domingo, 2 de mayo de 2010

Dra. (des)Amor.

Una de nuestras oyentes, Marcela, nos escribe:
Tuve una relación que terminó hace un mes. Como siempre, ha debido terminar antes, pero bueno, siempre es igual.
Fueron 3 años juntos, y ha tenido varios quiebres. Al principio era yo la que comandaba todo. Él se presentaba rendido a mis pies, muerto de amor y a mí me daba una gran ventaja. Hacía y deshacía a mi antojo. Luego se dio vuelta la tortilla cuando la que quedó en desventaja fui yo, y ahí las cosas empezaron a ser caóticas. Hubo situaciones que no quiero recordar, situaciones de abuso que no tengo que olvidar (no me refiero al abuso sexual, claro, me refiero al otro, al peor), manejos, contestaciones, reproches.
Yo siempre sentía que no era suficiente, que cualquier cosa que yo hiciera, cualquiera, no iba a alcanzar. Después empezaron a hacerse explícitas en algunas caras, algunas respuestas (del tipo: ‘se ve que ya no me importás tanto’, o ‘Yo doy todo y vos...’, o la lisa y llana ’me das vergüenza’), actitudes. Hasta que un día me dijo que me vaya, que consideraba que si yo seguía así (se refería a mis horarios de trabajo, soy enfermera) no iba a poder ser. Fue más larga la discusión, yo me quise quedar, pero sostenía su postura entonces me fui. (Estaba en su casa, como siempre)
Luego empezó el quilombo. En el transcurso de dos días pasó de proponerme una vida juntos a anoticiarme de mi muerte, para luego arremeter con el plan anterior.
-‘Pero vos me dijiste que me fuera’
-‘Pero yo digo una cosa queriendo decir otra’
Un buen día, pasada la bronca (la mía) nos juntamos a hablar. Yo estaba dispuesta a pedirle mis cosas que quedaron en su casa, a mandarlo a la concha de su madre si hacia falta, a batallar con la frente alta. Finalmente había podido ver qué cosas habían pasado. Pero él se presentó diferente, me dijo que me pedía disculpas, que empezó terapia y que había visto sus errores, que era la mujer de su vida y que no me quería perder, que por eso me pedía disculpas, que me tome libremente el tiempo que necesito, que lo entiende. Que tiene planeado una vida mejor para nosotros, que admira mi vocación y mi voluntad de trabajo, que soy yo.
- 'No te pido una respuesta, solamente te pido disculpas'.
Ahí fue que me estalló la cabeza, hasta ese día yo había tomado una decisión, ahora no sé.


Marcela.
Creo haber oído esta historia en muchas ocasiones. Lamento decirte que a esta altura no hay un cambio posible, no con vos.
Andá sabiendo que la cabeza te estalló porque tenés miedo de la decisión que tomaste, porque buscaste la excusa que fuera para dudar de eso. Te digo lo que va a pasar si volvés: vas a tener una pequeña luna de miel, un encuentro cercano en donde por unos 10 días van a chocar los planetas en cada ambiente de su casa (va a volver a ser la de él, más bien), luego se van a ir dando las cuestiones anteriores porque la escencia no se pierde nunca, no hay terapia que pueda erradicar eso (Y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño...). No es una mala persona, vos tampoco, se trata de una pésima combinación. Lamentablemente este tipo de relaciones empobrece, tanto empobrece que una termina pensando que no es merecedora más que de eso. Te dejaste abusar, vos estuviste ahí para arremeter contra cada demanda cuando sabías en el fondo que para él no hay poronga que venga bien. Y vos estabas ahí haciendo malabares para que te acepte, para ser suficiente por una vez. Si volvés, después de esta luna de miel, van a empezar los reproches nuevamente. Te va a pasar factura porque lo dejaste, va a empezar a decirte que tu trabajo los separa, que por algo será que ya no le interesás tanto. Te suena?
Ahora bien, Ya le dimos al hombre, pero vos no sos inocente. Vos estás ahí por algo, no sos una víctima. Vos te deslizaste plácidamente por ese rol. No te quiero hacer sentir peor, pero vos sacas algún beneficio de todo esto y no tiene que ver en absoluto con el amor. No digo que no lo haya, simplemente que a ustedes no los une el amor, sino el espanto.
Y te estalló la bocha cuando te encontraste conmovida en ese lugar, fuiste a pelear la batalla de siempre y él te puso la banderita blanca arriba de la mesa, desenfundó antes que vos y te dio entre los ojos.
Me parece que es momento de que hagas algo distinto, de que dejes de repetirte y te hagas cargo de lo que te toca. Hoy no es posible hacer con él algo diferente a lo que venías haciendo (y resalto hoy porque hoy son esto, mañana no sé). Es cuestión de animarse.
Espero que seas lo suficientemente libre como para elegir otro camino.

miércoles, 14 de abril de 2010

Ser o no ser.

Vi una película, una muy femenina, es decir, muy para mujeres.
Las protagonistas eran 4 o 5 que, entrelazando historias van contando cómo atraviesan sus obstáculos en lo que respecta a sus relaciones de pareja.
Todas tenían modalidades distintas, todas iban transitándolas a su manera.
Y yo, glotona, me vi identificada en todas, absolutamente todas las mujeres que alli se desenvolvían, pasé por esas experiencias en algún momento de mi vida. Pero no era eso lo que quería decir.
Hubo algo que me quedó incrustado en la cabeza como una estaca, y como tal, me dolío y aun la retengo (finalmente, como dice una amiga, todo giraba alrededor del amor)
Una de ellas, la más 'sufrida' al principio fue la que manifestó su teoría en actos y en palabras.
Ella finalmente descubrió que existen reglas y excepciones, y estas categorías son necesarias y excluyentes. O sea, al decir de Sartre, no se puede quedar fuera de alguna, ni se puede estar, al decir de ella, en las dos al mismo tiempo (eso es lógico)
Decía que todas nos consideramos la excepción cuando en realidad la mayoría somos la regla, la triste y mediocre regla. Y ahí me fui en recuerdos. Me acordé de cómo lloraba cuando mi primer noviecito de los quince me pegó una patada en el culo y me sacó del que en aquel momento era, para mi, el paraíso (recuerden que a esa edad una sufre por amor como nunca en su vida va a volver a sufrir) y alguien se sentó al lado mio, en una de mis diarias crisis de llanto, y me dijo: seguramente es un tiempo, y va a volver. Vas a ver que sí.... Y no asomó la napia ni de casualidad.
O en otra vuelta, una amiga se volvió a juntar con uno que habia sido su novio durante varios años, y claramente el indiscutible, luego de un lapso de cuatro y varias cuestiones en el diome, una esperanza resucitó cuando rememoré la propia, mi historia y esperé sin llegar a ningún puerto (es más, fue un patético naufragio) que me sucediera algo parecido...
Tambien recordé historias ajenas (aunque todos los hombres son el hombre)en las que llegado el cuento a los oídos interesados y necesitados volvían a arremeter contra el duro frontón del fracaso. Y obviamente salían heridas.
(La que espera que el tipo se divorcie de su ex mujer, o que el amante la deje, lo que es peor, la que espera que cambie, y así, ad infinitum)
Qué lo parió! - dije, como iluminándome de una vez y para siempre e irreversiblemente - soy la fucking regla!
Y sí, pasa siempre. Todas nos enganchamos en el tren de la alegría de otra persona, de la que tuvo el final feliz que hubiéramos querido para nosotras, y todas recurrimos a la respuesta que queremos escuchar, todas indefectiblemente nos ferramos a la idea de que a nosotros nos puede pasar lo mismo...
Esa noche no me pude dormir. Esa noche fue desesperanzadora. La película continuó. Era una producción norteamericana y como tal ofrecían el final feliz contradiciendo la teoría expuesta antes por la más desdichada de todas: todas ellas allí fueron la excepción.
Y sin embargo al otro día, cuando me detuve a releer mi triste reflexión, alguna grieta se me abrió y comprendí. Finalmente creo que se trata de una decisión ser o no la fucking regla. Solamente se trata de atravesar con valentía lo que nos ha tocado en suerte. O en desgracia. Solamente aquel que no puede soltar las amarras de un pasado glorioso, solamente quien no se anime a pispear lo que viene después o si mplemente lo que viene será, lamentablemente, la regla.
La película en cuestión es 'Simplemente no te quiere' y la recomiendo para un viernes, nunca un domingo lluvioso, nunca sola. Pero la recomiendo.

sábado, 3 de abril de 2010

Es una posibilidad, no sé...

El otro día una amiga me contaba una situación que tuvo, a través de la cual se recibió de ingenua, o que, luego reflexionamos, ese fue su bautismo de fuego.
Advertencia: Invito a que en este momento se retiren aquellas y aquellos cuya reacción ante la manifestación de soledad sea del órden de lo angustioso ya que lo que van a 'ver' a continuanción tiene directa relación con eso.
En fin, mi amiga, llamémosla Dora (cuándo no) estaba con ánimo festivo pero sin con quién compartirlo entonces decidió hacerlo dignamente, y sola.
Se metió en un bar, el que más le gustó (esas delicias de la libertad) y se acodó en la barra. 'Una mesa para mi sola hubiera sido patético' me dijo, cuando me contaba lo que sigue.

Agarró la carta y eligió. Como le gusta el vino tinto estaba apunto de pedirse una copa cuando en un fugaz cálculo mental se dio cuenta de que no iba a tomar una sola, y que a tal efecto le convenía comprar la botella entera y que quede lo que quede (otra delicia de la libertad).
Entonces estaba ella, diva, sentada en la barra con el tubo lustroso y apetecible en frente, y la copa que ya empezaba a tener estrias violetas y alguna que otra marca de pintalabios por el borde.
El punto fue que el cálculo le quedó corto y no pensó en la otra cara de la moneda: la copa acorta el límite, el tubo te abre la puerta a un mundo de sensaciones. Y ella no era de las que se caracterizan por su determinante fuerza de voluntad.
Lo peor es que se dio cuenta del asunto cuando estaba alegremente hablando con el de la barra (que no sé por qué me lo imagino como el marinero de Los Simpsons), y cuando se dio vuelta en su butaca y vio que el ambiente se tornada un poco denso vio que sería hora ya de arrancar. Le duró poco. El señor de la barra la volvió a distraer contándole sobre los orígenes del bar (a Dora le gustan indefectiblemente los tugurios, no hay tu tía) y ella, codito deslizado hacia adelante, el puñito cerrado dejando el lugar suficiente para apoyar la mejilla de turno escuchaba atenta mientras que empinaba la copa, siempre llena, con la mano libre.
Y la cosa se iba poniendo gomosa, andaba ya en ese estado de encapsulamiento mental que únicamente aquel que ha tomado vino con el estómago vacío es capaz de entender. Uno sabe dónde está, se cree conciente y capaz de tomar decisiones correctas y saludables. Uno apuesta a que tiene todos los reflejos y que haría cosas sin que los demás se enteren que tiene un pedo álgido, y que podría irse como una princesa si quisiera.
Recreo la conversación final.
- Este lugar era un teatro antes, viste que tiene algnos recovecos raros...
- Ah, se... - dijo ella, interesada.
- Es más, atrás hay un espacio en donde se juntaban a ensayar musicos que hoy son famosos, pero en aquel momento andaban tocando por lugares como este. Estpa muy bueno, las paredes escritas...
- Mirá vos...
- Sí... querés que te lo muestre?
- Y bueno, dale, mostrámelo.
Y luego, cuando de nuevo volvía en taxi con las tetitas de goma en la mano porque no entraban en la carteríta de bataclana que prometió no volver a usar hasta que estuviera dignamente acompañada, se dio cuenta de que era todo mentira (sobre todo cuando en una fisura del efecto del vino de cuarta que habia tomado logró preguntarse 'qué hago acá!') de que lo barato sale caro y de que, encima, no iba a poder volver a ese lugar.
Es una pena.

martes, 16 de marzo de 2010

Drenaje linfático

Un hombre le dice a otro: yo soy racista, no me banco a las mujeres y a los carteros.
y el otro, su interlocutor, le pregunta: por qué no te bancas a los carteros?
...
Dias atrás, en una reunión, un participante largó: las mujeres estan cada vez más putas.
- Qué querés decir con 'más putas'?
- que no son las de antes. Antes las mujeres no laburaban, no salían, tenían hijos... dónde están las mujeres de antes?
- Antes, están antes - dije - y definitivamente, con esa vida deben estar pesando unos 130 kgs.
- No... - insistió - desde que les dimos más libertad, están más putas, todas. No es lo mismo.
Días más atras, mirando tv, en uno de los canales de series vi un adelanto de una que creo que empezó la semana pasada, o la anterior... hace poco. Es una que dice, (o que profesa!) que 'los caballeros las prefieren brutas'. Me quedé mirando de qué se trataba y, en los breves 2 o 3 minutos que se dejó ver aparecía un señorita muy linda, que supuestamente era una profesional exitosa e independiente a la que le va bastante mal en el amor. Entonces dejan ver a mujeres enfundadas en vestidos cortísimos, jeans peligrosos, escotes impensados, andando por la vida quejándose de la mala suerte de ser empresarias porque, ¡oh ay de mi!, no seremos felices nunca en el amor.
Me pareció al principio graciosa, una rara parábola centroamericana de los avatares de alguna tetona pero inteligente despechada que se descargó en un libro en la que los incluía a todos... pero sobre todo, a todas.
Y andaba quejándome de aquello, protestando por la sensación de que me están boludeando cuando me tratan de inculcar que hay que hacerse la estúpida para conseguir un macho (otra más, la colombiana: 'Sin tetas no hay paraíso'), cuando veo un cartel de esa fatídica obra de teatro que reflexiona que no será feliz, pero tiene un marido. Bueno, pensé, estoy errada?
Luego anduve por la calle, por la bendita Santa Fe y una invasion de imagenes coloradas invadió mi campo de visión: día de la mujer, 8 de marzo. Las bombonerias, las florerias, las casas que venden sábanas y toallas, las zapaterías, carteles del Gobierno de la Ciudad que nos invitaban a participar de maratones femeninos, (y yo no podía dejar de imaginar a hombres entrados en calor y en años viéndolas correr... pero eso es mio, sorry)
Y casi que veía a un batallón de féminas orgullosas de lucir sus correspondientes remeras numeradas correr una maraton como si fuera un estandarte. Pensaba luego en todos los hombres yendo a comprarles pequeñas bombachitas. Me imaginaba a las mujeres aprovechando la fecha para recibir sus espejitos de colores... haciéndose las brutas, o las felizmente casadas.
Y son pocos los que recuerdan, o peor, se interesan por el motivo de la fecha. No es cuestión de hacer aquí una reseña histórica sino de recordar que no es un día que se festeja sino que se conmemora. Debería ser un día que nos recuerde que no deberíamos cometer atrocidades nunca más.
Y no quiero hacer una apología del socialismo recalcitrante, no me voy a poner a batallar contra el sistema, ni contra las estrategias de venta. A mi me gustan los regalos y los celebro con alegría. Los recibo, los agradezco, pero no me refiero aquí a ello, no es eso lo que me molesta.
Mientras pienso todo esto recuerdo con un poco de asco, tristeza si se quiere, que quienes no recordamos esto somos principalmente nosotras, que andamos por los bordes. Que respondemos como si fuera una formación reactiva: o salimos a con banderas a proclamar por nuestros derechos revoleando setentistas corpiños o lo hacemos por atrás, como si hacerse la estúpida, o la bruta para que los caballeron nos prefieran nos reinvindicara en nuestro estatuto del otro sexo, al decir de Simone, o del sexo fuerte. Como si aullar con los lobos, siguiendo a Sigmundo, nos evitara el laburo o el título de ser más putas que antes.
En fin, estas cosas me producen enojo, me permito la protesta porque de ninguna manera creo que diferenciándose a traves de pancartas o estrategias genere la igualdad. (Ojo, tambien creo que la igualdad, la tan mentada igualdad entre los sexos, tiene demasiada prensa) No somos iguales, nunca lo seremos ni queremos serlo. Eso no significa sin embargo que tengamos que ser más putas para tener éxito.
Por eso, mujeres lectoras, basta de mails pelotudos con frases de power poit que revindican a la mujer felina que batalla contra las adversidades para hacernos sentir bien(?) una vez al año, porque el resto de los dias con un simple mensaje de texto recibirás muñecas en tanga en tu celular.
El día de la mujer debería ser el día hábil inmediatamente posterior día del hombre, y el regalo más interesante, dignidad todos los días del año.

jueves, 11 de febrero de 2010

(in)contingencia

Las mujeres tenemos una cuestión que aún me cuesta descifrar, me genera una gran duda: En qué cubículo de mi biblioteca la ubico? En la parte de novela rosa? En la parte de historia? En el nivel de Psicología? En el de filosofía? El de ficción? Me refiero a la constancia femenina.
Las mujeres solemos ser constantes. Hay una publicidad de desodorantes que me desdice en algún punto y no está tan errada, después volveré sobre ello.

No sé si se trata de la constancia que se sostiene a través del tiempo, lo que sucede es que cuando queremos algo, lo que sea, vamos a romper los huevos de quien tengamos enfrente hasta conseguirlo. Y funciona. No por nada el mercado tiene múltiples ofertas para ellas y no tanto para ellos. No por nada las mujeres tienen 32 pares de sandalias de diversos colores (y siempre lugar para uno más, porque no sabemos qué ponernos) cuando los tipos se arreglan con dos o tres pares de zapatos (uno de zapatillas, unos de verano a veces, uno para el laburo que también usa para los casorios) y un par de ojotas.
Pero la duda se me representa, esto que decia antes de que no llego a descifrar si es virtuoso o detestable ser así, cuando se nos pone enfrente algo que no podemos conseguir.
La publicidad que mencioné, que dice que las mujeres se cansan rápido, es posta: nos cansamos rápido de lo que ya tenemos (somos histéricas, tenemos un agujero que se acomoda a múltiples objetos, no lo olviden), pero nos encajetamos (otra vez el agujero) con lo que no. En eso somos constantes, en eso no paramos. El asunto es cuando lo que tenemos entre cejas es inalcanzable o imposible. Me pueden pueden decir: El objeto es siempre inalcanzable porque nunca es eso lo que queremos. Ma qué pindonga. Se padece terriblemente aunque Freud venga a perjurarme que no era eso.
El caso, el ejemplo que funda el cimiento de este relato es el de los tipos. Ayer hablaba con una conocida (mi trabajo consiste en escuchar) que me contaba que hace dos años y pico que está con un tipo. Que el tipo es un pobre pelotudo (eso lo digo yo) que a ella la saca de las casillas, que le provoca violencia física. Ella es una preciosa cirujana cardiovascular que tuvo una vida tranquila siempre, hermosa, delicada y dedicada, un bambi de las praderas que cumplió su sueño de venirse a Capital desde Misiones para poder realizarse profesionalmente. A sus 26 años conoció a este infeliz, que carga con una mochila que no se va a sacar nunca: una flamante ex mujer y dos hijas pre adolescentes. Y esta sufre como una condenada porque él nunca cede. Encima le pide comprensión. Le dice que entienda que su pobre ex está sola y tirada por su culpa entonces va asiduamente a verla. Y la ex aprovecha, y se pavonea frente a la nueva a través de desopilantes mensajes de texto y bla bla. La historia es harto conocida. El tema es que la cirujana anda cirujeando en este, su novio, que nunca va a salir de ese lugar porque la relación, ahora, implica a tres personas, por mas que le revuelva la basura no va a encontrar más que eso: basura. Y la única que le queda es irse... pero se queda. Y sufre, y repite y se llena de ira que salpica todos los ámbitos de su vida.
- Imaginate! - me dice - no puedo operar a nadie en estas circunstancias. Lo puedo matar!
Y tiene razón. Y acá es donde pienso que la constancia puede ser dañina como una araña pollito. Desvirtúa, crece, se hace un cayo y siempre, sin ninguna excepción, duele.
Lo único que se me ocurrió decirle es que raje, que se vaya de ahí, ahora, ya mismo!
- No puedo... - me dijo, mirandome a los ojos
Y la entendí.
- Ya sé, pero yo te ayudo - le terminé de decir.
Algunas, las que han andado por ahí, me van a entender.
Para terminar con humor, la moraleja:
'Es al pedo repujar cuando la poronga es chica''.

martes, 26 de enero de 2010

Anécdota

Es claro que cuando, luego de pasado un tiempo imprudente y una está ´sola', sin una fija (que alegremente rima con 'pija'), entra a buscar en los archivos mentales los rastros de algún anterior soldado rescatista.
Una sieeeempre guarda las agendas viejas, incluso las que tenemos de cuando no existían los celulares (Oiga, que algunas solteras aun tenemos esas tradiciones) y, quitándole el polvo del olvido entramos a buscar algún nombre que contenga buenos recuerdos.
Y alguno sieeempre hay, incluso algunoS, entonces tiramos unas cuantas redes, en el mejor de los casos un mediomundo, para ver qué pescamos.
Todos los días religiosamente una revisa qué nos ha traido el mar.
Cuando van pasando los días y no llegan respuestas, o la respuesta es 'me casé tengo 4 bepis y se me cayó el pelo en una medida directamente proporcional a lo que me creció la buzarda, pero si querés podemos...', una no termina de leer porque empieza a deletear, 'next, next' clickea una con la desesperación del que es perseguido por un muerto vivo... porque es efectivamente perseguida por un muerto vivo. (Mis disculpas por las ilusiones desperdiciadas, una también sufre por los estragos del tiempo).
Y se va desesperando, una sensación de fracaso invade la médula espinal con el paso aletargado pero inexorable. De a poco y a medida que van pasando los días se da cuenta de que ya no era como antes, aquellos dorados tiempos en que una levantaba el dedito y había unos cuantos muchachones esperanzados mirándonos con ojos de chicos que esperan abajo de una piñata. Ahora no, ahora cuanto menos somos la piñata. En fin, no quiero herir susceptibilidades, he dicho ya que una sufre los estragos del tiempo, para qué escarbar ahi.
Pero un día, ya cuando nos estábamos haciendo a la idea de abandonar la trinchera de la eterna espera, cuando empezamos a pensar sin querer que un perro, un Caniche Toy por ejemplo no es tan mala compañía porque al menos hace que una se entretenga pensando los gastos que implican las vacunas y eso, ya cuando una se abandona en la heladería como si fuera un mundo de sensaciones aparece, tímido allí, como quien no quiere la cosa, una pequeña línea en negrita en la bandeja de entrada. Uno picó. Uno picó!!! San Revolcón escuchó mi plegaria y se me da. El jueves mojo, me entierran la batata, abro el garaje para cualquier auto que se digne, la pongo... el jueves, finalmente, cojo.
Dejás el Caniche en la heladería y te armás hasta los dientes, te ponés el kit de emergencias que tenés allí apartado desde que empezaste con esta cruzada desesperada (una tanga roja de saten elastizado cuyo hilo dental desaparece inmediatamente después del huesito dulce, un corpiño o 'soutien' al tono con un push up tormentoso pero necesario, unas tetas de plástico blandito para darle fundamento, una pequeña liga que finalmente optás por no ponerme porque no combina con la celulitis)
Y una sale, y que pin que pan, zaraza zaraza. Se termina la botella.
- Querés algo más? - dice él, caballero.
- Sí, claro, lo que sea que se pueda tomar estando horizontal - decís, apurada.
Un guiño y al auto.
- Tu casa o la mia?
- La tuya - (Siempre es mejor irse que echar, pensás)
Y dale que va, palo y a la bolsa. Le damos masita a lo tonto y a lo loco. te sacás todas las ganas juntas.


'Hermoso, memorable... pero es una pena' - repetís en voz baja cuando volvés a casa en taxi con las tetitas en la mano porque no entran en la carterita de bataclana que combinaba con la tanga, entre indignada y dolida porque no pensaste en la opción de ser echada cuando elegiste dónde revolearla.
Y así una llega a su casa y se saca todo vestigio de esa noche, que aunes porque te despacharon antes de que amanezca. Pensas a tirar las tetitas pero te da pena. 'Cuando se me pase la bronca me va a causar gracia', pensás.
Y te vas a dormir, y conciliás el sueño pensando un nombre para el perro.
La desesperación suele llevar a hacer malas elecciones. Las malas elecciones nos devuelven al punto de partida, pero con una mala experiencia.
Al otro día me compré un perro policia, pensé en ponerle 'Reemplazo', 'Desesperación', 'Excusa'. Finalmente le puse 'Dignidad'

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez sopa, perdón, sola.

Cuando me vino a decir 'No te quiero más, chau' y se fue, cuando después de un ratito se me pasó el estupor, me encontré sentadita en el rincón de siempre, llorando a mares, rodeada de una alfombra de bollitos de papel viscoso, un rollo de papel higiénico por la mitad y la nariz roja como un borracho.
Luego, y definitivamente, con el paso del tiempo no atravesé todos los estados, como suele decirse, sino que me estanqué en la tristeza más radical y absoluta.
Sentía que se me había salido una pieza fundamental, estaba de pronto renga, manca, muda, vacía de un rato a otro. Me quedé con muchas cosas en el tintero, entre ellas el corazón en muchos pedazos y un nudo en la garganta. Estaba como shockeada. Absolutamente todo pasó a ser secundario, todo lo que me importaba tenía que ver con él.
No podía concebir, más allá del amor perdido y del fracaso (que me excede en este espacio), que todo fuera tan repentino, que todo se hubiera modificado de golpe, que se haya ido a la remierda mi castillo camusiano. Me sentía como en el medio de la nada en tarlipes y sin saber cómo salir de ahí, con el pecho rasgado como si fuera de papel y alguien se hubiera tomado el trabajo de romperlo. Estuve unos días sin poder dormir, subsistiendo a pucho y mate.
Sin que se me pasara la tristeza un día empecé a moverme. Me apegaba con solemnidad, la solemnidad de un chico, a cuanta cadena milagrosa me llegara por email. Me colgué cintitas rojas, hice feng shui, corrí los muebles de lugar, le pregunté a un mazo de cartas por mi destino... pero el teléfono ni de choto sonaba.
Pero un día me dio hambre y morfé con descaro. Y me dio sueño y dormí la noche y la siesta de un tirón. Y cuando me levanté me embadurné y salí. El sábado a la noche dejó de ser un tormento para mi. No me sentía fantástica pero seguía.
Hasta que una noche fui a una fiesta. Medio obligada, medio por un criterio moral, medio por culpa. No había nadie en ese recinto que tuviera menos onda que yo. Estaba depositada en un sillón mirando con rabia a la gente que sonreía. Sin embargo se ve que en elgún momento relajé el cejo porque se me acercó un chiquitín, un duraznito dulce y tierno que me decía 'Mirá lo que sos, y acá sola... cómo te llamás?'
Y en ese segundo en que decidía si le respondía la verdad o cualquier verdura varias cosas me pasaron por la cabeza. Primero me puse nerviosa, se me revolvieron las tripas como si tuviera 12, mientras el seso formaba alegremente la frase 'No... no... qué bardo!' Luego entré a comparar como una marmota (y como si hubiera punto de comparación, por el amor de Dios!) al duraznito en almibar con el otro, el que días antes se habia rajado. Después pensé 'no, qué garrón, otra vez con esto... No estoy para estos trotes. Me tiro al piso y me hago la muerta...'
Luego le sonreí y le dije mi nombre, el posta.
Después de un rato la frutita se fue, seguramente a revolotear por la ensalada de frutas, quizá estaba entretenido pelando el carozo de alguna que otra duraznita más tiernita. No importaba, yo estaba satisfecha. Me puse lip gloss en la trucha y me fui a bailar con las demás.
Cuando terminó la noche y llegué a mi casa (sola y en taxi) aun sonreía, serena. No era tan grave después de todo. Luego de sacarme el maquillaje, me lavé la cara.
Y frente al espejo pensé: estoy vivo todavía.