lunes, 23 de noviembre de 2009

Que no te vendan amor sin espinas...

Ayer estaba en la casa de una amiga. Charlábamos de cosas en general y del amor en particular (si, si, muy femenina la tarde de mi domingo).
Ella me contaba que estaba un poco preocupada por su actual situación de pareja. Me decía que no le pasaba con él, con Coco (así le dice) lo que le solía pasar en sus relaciones anteriores, todas absolutamente funestas y destinadas al fracaso más acérrimo, dignas del olvido.
Me decía que a veces iba caminando por la calle y veía parejas de la mano, o chapando en alguna esquina y no podía evitar adjudicarles una vida feliz, una relación plena llena de satisfacción que alimentaba a cada instante sus corazones hinchados de alegría y amor. Recordaba que antes, cuando se encontraba en medio de una relación, aunque más no sea una posibilidad de visita higiénica, ella se moría de celos, se sentía ansiosa y vulnerable, tenía miedo incluso de perder al ñato en cuestión.
- Entendés que no me pasa eso? Ahora estoy relajada, a veces ni ganas de coger me dan, total si no es hoy será mañana, o pasado... estoy muy segura de que Coco está ahi y de que no sería capaz de cagarme, de hacerme daño ni nada por el estilo... entendes que estoy tranquila?'
- Sí, sí que te entiendo... - le dije, agarrando el mate que me ofrecía mientras pensaba en mi, en cómo yo voy al amor con una actitud absolutamente kamikaze, que lo padezco como una adolescente porque sufro, porque nunca es sin angustia porque nunca nada es suficiente (oiga, no no, no es que soy histérica, no soy una insaciable, me refiero a que nunca termina siendo suficiente lo que yo tengo para dar porque un minuto antes dí absolutamente todo) y vivo la situación con una incertiumbre atroz, como si a cada momento pudiera irse y dejarme ahí, agonizando, porque al susodicho le di la cáscara de mi alma y me quedé en carne viva. Yo soy la peor pareja, y sin embargo añoro esas experiencias.
Terminé mi mate y las dos suspiramos. Sonó mi teléfono y gracias a Dios nos dió un respiro, una posibilidad de cambiar de tema y salir de sendos agujeros.
Hablamos de dos o tres boludeces, tomamos dos o tres mates más y me fui. En el camino seguí pensando, of course, de eso no sale una tan fácil (ven por qué quiero ser hombre?). Me acordé de un amigo que, antes de casarse un par de años atrás (justo en el momento en que empecé a meter la para y no paré, pero esa es otra historia), ante mi atónita postura frente a la noticia y en respuesta a mi pregunta, me dijo: 'me caso porque ella me cierra, el combo me cierra, compro. Y me caso'. Yo me ofendí, me pareció una aberración a los ideales, sentí que traicionaba todo lo que yo creía hasta ese momento. 'Un combo? Comparás tu matrimonio con una hamburguesa con papas fritas?' Me respondió algo, pero yo me fui sin escucharlo.
Quizá lo que me dijo fue eso, que el amor no es sólo pasión sino que es decisión y elección, que suma de las piezas es mucho más interesante que el brillo inteso y sin fin de una sola de ellas, aunque esa sola pieza se trate de amor propiamente dicho.
Es decir, no digo que no tenga que haber amor, digo que no es sólo eso (Ni es suficiente).
Eso.
(Igual, insisto, yo sigo estando jodida.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La vaca muerta

Todos han, en esta tierra y a esta altura del partido, sido partícipes de una conversación entre mujeres. No me interesa en lo más mínimo la opinión que les merece, solamente hago alusión a ello porque días atrás, un jueves, he tenido una. Y fantástica, y quería recrear el momento sabiendo que ustedes, avidos lectores y lectoras, saben de lo que estoy hablando.
Empezamos hablando del post anterior, del tamaño de la batata. Éramos tres mujeres en ese momento. Una me decía que la verdad no era necesario encontrar un cohete interestelar entre las piernas de su partenaire, siempre y cuando supiera usar lo que allí hubiera. La otra estaba de acuerdo, siempre y cuando no fuera un exceso, es decir, que tuviera un maní pelado y encima pretendiera que fuera milagroso. Discutimos un ratito hasta que no sé a través de qué caminos discursivos llegamos al tema de las posiciones, al kamasutra cotidiano. Que a mi me gusta así, que a mi asá, piripipí. Muy lindo, ay que piola, no eso no, yo me pongo así (viene con gesto, irreproducible), y todo eso (por eso me quise cerciorar de que han participado ya). Y a veces, dijo una para rematarla, viene la muertita al pelo. Yo me empecé a reír. 'La muertita no es una posición' dije yo, infantil. 'No, es lo que hay cuando no querés nada'dijeron a duo, c ada una sumergida en sus actividades (estabamos en la oficina). ''No me gusta! dije, o pensé. 'Y hay una peor' prosiguió una, la más suelta de estribos: 'la vaca muerta'.Dícese de vaca muerta cuando la fémina en cuestión carece de todo interes en el acto procedente. Y esa falta de estímulo se manifiesta en todas las esferas posibles: el elástico de la bombacha está vencido, no hay rastros de depilación púbica, hay celulitis sin disimulo y la sensualidad brilla por su ausencia. Mis ojos, grandes y preguntones, un poco desasosegados por la falta de solemnidad de las escena, buscaba la complicidad de la tercera, angustiada, casi con anticipada tristeza: 'Ah, si si, es genial. Te tirás ahi y que labure viejo'. le escuché decir. Yo, que lo único que había acotado hasta entonces era que los mañaneros no me gustan, que me rompen soberanamente las pelotas porque ya es suficiente con tener que levantarme, me sentí herida. ''Herida? dirán. Por qué herida y no triste, o enojada, o asustada en el peor de los casos. Y yo diré: 'porque al final era cierto'. Porque ya había escuchado decir a alguna otra mujer algo semejante. Ya había participado de reuniones que tranquilamente podrían haberse llamado 'mujeres contra el sexo' compuesta por esposas hinchadas las pelotas de tanta rutina, porque en reflexiones como esa el sexo, el acto, coger, sólo se circunscribe al mero acto físico. Y allí se han perdido las luces de su fantástica experiencia. Coger es dar y recibir. Coger es sentir el cuerpo, el calor, el olor de la otra persona. Y no se trata solamente de ponerse así o asá, no se trata de la habilidad ni de la cantidad de guarangadas que se dicen (que son maravillosas si vienen extasiadas), ni siquiera se trata cómo termina, no sólo de eso. Es un combo. Y al escucharlo tan vapuleado me sentí herida porque dar es en definitiva un acto egoísta, porque cuando uno da pretende recibir lo que da. Si en el tránsito por mi línea de tiempo me encuentro con que a esta altura el sexo es un despojo, es un mero reflejo del deber marital, y me tengo que acostumbrar, entonces sí, me siento herida.
Ya vengo, voy al baño a llorar por mi desilusion y vuelvo.

sábado, 24 de octubre de 2009

Ad eternum

De nuevo sale el tema en cuestión, se arremete, porque no es cuestión, oiga.
Yo ya hice alusión a este asunto, pero se sigue debatiendo en cafés femeninos y charlas de medio día.
Por ejemplo, el otro día paseando con una amiga salió el tema, porque nosotras cando no sabemos de qué más hablar hablamos de hombres y sexo, porque ese tema anota porotos, porque sabemos que va a ser productiva la conversación, porque al menos si no aprendemos nos vamos a divertir.
En fin, salió el asunto de la estrechez de pito, de la falta de tamaño, de la poronga chica, o sea. (La que no haya tenido una experiencia así que tire la primera piedra.)
Me acuerdo de una vez que charlando con alguien, mujer ella, cuando le comenté de una experencia propia a raiz de la cual yo estaba furiosa, me dijo: 'Y bueno, qué querés, que no cojan? Tienen pito chico pero no por elección, no tienen la culpa'. Y sí, pensé, el flaco en cuestión le puso mucha actitud compensatoria. El pibe del chizito era simpático, muuy buen mozo y tenía mucha y buena labia.
Cuando, más cerca en el tiempo, salió la conversación nuevamente mi compañera de turno fue mucho más radical, más concisa en sus decisiones: 'Qué? no, no, yo nunca más.' Estaba muy convencida de lo que decía, me gustó su firmeza ideológica, logró desterrar los fantasmas de mis pitocortis pasados. -'Yo me fijo antes. Yo me los chapo, siempre fuera de casa o del telo o de su casa porque una vez adentro estás en el horno, ya es tarde. Yo los tanteo, les meto la mano en la bragueta y mido. Nunca puede ser menos que esto - dijo, haciendome una seña con la mano - porque es triste. Esta mano es un gallinómetro, es una herramienta que yo misma modelé y anda bien, no me ha dado un disgusto - se miraba la derecha con orgullo - en fin. Yo manoteo la gaviota, si veo que no hay cuorum me levanto y me voy'.
'Pero no - le dije yo, quizá demasiado jóven e inexperta aún - no podes hacer eso. Es una cuestión de código. Si llegaste hasta ese momento, si le llegaste a acariciar el ganso aunque más no sea una sola vez tenes que bailar, te lo tenes que coger un ratito aunque sea, no da, a mi no me gustaría que me lo hagan'.
- 'Qué código? De qué código me hablás? - decía, haciéndome montoncito - No. No, a esta altura? No tengo más ganas de caretear un garche, prefiero quedarme mirando una película con un helado antes de que garcharme a un ñato del que no me doy cuenta más que por la cara si me está cogiendo o no. No me sirve, si al fin y al cabo no me lo voy a querer cruzar nunca más, de qué código me hablas?
- Bueno - agregué, sacando la carta de la respuesta de mi otra amiga - No tienen la culpa de tener un palito de la selva...
- Si, es verdad y es una pena, pero yo tampoco la tengo. Así que si se queda caliente que se vaya con su microporonga a hacerse una paja a otro lado (SIC!)
A mi su respuesta me pareció suficiente, brutal y suficiente, por lo cual no intentaré hacer ninguna reflexión al respecto.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pero vos sos la racha

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martes, 13 de octubre de 2009

Nací para ti?

Hay una canción que me gusta mucho. Siempre que puedo la escucho porque realmente me gusta. La tarareo, me sé la letra desde hace muchos años.
Y en un insight casi ajeno (porque fue en el medio de una conversación en relación a los nuevos cuernos de una amiga) me detuve en una parte que dice: 'y cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champan francés... y cena con velitas para dos siempre es con otra, amor, nunca contigo...'
Esa parte siempre me pareció pintorezca si se quiere, masculina tal vez. Pero en ese instante me pareción tremendamente triste. Y no porque sea algo habitual a lo que estamos destinados siempre bajo el lema de 'Nadie se salva de los cuernos y de la muerte', sino por la responsabilidad de las partes actuantes. O, mejor dicho, de mi responsabilidad en un caso así.
Mi amiga y su novio (o ex, no lo sé) se conocen desde hace 5 años. Viven juntos desde hace cuatro. Se conocieron en un bar a la salida de sus respectivas oficinas. Ella tenía 27 añitos recién cumplidos en esa época y hacía un tiempo considerable que andaba sola y desaforada. Le gustaba más la joda que el dulce de leche casero y no dejaba pasar oportunidad. Iba al gimnasio, a la peluquería, a bailar, a pilates, a tomar cervezas a los bares después de trabajar. Se pintaba, se peinaba, dejaba una estela de perfune al pasar, sonreía todo el tiempo.
No le molestaba no tener la casa impecable y reluciente porque en el mejor de los casos caía a dormir y a estudiar, y si no caía sola total ya estaba oscuro y nadie se iba a detener en los detalles. La heladera tenía pocas cosas y todas tenian alcohol. Tenía mucho discos y libros. Le encantaba visitar amigas, amigos... disfrutaba, en líneas generales, de todo lo que implica ser joven. Era bonita pero lo que la destacaba era la actitud.
Luego conoció a Facundo, el hombre en cuestión. Al principio todo bien, salían, cogían, se emborrachaban, lo pasaban bomba.
Después ambas partes empezaron a engancharse cada vez más y se pusieron de novios. Así hasta que terminaron yéndose a vivir juntos.
Uno se pregunta cómo él pudo llegar a dejar de querer, o querer otra cosa, que esa muñequita?
Y bueno, esa muñequita dejó de ir al gimnasio al tiempito nomás de que empezaran a salir. Obviamente no iba más a los bares after office porque se iban juntos a su casa con Facundo que la esperaba ahí en Alem y Corrientes, ambos trabajaban en el centro y se esperaban. Dejó de salir los sábados porque decía que estando de novia eso no se podía hacer de ninguna manera y dejó de ver a sus amigas y amigos porque empezó a juntarse con los de Facundo.
Dejó de ir a la peluquería, dejó de comprarse ropa sexy. Empezó a ser muy ama de casa y se volvió insufrible con la limpieza y el orden. Empezó a llenar la heladera de cosas diet, ligth y macrobióticas. Y no había dia que no tuviera olor a papas fritas en el pelo porque ella era la que cocinaba.
Un buen día encontró saliendo de un telo a Facundo con la secretaria de su jefe, una bomba sexual de 27 añitos que estaba para matarla. El día anterior habían discutido porque ella estaba dele meterle rosca con que quería tener un hijo y casarse (en ese orden de prioridades). Lo notó raro y decidió seguirlo.
Lloraba. Cuando me contaba esto lloraba, decía que había dejado los mejores años con él (es exagerada, síndrome de ama de casa) y que ya no iba a ser como antes. Porque ella era tan linda y joven antes de conocerlo... 'hijo de puta!' - decía en sus pequeños brotes de enojo - 'ahora que encontró una más pendeja se va. Seguro que es una trola de mierda que le gusta más la pija que el dulce de leche casero' - y seguía llorando.
Yo no iba a meter la cola en ese momento. Se le iba a pasar e iba a volver a las pistas no bien terminase el duelo, no valía la pena desplegar un papiro inmenso de torturas psicológicas ante cuestiones que ya a esta altura no tienen remedio.
Quizá esta historieta es un extremo, pero es el rejunte de muchas otras historias que terminan igual.
Las mujeres tenemos la manía de dejarnos, de abandonarnos a los brazos del otro como si ya no hiciera falta nada, como si el amor diera todo por entendido y dejara de hacer falta la seducción.

Y en lugar de esperarlo con un microvestido de licra comestible, lo hacemos con un desavillé de toalla deshilachada porque la ropa ahora se compra para las fugaces ocasiones de un compromiso social. El perfume lo mismo, y así.
Y para colmo venimos a creer que tenemos derecho de quejarnos porque él no nos trae un ramito de flores de vez en cuando, de que no nos sorprende con un regalito o no lo que sea.
Nos han inculcado que el amor todo lo puede, que el amor es ciego... pero nadie avisa que con el amor no es suficiente, que no es ciego y que no es por si solo una garantía de que todo será bueno y para siempre. Hace falta un cemento de contacto y para eso están los babydoll, los escotes, el kamasutra y la seducción. Si una se duerme en los laureles no puede pretender que el otro se quede ahí, abanicando nuestra absurda seguridad. No, se va a ir, yo me iría. Sin sorpresas yo me aburriría y me iría.

El amor será todo lo que dicen, pero no es gratis.

martes, 29 de septiembre de 2009

Guerra civil

En esta época, en la que los roles se dispersaron, se alejan y se acercan, en donde se reivindican algunas cuestiones del ‘Otro sexo’ al decir de Simone, se nos ha dado ver ciertas crisis de identidad (‘ver’ en el mejor de los casos puesto que la mayoría la atraviesa sin derecho réplica) en el género que me convoca y al que, salvando algunas nimiedades, pertenezco.
Podemos decir (hemos dicho) que avanzamos en la madurez filogenética levantando la bandera de la falta digna. Salimos a revolear el estandarte femenino, como una camiseta de fulbo que supo ser sostén de nuestros triunfos y desdichas en el momento en que decidimos abandonar el cómodo sofá de la tibia restricción impuesta al género, estupenda excusa para colgarse de un marido pudiente a cambio de una eterna desidia frente a la tv o a la ventana que da al patio donde están los juegos de los niños en el mejor de los casos pero fuera de la casa paterna, para salir al campo de batalla y competir por el derecho a las mismas responsabilidad de los varones, a cambio de las mismas retribuciones y beneficios. Hemos así mismo incursionado en la independencia económica. Nos dimos el gusto de meternos con los vicios mal vistos y de tomar algunos toros por las astas. Y nos fue bien! Cómo negar las masculinas estadísticas.
Pero, porque siempre hay un pero entre las líneas femeninas, ningún cambio es sin crisis. Y conllevan incoherencias y otras yerbas.
El cisma generado de la boca para adentro de aquellas que se han animado a seguir este camino ha hecho trizas el monótono discurso de la histérica asociada al ‘rosa pijama’ y olor a tarta tibia y fijador de pelo y ha pasado a generar un conflicto en el seno mismo del primitivo diván freudiano. Es así como en esta bipolaridad encontramos que el DSM debería adjuntar un nuevo item a la histeria. O dos. Por una parte está la ruidosa plumona, la gallina, digamos a la ‘Afrodita’, y, por otro lado, a la mujer maravilla, the Rock, la ´Atenea’. La primera es sensual. Es la que anda con brillantes vestidos ultracortos y los labios con una carga extra de lipgloss embadurnando el dedito que tiene entre los labios, mientras con la otra mano se hace un rulito con una parte de su leonina melena por lo general rubia. Es calientapava por excelencia. Este espécimen se puede encontrar subida a un Porche Cayene, en el asiento del acompañante.
La segunda, por su parte, es su antítesis. Es la guerrera, como su nombre lo indica. Es la que todo lo puede sin que se vea afectada por nada. Está superada, como un paso más allá de la gilada. Es capaz de atravesarte con su taco aguja de 15 cm si te ponés en su camino y cada vez que pueda va a dejar como un pelotudo a secas al partenaire de turno.
Siempre las vamos a oír diciendo: ‘No hay hombres’. Este prototipo lo hallaremos detrás de un escritorio de una multinacional o adentro de un traje negro digno de una nurse alemana del siglo pasado. (Como sucede con todo, es raro ver una clase pura. Hablamos de un quantum, de tendencias hacia uno u otro lado de la línea).
Un rasgo común a ambas es que ninguna de las dos entrega.
Y es allí donde sobreviene el conflicto, donde la ‘digna falta’ es convocada para lo que allí fue puesta. O, para decirlo de una manera comprensible a simple vista, de coger ni hablar
Es en ese momento donde, al decir de Dora, nos agarra un ‘ataque de pánico’. Yo creo que la justa nominación de este síndrome es ‘ataque de concha’, liso y llano, donde ya desaparecen las diferencias entre ambos extremos el vector antes mencionados.
Es allí donde una debe parar las antenas. Dora me dijo: ‘Es increíble la capacidad que tengo de arruinarlo todo, porque en un segundo podría haber hecho desastres’ y tiene razón. A quien no le sobrevino una ansiedad en cantidades atroces cuando a la espera de un llamado siente que la cabeza le está a punto de explotar? Quien no se la mandó en colores cuando recibió una respuesta non grata?

Son los asuntos 'del amor', eternamente circunscriptos a nosotras, lo que nos mueve el piso de una forma insoportable. Es ahí no tenemos ni idea qué hacer.
Pero calmaos mujeres, que es una baldosa más en este camino amarillo que nos conducirá al equilibrio. Como no tenemos la ayuda de los zapatitos colorados de las amas de casa de antes, se hace aparentemente difícil, pero no imposible.

Como dije antes, estamos en crisis y las crisis arrebatan. Hay que tener paciencia.
Y valor, mucho valor.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cu(á)ndo te tenés que ir

Me introduzco en este turbio tema anteponiendo humildemente que yo no tengo por qué tener la verdad, y/o decirla. Por lo general ando navegando entre divagues trascendentales que nada tiene que ver con la regla general. En todos los caso, hablo por experiencia, propia o ajena, pero experiencia al fin.
Dicho esto, lavando mis manos ante posibles vituperios contra mi persona, o reclamos sin fundamento (yo no doy ni consejos ni órdenes, solo describo) prosigo.
El título no es en vano. Sin ánimo de explayarme como un imprecedente DSM1000 dedicado a cuestiones de género, me veo en la obligación, por respeto a mis congéneres, de exponer la conclusión a la que he llegado luego de, como Odiseo, navegar por mares sin horizontes y llenos, llenísimos, de espejitos de colores.
Procedo diciendo, por ejemplo, que debería una huir cuando viene un tipo y de buenas a primera te dora la píldora exageradamente. Lo que en el barrio se dice salamero, el que chorrea grasa.
Si hubiera posibilidad de una transcripción sería algo así:
-
El: te he pasado a buscar en mi auto deportivo modelo añoqueviene, marca importada, para llevarte al mejor lugar cerca del rio, allí donde uno, prestando atención, puede oír el cántico de las sirenas que volverían loco a cualquiera. Pero ¡oh! si es tu voz la que me llega desde los confines del paraíso al cual convocó Beatricce al dolorido Dante.
- Ella: mmm si, claro... (con la boca torcida)
- Él: estás hermosa, sos una mujer divina, la mejor de todas, te veo como... como la madre de mis hijos.
- Ella: Mmm
- El: ey, a dónde vas? Esperá que no...
Andate. Bajate del auto y rajá de ahí.
Otro prototipo: El bueno.
Es ese que cuando te preguntan por qué (alguien o vos misma) estás con él y seguis probando estar allí aunque irse juntos a la cama te resuene como las cuchillas de Freddie Crugger, no sabés que responder. Ese que no te mueve un ápice de interés en ir a depilarte la entrepierna, que funciona como insecticida a todas las mariposas en tu estómago, pero que es táaan bueno que dejarlo sería un comodicidio. Es como dejar ese laburo que no te da un choto de satisfacción más allá del sueldo (superior al promedio) y la seguridad de que no te van a echar, porque está tan dura la calle... pero que cada vez que suena el despertador para ir sentís que el corazón te late cada vez más lentamente. De nuevo, huí. Si hace falta entrenamiento, laburo fino o ayuda, intentalo. Pero huí porque es verdad, el corazón se achica y lo peor es que después le sigue la cabeza.
El otro es su antítesis: el jodido, el que te enciende toda, hace que se te moje hasta el elástico de la bombacha, te babees y pierdas el apetito. Y el lo sabe! Porque ha arrancado cuanto suspiro se le haya presentado. Es un cazador, es un tipo digno de la publicidad misógina de Axe. Es ese. No va a ceder nunca, olvídalo. Nunca va a hacer algo para que vos consideres que quizá un día esté interesado en vos. Jamás. Y el día que lo haga, el día que se rinda a tus pies seguramente deje de ser el jodido y cambie de categoría y vos te aburras (yegua). Están destinados al fracaso.
Otro más? El entregado. Se parece al bueno. Te mira como si fueras una esfinge que todo lo sabe levantando las cejitas cuando vos decís algo, aunque más no sea que te gusta comer remolachas con huevo duro, o que sandía con vino es la muerte. Y asiente, claro que sí, porque vos acabas de dar en la tecla, dijiste algo que podría cambiar el eje de la rotación de la tierra. Estás en los anales de su pasado y presente glorioso. Pero él mismo ha dejado de tener pasión por cualquier cosa porque vos estás ahí ocupando un lugar tan grande, tan impresionantemente importante que el mundo se termina donde vos hayas decidido cortarte el pelo. Y te vas a aburrir como un hongo porque cuando a vos se te pase la fascinación por esta especie de poder sobre tu mascota nueva, vas a querer matarte cuando te pregunte qué querés que se ponga para salir a comer mañana. Next.
Otro posible es el imposible. Se parece al jodido pero no es un guacho pistola, no no, simplemente es narcisista, es tan egocéntrico que no te va a hacer lugar en ningún lado. Otra variante de esta categoría no tiene que ver con el narcisismo sino con el miedo. Cuando una persona (ojo, de cualquier género) le teme tanto al cambio que mover una pieza le genera un laburo insoportable (salvo que vos seas una de esas personas y Alcoyana Alcoyana! van a ser novios adolescentes ad infinitum pero tranquilos los dos), te vas a tener que correr porque cuando vos pretendas algo diferente a lo que ya para esa altura tantos años vienen teniendo te vas a encontrar con que es imposible. Y no es de mal pibe, se trata en este caso de una imposibilidad. No puede y punto. Andate, en este caso, sin rencores. Pueden ser amigos, coger de vez en cuando y todo.
Otro más es el correcto. Este es proveedor, es casi nutricio. Va a prever que no te falte nada: comida, artículos de limpieza, ropa, belleza, calor, comodidad, transporte, etc. Vos vas a estar tan contenta al principo... porque vas a renovar tu guardarropas, capaz que hasta te haces un par de viajes, te blanqueas los dientes, haces la dieta en Figurella y vas a pilates cerca de tu casa. Todo eso. Salvo que un día te vas a dar cuenta de que sos Rapunzel y, lo peor de todo es que no tenes el pelo lo suficientemente largo como para que alguien pueda venir a rescatarte. Todo eso que te dio, mamita, no era gratis, y ahora te encontrás con que le debés muchísimo (se encargó de pasarte la factura a esa altura) y te queres ir a la mierda pero te pesa la culpa, la deuda moral. Con ropa nueva, pero te querés matar.
Uno más es El perfectoide. Ese te trata bien, vos ves al principio que anda de mil maravillas, que es bueno, que se preocupa por vos y te llama, te pasa a buscar. Es impecable. Es fácil. Te trata bien, como una reina. Y vos te sumergís en una vorágine de tantas cosas que cuando te querés dar cuenta pasaron dos semanas desde que le diste el teléfono y ya conocés al padre, a la madre, a los hermanos, los amigos, fuiste al casamiento del primo y bailaste el bals hasta con el perro embalsamado del abuelo y te sacaste fotos con las amigas de la novia de la cual aun no sabes el nombre. Te pusiste en la fila para sacarte el ramo y saltaste. Luego te quedaste el sábado a la noche cuidándole el sobrino viendo Backiardigans por la tele. Lo peor de todo es que no tenés la más puta idea de cómo llegaste ahí, pero estas en el baile y estas bailando como si supieras. No sé si es a drede o no, pero es una estrategia maravillosa para que no te detengas a pensar ni un segundo en lo que estás haciendo. Y el último, el mamero, del que tenés que huir sin preguntártelo siquiera es el que llama a su madre todos los santos días de Dios, que la llama, peor, tres o cuatro veces al día para contarle que se le enganchó el pantalón en una rama cuando se fue a comprar el sambuche a la esquina que, por cierto, no es ni será jamás como el que hace ella. Y que luego de verla en la comida semanal en la casa de mamuchi llega a su casa y lo primero que hace con desesperación es llamarla para contarle andá a saber qué carajo pasó en esos 15’ que pasaron entre que se fue de su mesa y llegó a su puerta.
En fin, podría seguir, podría seguir cualquiera que lea esto y opine, todas (y todos) tenemos algo para agregar.
La triste verdad es que ninguno está exento de todo. Ninguno está completamente fuera de alguna de estas categorias (y las otras que no he mencionado).

Se trata siempre de saber buscarlo, nadie es perfecto y para eso existe el perdón. En definitiva, el único acto de amor consiste en ceder, tambien en eso consiste la única manera.
O sea, hay esperanza.
Más allá de eso, siempre, siempre se trata de buenas y malas combinaciones.
Hubo uno que dijo alguna vez:
Cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa. En otros, el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza.