Cuando me contaba esto lloraba, decía que había dejado los mejores años con él (es exagerada, síndrome de ama de casa) y que ya no iba a ser como antes. Porque ella era tan linda y joven antes de conocerlo... 'hijo de puta!' - decía en sus pequeños brotes de enojo - 'ahora que encontró una más pendeja se va. Seguro que es una trola de mierda que le gusta más la pija que el dulce de leche casero' - y seguía llorando.
Yo no iba a meter la cola en ese momento. Se le iba a pasar e iba a volver a las pistas no bien terminase el duelo, no valía la pena desplegar un papiro inmenso de torturas psicológicas ante cuestiones que ya a esta altura no tienen remedio.
Quizá esta historieta es un extremo, pero es el rejunte de muchas otras historias que terminan igual.
Las mujeres tenemos la manía de dejarnos, de abandonarnos a los brazos del otro como si ya no hiciera falta nada, como si el amor diera todo por entendido y dejara de hacer falta la seducción.

Y en lugar de esperarlo con un microvestido de licra comestible, lo hacemos con un desavillé de toalla deshilachada porque la ropa ahora se compra para las fugaces ocasiones de un compromiso social. El perfume lo mismo, y así.
Y para colmo venimos a creer que tenemos derecho de quejarnos porque él no nos trae un ramito de flores de vez en cuando, de que no nos sorprende con un regalito o no lo que sea.
Nos han inculcado que el amor todo lo puede, que el amor es ciego... pero nadie avisa que con el amor no es suficiente, que no es ciego y que no es por si solo una garantía de que todo será bueno y para siempre. Hace falta un cemento de contacto y para eso están los babydoll, los escotes, el kamasutra y la seducción. Si una se duerme en los laureles no puede pretender que el otro se quede ahí, abanicando nuestra absurda seguridad. No, se va a ir, yo me iría. Sin sorpresas yo me aburriría y me iría.

El amor será todo lo que dicen, pero no es gratis.