martes, 26 de enero de 2010

Anécdota

Es claro que cuando, luego de pasado un tiempo imprudente y una está ´sola', sin una fija (que alegremente rima con 'pija'), entra a buscar en los archivos mentales los rastros de algún anterior soldado rescatista.
Una sieeeempre guarda las agendas viejas, incluso las que tenemos de cuando no existían los celulares (Oiga, que algunas solteras aun tenemos esas tradiciones) y, quitándole el polvo del olvido entramos a buscar algún nombre que contenga buenos recuerdos.
Y alguno sieeempre hay, incluso algunoS, entonces tiramos unas cuantas redes, en el mejor de los casos un mediomundo, para ver qué pescamos.
Todos los días religiosamente una revisa qué nos ha traido el mar.
Cuando van pasando los días y no llegan respuestas, o la respuesta es 'me casé tengo 4 bepis y se me cayó el pelo en una medida directamente proporcional a lo que me creció la buzarda, pero si querés podemos...', una no termina de leer porque empieza a deletear, 'next, next' clickea una con la desesperación del que es perseguido por un muerto vivo... porque es efectivamente perseguida por un muerto vivo. (Mis disculpas por las ilusiones desperdiciadas, una también sufre por los estragos del tiempo).
Y se va desesperando, una sensación de fracaso invade la médula espinal con el paso aletargado pero inexorable. De a poco y a medida que van pasando los días se da cuenta de que ya no era como antes, aquellos dorados tiempos en que una levantaba el dedito y había unos cuantos muchachones esperanzados mirándonos con ojos de chicos que esperan abajo de una piñata. Ahora no, ahora cuanto menos somos la piñata. En fin, no quiero herir susceptibilidades, he dicho ya que una sufre los estragos del tiempo, para qué escarbar ahi.
Pero un día, ya cuando nos estábamos haciendo a la idea de abandonar la trinchera de la eterna espera, cuando empezamos a pensar sin querer que un perro, un Caniche Toy por ejemplo no es tan mala compañía porque al menos hace que una se entretenga pensando los gastos que implican las vacunas y eso, ya cuando una se abandona en la heladería como si fuera un mundo de sensaciones aparece, tímido allí, como quien no quiere la cosa, una pequeña línea en negrita en la bandeja de entrada. Uno picó. Uno picó!!! San Revolcón escuchó mi plegaria y se me da. El jueves mojo, me entierran la batata, abro el garaje para cualquier auto que se digne, la pongo... el jueves, finalmente, cojo.
Dejás el Caniche en la heladería y te armás hasta los dientes, te ponés el kit de emergencias que tenés allí apartado desde que empezaste con esta cruzada desesperada (una tanga roja de saten elastizado cuyo hilo dental desaparece inmediatamente después del huesito dulce, un corpiño o 'soutien' al tono con un push up tormentoso pero necesario, unas tetas de plástico blandito para darle fundamento, una pequeña liga que finalmente optás por no ponerme porque no combina con la celulitis)
Y una sale, y que pin que pan, zaraza zaraza. Se termina la botella.
- Querés algo más? - dice él, caballero.
- Sí, claro, lo que sea que se pueda tomar estando horizontal - decís, apurada.
Un guiño y al auto.
- Tu casa o la mia?
- La tuya - (Siempre es mejor irse que echar, pensás)
Y dale que va, palo y a la bolsa. Le damos masita a lo tonto y a lo loco. te sacás todas las ganas juntas.


'Hermoso, memorable... pero es una pena' - repetís en voz baja cuando volvés a casa en taxi con las tetitas en la mano porque no entran en la carterita de bataclana que combinaba con la tanga, entre indignada y dolida porque no pensaste en la opción de ser echada cuando elegiste dónde revolearla.
Y así una llega a su casa y se saca todo vestigio de esa noche, que aunes porque te despacharon antes de que amanezca. Pensas a tirar las tetitas pero te da pena. 'Cuando se me pase la bronca me va a causar gracia', pensás.
Y te vas a dormir, y conciliás el sueño pensando un nombre para el perro.
La desesperación suele llevar a hacer malas elecciones. Las malas elecciones nos devuelven al punto de partida, pero con una mala experiencia.
Al otro día me compré un perro policia, pensé en ponerle 'Reemplazo', 'Desesperación', 'Excusa'. Finalmente le puse 'Dignidad'

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez sopa, perdón, sola.

Cuando me vino a decir 'No te quiero más, chau' y se fue, cuando después de un ratito se me pasó el estupor, me encontré sentadita en el rincón de siempre, llorando a mares, rodeada de una alfombra de bollitos de papel viscoso, un rollo de papel higiénico por la mitad y la nariz roja como un borracho.
Luego, y definitivamente, con el paso del tiempo no atravesé todos los estados, como suele decirse, sino que me estanqué en la tristeza más radical y absoluta.
Sentía que se me había salido una pieza fundamental, estaba de pronto renga, manca, muda, vacía de un rato a otro. Me quedé con muchas cosas en el tintero, entre ellas el corazón en muchos pedazos y un nudo en la garganta. Estaba como shockeada. Absolutamente todo pasó a ser secundario, todo lo que me importaba tenía que ver con él.
No podía concebir, más allá del amor perdido y del fracaso (que me excede en este espacio), que todo fuera tan repentino, que todo se hubiera modificado de golpe, que se haya ido a la remierda mi castillo camusiano. Me sentía como en el medio de la nada en tarlipes y sin saber cómo salir de ahí, con el pecho rasgado como si fuera de papel y alguien se hubiera tomado el trabajo de romperlo. Estuve unos días sin poder dormir, subsistiendo a pucho y mate.
Sin que se me pasara la tristeza un día empecé a moverme. Me apegaba con solemnidad, la solemnidad de un chico, a cuanta cadena milagrosa me llegara por email. Me colgué cintitas rojas, hice feng shui, corrí los muebles de lugar, le pregunté a un mazo de cartas por mi destino... pero el teléfono ni de choto sonaba.
Pero un día me dio hambre y morfé con descaro. Y me dio sueño y dormí la noche y la siesta de un tirón. Y cuando me levanté me embadurné y salí. El sábado a la noche dejó de ser un tormento para mi. No me sentía fantástica pero seguía.
Hasta que una noche fui a una fiesta. Medio obligada, medio por un criterio moral, medio por culpa. No había nadie en ese recinto que tuviera menos onda que yo. Estaba depositada en un sillón mirando con rabia a la gente que sonreía. Sin embargo se ve que en elgún momento relajé el cejo porque se me acercó un chiquitín, un duraznito dulce y tierno que me decía 'Mirá lo que sos, y acá sola... cómo te llamás?'
Y en ese segundo en que decidía si le respondía la verdad o cualquier verdura varias cosas me pasaron por la cabeza. Primero me puse nerviosa, se me revolvieron las tripas como si tuviera 12, mientras el seso formaba alegremente la frase 'No... no... qué bardo!' Luego entré a comparar como una marmota (y como si hubiera punto de comparación, por el amor de Dios!) al duraznito en almibar con el otro, el que días antes se habia rajado. Después pensé 'no, qué garrón, otra vez con esto... No estoy para estos trotes. Me tiro al piso y me hago la muerta...'
Luego le sonreí y le dije mi nombre, el posta.
Después de un rato la frutita se fue, seguramente a revolotear por la ensalada de frutas, quizá estaba entretenido pelando el carozo de alguna que otra duraznita más tiernita. No importaba, yo estaba satisfecha. Me puse lip gloss en la trucha y me fui a bailar con las demás.
Cuando terminó la noche y llegué a mi casa (sola y en taxi) aun sonreía, serena. No era tan grave después de todo. Luego de sacarme el maquillaje, me lavé la cara.
Y frente al espejo pensé: estoy vivo todavía.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Parte Médico

A los ávidos lectores:
Se da aviso, a través de este medio, que la autora del blog (Cuál blog? ESTE!) Se encuentra en estado de reparación. A quien quiera visitarla se encuentra con pronóstico reservado en el Hospital de los Muñecos, al lado de Pinocho.
Sepan disculpar. Cuando se sienta un poco mejor seguramente retome sus actividades correspondientes.
(PD: El hada Protectora está desaparecida. Se agradecerá cualquier información al respecto)

Hasta el viejo hospital de los muñecos
llego el pobre Pinocho malherido
Un cruel espantapájaros bandido
lo sorprendió dormido y lo atacó.
Llegó con su nariz hecha pedazos,
una pierna en tres partes astillada,
una lesión interna y delicada
que el médico de guardia atendió.

A un viejo cirujano llamaron con urgencia
Y con su vieja ciencia pronto lo remendó
pero dijo a los otros muñecos internados
'Todo esto será en vano, le falta un corazón'

El caso es que Pinocho estaba grave
y en sí de su desmayo no volvía
y el viejo cirujano no sabía
a quién pedir prestado un corazón.
Entonces llegó el hada protectora
y viendo que pinocho se moría
le puso un corazón de fantasía
y Pinocho sonriendo despertó!

Les deseo unas muy felices fiestas y un exitoso año nuevo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Encuentros cercanos del tercer tipo

Hace unos años yo tenía un amigo* que tenía una fantasía con una amiga mia. Mi amigo era bien dotado (muy, parecía un caballo), muy generoso, muy desenvuelto. Nos juntábamos cuando a alguno se le cantaba, nos pegabamos unas cuantas revolcadas, comíamos unas empanadas, una pizza, tomabamos algún que otro vino y luego taza taza, cada uno a su casa. Era maravilloso, no había problemas, lo pasabamos muy bien dentro y afuera del ring. Eramos un dúo dinámico. Un violín.
Decía que tenía mi amigo una fantasía con mi amiga. Y ahi había tela para cortar: la señorita en cuestión era una turbina. Parecía un animé, una creación de Manara, la mejor. Y claro, cuando mi amigo la veía conmigo se le disparaban todos los ratones juntos.
Un día yo me puse a noviar y dejé de frecuentarlo. Igual manteníamos el contacto porque había buena onda. (Y también por si acaso, para qué mentir)
Una tarde cualquiera me encuentro a B (mi amiga en cuestión) y nos pusimos a charlar. Le empecé a contar de mi amigo y del provecho que yo le sacaba a sus fantasías con ella.
Yo: Ay B, no sabés lo útil que me has sido... Te acordás de mi amigo no? De *? Bueno, resulta que está con que te quiere partir en 32 pedazos, y cada vez que nos veíamos hablabamos de eso y surtía un efecto maravilloso.
B: Ah si? contame.
Yo: uf, de solo pensarlo me acaloro. Tiene una tararira que no se puede creer. Cada vez que nos encontrábamos se llenaba el lugar de fantasía y reviente. Nos dábamos a troche y moche amor del bueno, toda la noche. El pibe me hacía transpirar de todos colores, me hacía decir: 'seguí porque te mato' en cuatro idiomas, y yo sé apenas dos. No sé, tiene una barota mágica y un expertise que no pensé que existía. Un día nos huntamos con manteca y jugamos a la guerra de almohadas, después parecíamos dos gallinas cogiendo. No sólo por las plumas, te juro que hasta me hizo cacarear. No sé, B, es impresionante. La mayoría de las veces me he ido renga de su casa y al otro día tenía que pedir el día en el laburo porque no podía ni hablar. Mucho menos concentrarme. Cuanto glamour, cuanto reviente.
B: che, mirá vos... A vos te jodería que yo también le de un poquito? Porque a mi me encanta ese pibe, y encima con lo que me contás...
Yo: Pero B, cómo no me dijiste antes?. Es el sueño del pibe y yo lo aprecio mucho. Ya mismo lo llamo.
Lo llamé inmediatamente y casi se pone a llorar al teléfono.
Supe que se juntaron unos días después así que increpé a B.
Yo: Contame cómo te fue. Viste que parece una bestia lujuriosa traída directamente del sector pornográfico del Averno?
B: Si, yo que sé.
Yo: 'Yo que sé?' No entiendo, qué pasó?
B: No sé, estuvo bien, pero nada del otro mundo. He tenido mejores. Cuando le vi semejante salchichón primavera ahi entre paréntesis, porque te diste cuenta que es chuequito, no?, dije 'Bingo, papita pal loro', pero la verdad es que no fue para tanto. He tenido mucho mejores. No creo que lo vuelva a ver. Espero que no se ponga pesado.
Yo me quedé ahí, sin poder creerlo. Habría visto al mismo que yo frecuentaba? Será que tanto fantasear se había inhibido? Estaría enfremo?
Lo llamé como quien no quiere la cosa para preguntarle a él también. Y la respuesta, salvo por lo del salchichón primavera, fue más o menos parecida: 'Y... mas o menos. Yo pensé que iban a chocar los planetas y al final... No le digas a tu amiga que yo te dije esto, pero me da la sensación de que ella lo pasó igual que yo. No creo que nos volvamos a ver.'
Yo me quedé sin entender una goma. Un fracaso.
Tiempo después una amiga me presentó un petiso prometedor (esas fueron sus palabras) que se suponía que me iba a hacer ver y tocas las estrellas. 'Es un caño, vas a ver que no vas a querer parar nunca más' me dijo.
Me llamó, fui a la cita y luego fuimos a su casa. Hasta el momento había sido todo bárbaro. Pintaba que iba a terminar de mil maravillas pero a la hora de los bifes fue un fiasco del que prácticamente huí despavorida: no es que el tipo tuviera la poronga chica ni que le faltara pericia. No se quedó dormido ni tuvo otro problemita. Simplemente no andaba para ningún lado. Nos chocábamos al cambiar de posición o directamente no la encontraba. Le molestaban mis pelos, a mi el perfume... no sé. No había, simplemente, magia.
Y cuando me estaba volviendo a casa me acordé del episodio de B y después de un rato llegué a una conclusión:
No existen buenos o malos partenaires, sólo buenas o malas combinaciones.
(*:con el que me juntaba a coger pero sin compromiso, ni reproche, ni preguntas molestas.
)

domingo, 6 de diciembre de 2009

Perspectivas: mi encuentro con el viagra

Juan:
Estaba con un amigo en un bolichón tomando un fernet y me dice: '' conseguí Viagra, querés?'' y yo, que tengo 27 años de pelotudo le dije que si. 'Eso sí - me dijo - tomalo 20 minutos antes de ponerla porque hace efecto rápido'
y bueno, me fui a casa y esperé a Jesi, que estaba tambien con unas amigas. Cuando me avisó que estaba viniendo, le calculé mas o menos el tiempo y me clavé la pastinaca. Estaba contento, expectante, ansioso. Vislumbraba escenas de sexo fatal y salvaje. Me imaginaba a mi novia agradeciéndome infinitamente por mi desempeño, extasiada, con la ropa desgarrada. Me hacia el marote como un boludo.
El tema fue que a los 15 minutos me entré a sentir para la mierda. Transipaba como un chancho asustado, se me hinchaban las venitas de la frente como si la bocha me estuvierapor explotar... me quería ir corriendo hasta Lujan. 'Qué me dio este tarado?' pensé. El hombro derecho me latía como si me estuvieran tironeando. Temblaba. Seguía transpirando frío. Me senté en el sofá y empecé a pensar en cosas lindas. Al pedo, porque mientras me trataba de concentrar en mi sobrinito me acordaba de las tetas de la recepcionista nueva a traves de esa camisita blanquita chiquitita que le dieron de uniforme, el perfume... sentía que me tironeaban de las patas. La chota estaba dura como un resto fócil y latía como loca. Estaba rojo y caliente como un caño de escape.
En eso siento el auto de Jesica y me entra una desesperación. Le bajo a abrir el porton del garaje y no va y se nos mete un chorro. La reconcha de la lora!!! y yo estaba que no podía más. Si no fuera por la otra que se puso a llorar como una loca yo me hubiera culeado al chorro unas cuantas veces, a esa altura no me importaba nada de nada,m quería coger y nada más. Estaba desesperado ya. En un momento pensé que con el susto se me iba a pasar... pero no. No habia manera de sortear el efecto. Estaba como loco.
'Flaco, qué querés? el auto? la guita? llevate lo que quieras, tomá - dije, dandole las llaves y el alma -pero por favor andate. Es urgente'. Y se ve quie el flaco entendió porque hizo esa mueca que solemos hacer cuando nos cae la ficha. Se llevó todo igual pero se fue. Entramos y yo la entré a desvestir. Me dolían los huevos.
'Qué hacés insensible' me dijo, retirándome las manos. 'No ves que estoy mal? nos acaban de robar!''
'Si, si, después hacemos la denuncia. Dale mi vida, haceme un petetuse, chupámela un ratito como vos sabes que me vuelve loco...' Le agarraba la cabeza como para agilizar el trámite pero no hubo caso. No pude más, me puse a llorar y le tuve que decir.
Primero se enojó, pero después accedio y nos echanos un polvo... y fue más de lo mismo.
La pericia no tiene que ver con la potencia evidentemente.
Jesica:
Juan es un caso perdido. Se tomó un viagra, lo podes creer?
Me llamó para saber a qué hora llegaba, yo estaba con los del laburo tomando una cerveza. Por lo general yo soy la que llega antes. Diez minutos despues me llama para decirme que vaya lo antes posible. Ahi medio me asusté porque estaba transformado, parecía loco. Pensé realmente que le pasaba algo. Y cuando llegué bajó a abrirme el portón, cosa que nunca hace. La alegría me duró poco porque no va y se nos mete un ladrón. Yo estaba nerviosa, lloraba, me cagué en las patas y este encima parecía que le facilitaba el laburo al chorro. Yo miraba la escena y no entendía una gomaa. Al final el flaco se fue con el auto, despues lo encontraron al toque pero lo mas importante es que no nos pasó nada. En fin. Subimos y yo me quería tomar un vaso de agua, un whisquilin para relajarme, hablar de eso porque del susto que tenia se me habia pasado hasta el pedo que me habia agarrado. Y Juan me empieza a manosear ahi nomás... quería coger! La podes creer? Yo lo mandé a cagar, cómo va a hacer eso? y el loco insistía... Yo sé que los hombres tienen la idea fija, pero pará un poco, todo tiene un límite.
Hasta que me dijo: me tomé un viagra Jésica, si no me echo un polvo ya mismo me va a explotar la bocha, por favor, chupámela! Te lo ruego 'me dijo, y su desesperacióm me tocó el corazón. Lo reté un rato, por pelotudo, pero después accedí. Se la chupé un ratito, pegaba una gritos ridiculos, después nos fuimos a coger.
Pobrecito, pero qué pelotudo, no? Porque la verdad es que estuyvo bien pero no wow que semental maravilloso! No le dije nada, obvio, pero no es tonto y se dio cuenta.
Cogimos una sola vez y nos dormimos. Hoy a la mañana aun la tenía como un caño de escape. No me dijo nada, se la bancó como un duque pero llegué tarde a la oficina porque no lograba que salga del baño, pobre.
No le dije nada, ni hice. Tiene que aprender que la pericia no pasa por la potencia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Que no te vendan amor sin espinas...

Ayer estaba en la casa de una amiga. Charlábamos de cosas en general y del amor en particular (si, si, muy femenina la tarde de mi domingo).
Ella me contaba que estaba un poco preocupada por su actual situación de pareja. Me decía que no le pasaba con él, con Coco (así le dice) lo que le solía pasar en sus relaciones anteriores, todas absolutamente funestas y destinadas al fracaso más acérrimo, dignas del olvido.
Me decía que a veces iba caminando por la calle y veía parejas de la mano, o chapando en alguna esquina y no podía evitar adjudicarles una vida feliz, una relación plena llena de satisfacción que alimentaba a cada instante sus corazones hinchados de alegría y amor. Recordaba que antes, cuando se encontraba en medio de una relación, aunque más no sea una posibilidad de visita higiénica, ella se moría de celos, se sentía ansiosa y vulnerable, tenía miedo incluso de perder al ñato en cuestión.
- Entendés que no me pasa eso? Ahora estoy relajada, a veces ni ganas de coger me dan, total si no es hoy será mañana, o pasado... estoy muy segura de que Coco está ahi y de que no sería capaz de cagarme, de hacerme daño ni nada por el estilo... entendes que estoy tranquila?'
- Sí, sí que te entiendo... - le dije, agarrando el mate que me ofrecía mientras pensaba en mi, en cómo yo voy al amor con una actitud absolutamente kamikaze, que lo padezco como una adolescente porque sufro, porque nunca es sin angustia porque nunca nada es suficiente (oiga, no no, no es que soy histérica, no soy una insaciable, me refiero a que nunca termina siendo suficiente lo que yo tengo para dar porque un minuto antes dí absolutamente todo) y vivo la situación con una incertiumbre atroz, como si a cada momento pudiera irse y dejarme ahí, agonizando, porque al susodicho le di la cáscara de mi alma y me quedé en carne viva. Yo soy la peor pareja, y sin embargo añoro esas experiencias.
Terminé mi mate y las dos suspiramos. Sonó mi teléfono y gracias a Dios nos dió un respiro, una posibilidad de cambiar de tema y salir de sendos agujeros.
Hablamos de dos o tres boludeces, tomamos dos o tres mates más y me fui. En el camino seguí pensando, of course, de eso no sale una tan fácil (ven por qué quiero ser hombre?). Me acordé de un amigo que, antes de casarse un par de años atrás (justo en el momento en que empecé a meter la para y no paré, pero esa es otra historia), ante mi atónita postura frente a la noticia y en respuesta a mi pregunta, me dijo: 'me caso porque ella me cierra, el combo me cierra, compro. Y me caso'. Yo me ofendí, me pareció una aberración a los ideales, sentí que traicionaba todo lo que yo creía hasta ese momento. 'Un combo? Comparás tu matrimonio con una hamburguesa con papas fritas?' Me respondió algo, pero yo me fui sin escucharlo.
Quizá lo que me dijo fue eso, que el amor no es sólo pasión sino que es decisión y elección, que suma de las piezas es mucho más interesante que el brillo inteso y sin fin de una sola de ellas, aunque esa sola pieza se trate de amor propiamente dicho.
Es decir, no digo que no tenga que haber amor, digo que no es sólo eso (Ni es suficiente).
Eso.
(Igual, insisto, yo sigo estando jodida.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La vaca muerta

Todos han, en esta tierra y a esta altura del partido, sido partícipes de una conversación entre mujeres. No me interesa en lo más mínimo la opinión que les merece, solamente hago alusión a ello porque días atrás, un jueves, he tenido una. Y fantástica, y quería recrear el momento sabiendo que ustedes, avidos lectores y lectoras, saben de lo que estoy hablando.
Empezamos hablando del post anterior, del tamaño de la batata. Éramos tres mujeres en ese momento. Una me decía que la verdad no era necesario encontrar un cohete interestelar entre las piernas de su partenaire, siempre y cuando supiera usar lo que allí hubiera. La otra estaba de acuerdo, siempre y cuando no fuera un exceso, es decir, que tuviera un maní pelado y encima pretendiera que fuera milagroso. Discutimos un ratito hasta que no sé a través de qué caminos discursivos llegamos al tema de las posiciones, al kamasutra cotidiano. Que a mi me gusta así, que a mi asá, piripipí. Muy lindo, ay que piola, no eso no, yo me pongo así (viene con gesto, irreproducible), y todo eso (por eso me quise cerciorar de que han participado ya). Y a veces, dijo una para rematarla, viene la muertita al pelo. Yo me empecé a reír. 'La muertita no es una posición' dije yo, infantil. 'No, es lo que hay cuando no querés nada'dijeron a duo, c ada una sumergida en sus actividades (estabamos en la oficina). ''No me gusta! dije, o pensé. 'Y hay una peor' prosiguió una, la más suelta de estribos: 'la vaca muerta'.Dícese de vaca muerta cuando la fémina en cuestión carece de todo interes en el acto procedente. Y esa falta de estímulo se manifiesta en todas las esferas posibles: el elástico de la bombacha está vencido, no hay rastros de depilación púbica, hay celulitis sin disimulo y la sensualidad brilla por su ausencia. Mis ojos, grandes y preguntones, un poco desasosegados por la falta de solemnidad de las escena, buscaba la complicidad de la tercera, angustiada, casi con anticipada tristeza: 'Ah, si si, es genial. Te tirás ahi y que labure viejo'. le escuché decir. Yo, que lo único que había acotado hasta entonces era que los mañaneros no me gustan, que me rompen soberanamente las pelotas porque ya es suficiente con tener que levantarme, me sentí herida. ''Herida? dirán. Por qué herida y no triste, o enojada, o asustada en el peor de los casos. Y yo diré: 'porque al final era cierto'. Porque ya había escuchado decir a alguna otra mujer algo semejante. Ya había participado de reuniones que tranquilamente podrían haberse llamado 'mujeres contra el sexo' compuesta por esposas hinchadas las pelotas de tanta rutina, porque en reflexiones como esa el sexo, el acto, coger, sólo se circunscribe al mero acto físico. Y allí se han perdido las luces de su fantástica experiencia. Coger es dar y recibir. Coger es sentir el cuerpo, el calor, el olor de la otra persona. Y no se trata solamente de ponerse así o asá, no se trata de la habilidad ni de la cantidad de guarangadas que se dicen (que son maravillosas si vienen extasiadas), ni siquiera se trata cómo termina, no sólo de eso. Es un combo. Y al escucharlo tan vapuleado me sentí herida porque dar es en definitiva un acto egoísta, porque cuando uno da pretende recibir lo que da. Si en el tránsito por mi línea de tiempo me encuentro con que a esta altura el sexo es un despojo, es un mero reflejo del deber marital, y me tengo que acostumbrar, entonces sí, me siento herida.
Ya vengo, voy al baño a llorar por mi desilusion y vuelvo.