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Enviado por Anna O.
Cuando una pasa mucho tiempo en pareja adquiere vicios y mañas, adquiere costumbres. Y cuando se separa el duelo también (o sobretodo?) consiste en la dificilísima tarea de andar cambiando o tales vicios, mañas y costumbres. No es una tarea imposible es que somos vagas, estamos grandes, ya nos habíamos amoldado lo más bien como para sopor(rrr)tar un catálogo de cosas que de otra forma no hubieramos concebido. Pero cuando no queda otra finalmente una incursiona y la mayoría de las veces, si no todas, sale airosa, incluso mejorada. Una nueva version de si misma sale a la luz como un brillante sobre el mic (sic).
Resulta que un buen día aparece otra persona en el horizonte. Cuando ya te habias acostumbrado a estar así, o sea, cuando ya habias adoptado otras mañas y vicios nuevos viene un ñato a desestabilizarte.
Y dudás, y creés que no podés dejar pasar la opción, ya sea porque tu madre te dijo que estabas hecha una solterona o porque cuando festejaste tu último cumpleaños sobraban un montón de velas y mucho espacio. Y además el ñato tiene algo que vale la pena. Te gusta. Y vas. Y te encontrás con un montón de escenas de las que te habías olvidado de tanto estar noviando y que definitivamente quisieras saltear pero no se puede, y de pronto se torna trabajoso, se engoma todo.
Es como cambiar de psicólogo. Una ya no tiene ganas de recorrer tan mesuradamente los firuletes de la seducción. Que está buenísimo, "es el mejor estado" y dale nomás pero cuando ya pasaste esa liñita que te da la pauta de que ahi te vas a quedar. Una ya sabe cuando va a morir luego del polvo o cuándo vas a querer seguir viendolo. Entonces tanto rodeo es deliberadamente al pedo.
La peor parte es la espera. Qué mierda. Y voy a hablar de mi en esta ocasión porque el relato es desgarrador y merece un lugar en el aire... a ver si alguien lo escucha. Yo soy la peor. Salgo con un pibe (insisto, creo haber aprendido a identificar algunas señales. Creo, o al menos he podido saber cuándo el pibe me va a volver a llamar, cuándo no quiero que me vuelva a llamar, y cuándo me encantaría que me llame pero no va a ser entonces saludo las ilusiones con un chau acompañado con una mueca de desilusión cuando me voy de su cama al otro día) y está todo bien. Da para una segunda vuelta aunque sea para ver si no estabas bajo el efecto de algún psicotrópico o de los dichos de mi madre esa noche y para ver si es realmente así. Y salí y, amena sorpresa, era así y da, ¡encima! para una tercera vuelta. Magnífico, 'entrás en el círculo de nuevo. Estás en el mercado otra vez' me dije. Pero aparecieron esas zonas grises, pantanosas. Ya había perdido el training y la verdad extraño la 'comodidad del hogar'. Lo llamo? quedo como una arrebatada si lo llamo?. No lo llamo. Le mando mje d txt? y si no me responde? No le mando. Y me manda! Aleluya! Y yo me hinflo toda, porque vencí mi ansiedad y le respondo. Y no contesta!. Entonces me doy manija a lo loco. Y pienso: Le habrá llegado? le habré dado pie para que responda? Y agarro el tel y lo dejo unas 15 veces.
Y pasan algunos minutos que parecen mil y escucho el piriiiip del mensaje de texto. Cuanto stress, dejate de joder! Relajáte... me digo. Y pasa. Arreglamos para salir nuevamente. Teniendo como norte las primera o la segunda salida, en la que lo pasamos maravillosamente, de pronto en medio de la cena se genera un silencio.
Y entro a manijearme de nuevo. Y pienso que capaz que está aburriéndose conmigo. Y no lo puedo preguntar porque quedo como una fucking paranoica que no entiende que cuando hay silencio se callaron los dos, no él solamente (no hace falta diagnosticar, fue un como si), o que quizá se cuelga porque él es así, entonces revuelvo el dulcedeleche del flan que quedó a la mitad del postre y busco algo en mi archivo mental para aceitar la conversa. 'No lo está pasando bien' pienso . Y trato de recomponerte. Y de pronto dice algo, o me sonríe, o me acaricia la mejilla y suspio y me reís de mi... por no llorar.
Al otro día, luego de la noche juntos y la mar en coche, surge el 'hablamos' y de nuevo empieza el círculo... y de nuevo extraño el calor de hogar, las pompas de la acostumbrada compañía...
Pero por quéeee! Si hace tan poquito, apenas tres semanas me daba la sensación de que estaba muerto y hasta me 'molestaba', si hasta hace tan poquito una noche en que yo no tenia ganas de nada se puso absurdamente insistidor... Aj, qué me pasa?
Me rasgo rabiosamente mis histéricas vestiduras hasta que aparece otro humilde servidor que de pronto me tira un guante... y yo lo recojo como si nada pasara.
Hay tres clases de amor, decia una notita en un diario de los importantes hace algunos domingos atrás. La pistola, hay tantos como personas.
Hay una suerte de tango que dice: a quien quiera acompañarme les cambio versos por penas...
Yo sé que alguien en este espacio virtual anda navegando con parecidos menesteres. Lo invito a atravesar mi humilde rio.
Hay un antes y un después (no quiero ser repetitiva, pero lo amerita la ocasión)
Decía. Hay un antes y un despupes.
Antes de los treinti te preguntan: "Tenés novio?"
Después de los treinti te preguntan: "tenés chicos?" (con una recalcitrante impunidad)
Antes: Te retirás de los cumpleaños de día y con un pedo atómico. A veces sola.
Después: te retiras de los cumpleaños de día y con una bolsita llena de caramelos con la cara de Minnie que dice: "Mi primer añito". Y sola, o vas presa.
Antes: te dicen, para preguntarte o para disculparse, los que no te conocen se refieren a vos diciendo flaca, nena, piba, che, etc
Después: Señora (y no hay con qué darle. Me di por vencida cuando sentada en el cordón de la vereda un viernes a las 23.30 hs, fumando un cigarrillo prestado, sin maquillage con chupines y zapatillas porque todavia puedo, una adolescente me lo dijo, alegremente)
Antes: para salir un sábado de agosto te ponés lo mismo que para salir un sábado de enero.
después: te da frio cuando esa misma noche de agosto, yéndote a dormir, te recordás en la parada de bondi.
Antes: Tu padre no se oponía pero no le gustaba que salgas, que tengas una cita.
Después: está pensando en presentarte a sus amigos.
Antes: Para tus cumpleaños te regalan ropa, perfumes, zapatos.
Después: una juguera u otro artículo simil para la casa.
Antes: Tenés proyectos, tenés cosas por concretar, te imaginás un futuro lleno de éxitos de todo tipo.
Después: te enterás de que todo eso era mentira y sos proclive a encontrarte cara a cara con el fracaso. (Perdonen)
Antes: sin problema vas a laburar sin dormir y después volvés a salir o cumplis con algún compromiso. Te alcanza un Alical o un Sertal Compuesto. O un vasito de jugo de limón y un Tic Tac de menta para sobrevivir y llegar espléndida (o al menos sonriente)
Después: No lo hacés ni loca. Y si lo hacés, al otro día preferís morirte.
Antes: Tenés algunas cuestiones más morales. Tenés más vueltas. O más rodeos.
Después: Te tira la goma todo. (este beneficio supera todo lo demás)
Antes: probablemente un fracaso amoroso te dessstruya porque aun creés que habia algo que era para siempre y eso te deje como caca de oveja: chiquitita, dura y desparramada por el piso.
Después: Te pasó antes, te pasó con esmero y pareciera que a propósito. Entonces tenés una capacidad de recomponerte que da miedo. (Otro que supera. Y tiene que ver con que te tira la goma todo)
Antes: Vas al gimnasio para sostener los glúteos "manzana" o "pompón", según la genética que te haya tocado en suerte.
Después: vas al psicólogo para no hacerte problemas por ellos. No tenés tiempo para ir al gimnasio (además tenes ganas de seguir fumando y chupando vino. Esas cosas ya no se ceden)
Antes: a las chicas, jóvenes y bellas, que pasean en culo por tv, o que cobran fortunas por aparecer o cantar o crear o lo que sea, te causan una suerte de, llamémosle, admiración o algo por el estilo.
Después: Te da envidia, lisa y llana, porque tenés de movida y mínimo 5 años más que ellas. Y ganas de matarlas.
Antes: tenés miedos. Algunas cosas quizá no te salgan y te genera angustia o ansiedad.
Después: ya está, ya pasó. Ya tenés el resultado (seguramente ni el que esperabas ni el que rezabas para que no te pase. Otro, diferente, porque nada fue como pensabas) y, va de nuevo, te tira la goma todo.
Os dejo sacar sus propias conclusiones.
(y, eventualmente, enviar sugerencias)
Dicen, está de moda, que los 30 es una edad en que la mujer está en su auge, en el punto de ebullición, donde florece como un lirio en primavera ofreciendo su belleza y plenitud al mundo que, según dicen, la admira. Y los bares se están pareciendo cada vez más a puestos de flores.
Soy sola, escuché decirlo así y me lo quedo. Soy sola, tengo treinti.
Y me gusta salir, me gusta andar por los bares, andar, digamos. Y llevo con incertidumbre el estandarte de que estar sola no está mal. De que se trata de un momento de conocimiento personal, de un enriquecimiento interior y la pistola.
Anoche salí con uno, un antiguo compañero de escuela al que me crucé en facebook, con el que concerté mi cita por mensaje de texto y me encontré en un lugar más cerca de mi casa de lo que pensaba (Dios, si hubiera existido esta tecnología hace 15 años hubiera cogido entre 5 y 28 veces más). Y estuvo bien, pero no chocaron los planetas. Y empieza a pasar que no querés que te llame, una cambia de lugar. Ya no es más: "no me llama el pibe que me garcho" sino "Espero que el pibe que me garcho no me ponga en el incómodo lugar de tener que decirle que no me llame más". O salimos solas. Una busca obras de teatro por internet y hace reservas virtuales, con la total libertad de llegar tarde, total... O va sola a eventos, con la idea de encontrarse con aquel que alguna vez hubiera podido ser, con el que gastamos huellas digitales mandando mails cargaditos desde la cuenta del trabajo... y nada más (o alguna que otra cada tanto) Y se da el lujo de quedarse dormida en la mesa mientras el mundo alrededor sigue girando.
O empezamos a hacer un fino trabajo de reclutamiento y arrastramos con cuanta persona sin anillo encontremos, del género que sea, y salimos cual contingente de jubilados a copar alguna mesa o alguna barra o alguna fiesta donde a la mayoría no nos une el amor sino el espanto.
O puede pasar que seamos invitadas a un evento social, de esos que se componen de viejas amistades pero que a esta altura una termina alzando a un bebé a las 21.30 hs o tocándole la panza a una que está feliz con la noticia. Y cuando pasas por la cocina, o te vas al patiecito a fumar, escuchás que algunas de ellas están enfrascadas en una charla que trata de la lactancia, del olor a yogurt vencido que tiene el vómito, de la receta de flan casero y tarta de calabaza.
O la que el año pasado te invitó a una zarpada fiesta y te abrio la puerta borracha y con una peluca fucsia ahora te ofrece para festejar su cumpleaños un té de gengibre y pera con limón y azúcar negra, acompañados de alfajores de avena con dulce de semillas de sucutrule patagónico que si to te dan una patada en el pecho no lo bajás con nada. Una cae con las dos cervezas y las papas fritas con gusto a pollo al limón y se encuentra con un 'gimnasio' arriba de uno o más niños. Y no te podés ir porque sería huir y es el cumpleaños de una amiga.
O simplemente la vida te da giros que te conducen a descenlaces inesperados. Porque aún existen treinti (por lo general son las que están por pasar la barrera) que todavía guardan retazos de fantasía, aún atesoran la posibilidad del príncipe azul, o al menos príncipe, o al menos hombre. Y a veces pasa que se compra a buen precio una historia que viene con un nombre y apellido adentro, que al son de los juicios y prejuicios de las demás, de las que en ese momento comparten la mesa o el mate, se va armando como un rompecabeza. Y le damos una trascendencia, le damos unos finales posibles, le damos, digamos, una posible consistencia y de pronto tenemos el muñeco ahí... hasta que te avivás, porque es uno de los beneficios de los treinti (no puede ser todo tan malo) de que al muñeco antes de lo masticó otra, que probablemente ha compartido tu mesa... y preguntás 'a los treinti pasan estas cosas?' Si! más que antes. (Algunas treintis los sobrellevan con hijaputeces. La nobleza lamentablemente ha perdido prestigio). Caen algunos velos y una dolorosamente empieza a hacerse cargo de que el principe no es más que una construcción imaginaria, de que es hora de empezar a sacarle fichas al cuento de hadas.
Una vez un amigo (o un muñeco, a no me acuerdo) me dijo: "un día después de los treinta me vi al espejo y habia envejecido de golpe. Me vi con todos los años juntos, y yo no me habia dado cuenta - y agregó - vas a ver, te va a pasar"
No voy a mentir, esa idea me persiguió como un fucking inquisidor todas las mañanas. Ilusa, yo rondaba los veintinuevos. Ahora creo que entiendo a qué se estaba refiriendo.
La vida, gracias a Dios, nunca deja de sorprendernos.
Una de nuestras oyentes, Marcela, nos escribe:
“Tuve una relación que terminó hace un mes. Como siempre, ha debido terminar antes, pero bueno, siempre es igual.
Fueron 3 años juntos, y ha tenido varios quiebres. Al principio era yo la que comandaba todo. Él se presentaba rendido a mis pies, muerto de amor y a mí me daba una gran ventaja. Hacía y deshacía a mi antojo. Luego se dio vuelta la tortilla cuando la que quedó en desventaja fui yo, y ahí las cosas empezaron a ser caóticas. Hubo situaciones que no quiero recordar, situaciones de abuso que no tengo que olvidar (no me refiero al abuso sexual, claro, me refiero al otro, al peor), manejos, contestaciones, reproches.
Yo siempre sentía que no era suficiente, que cualquier cosa que yo hiciera, cualquiera, no iba a alcanzar. Después empezaron a hacerse explícitas en algunas caras, algunas respuestas (del tipo: ‘se ve que ya no me importás tanto’, o ‘Yo doy todo y vos...’, o la lisa y llana ’me das vergüenza’), actitudes. Hasta que un día me dijo que me vaya, que consideraba que si yo seguía así (se refería a mis horarios de trabajo, soy enfermera) no iba a poder ser. Fue más larga la discusión, yo me quise quedar, pero sostenía su postura entonces me fui. (Estaba en su casa, como siempre)
Luego empezó el quilombo. En el transcurso de dos días pasó de proponerme una vida juntos a anoticiarme de mi muerte, para luego arremeter con el plan anterior.
-‘Pero vos me dijiste que me fuera’
-‘Pero yo digo una cosa queriendo decir otra’
Un buen día, pasada la bronca (la mía) nos juntamos a hablar. Yo estaba dispuesta a pedirle mis cosas que quedaron en su casa, a mandarlo a la concha de su madre si hacia falta, a batallar con la frente alta. Finalmente había podido ver qué cosas habían pasado. Pero él se presentó diferente, me dijo que me pedía disculpas, que empezó terapia y que había visto sus errores, que era la mujer de su vida y que no me quería perder, que por eso me pedía disculpas, que me tome libremente el tiempo que necesito, que lo entiende. Que tiene planeado una vida mejor para nosotros, que admira mi vocación y mi voluntad de trabajo, que soy yo.
- 'No te pido una respuesta, solamente te pido disculpas'.
Ahí fue que me estalló la cabeza, hasta ese día yo había tomado una decisión, ahora no sé.
Marcela.
Creo haber oído esta historia en muchas ocasiones. Lamento decirte que a esta altura no hay un cambio posible, no con vos.
Andá sabiendo que la cabeza te estalló porque tenés miedo de la decisión que tomaste, porque buscaste la excusa que fuera para dudar de eso. Te digo lo que va a pasar si volvés: vas a tener una pequeña luna de miel, un encuentro cercano en donde por unos 10 días van a chocar los planetas en cada ambiente de su casa (va a volver a ser la de él, más bien), luego se van a ir dando las cuestiones anteriores porque la escencia no se pierde nunca, no hay terapia que pueda erradicar eso (Y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño...). No es una mala persona, vos tampoco, se trata de una pésima combinación. Lamentablemente este tipo de relaciones empobrece, tanto empobrece que una termina pensando que no es merecedora más que de eso. Te dejaste abusar, vos estuviste ahí para arremeter contra cada demanda cuando sabías en el fondo que para él no hay poronga que venga bien. Y vos estabas ahí haciendo malabares para que te acepte, para ser suficiente por una vez. Si volvés, después de esta luna de miel, van a empezar los reproches nuevamente. Te va a pasar factura porque lo dejaste, va a empezar a decirte que tu trabajo los separa, que por algo será que ya no le interesás tanto. Te suena?
Ahora bien, Ya le dimos al hombre, pero vos no sos inocente. Vos estás ahí por algo, no sos una víctima. Vos te deslizaste plácidamente por ese rol. No te quiero hacer sentir peor, pero vos sacas algún beneficio de todo esto y no tiene que ver en absoluto con el amor. No digo que no lo haya, simplemente que a ustedes no los une el amor, sino el espanto.
Y te estalló la bocha cuando te encontraste conmovida en ese lugar, fuiste a pelear la batalla de siempre y él te puso la banderita blanca arriba de la mesa, desenfundó antes que vos y te dio entre los ojos.
Me parece que es momento de que hagas algo distinto, de que dejes de repetirte y te hagas cargo de lo que te toca. Hoy no es posible hacer con él algo diferente a lo que venías haciendo (y resalto hoy porque hoy son esto, mañana no sé). Es cuestión de animarse.
Espero que seas lo suficientemente libre como para elegir otro camino.
Vi una película, una muy femenina, es decir, muy para mujeres.
Las protagonistas eran 4 o 5 que, entrelazando historias van contando cómo atraviesan sus obstáculos en lo que respecta a sus relaciones de pareja.
Todas tenían modalidades distintas, todas iban transitándolas a su manera.
Y yo, glotona, me vi identificada en todas, absolutamente todas las mujeres que alli se desenvolvían, pasé por esas experiencias en algún momento de mi vida. Pero no era eso lo que quería decir.
Hubo algo que me quedó incrustado en la cabeza como una estaca, y como tal, me dolío y aun la retengo (finalmente, como dice una amiga, todo giraba alrededor del amor)
Una de ellas, la más 'sufrida' al principio fue la que manifestó su teoría en actos y en palabras.
Ella finalmente descubrió que existen reglas y excepciones, y estas categorías son necesarias y excluyentes. O sea, al decir de Sartre, no se puede quedar fuera de alguna, ni se puede estar, al decir de ella, en las dos al mismo tiempo (eso es lógico)
Decía que todas nos consideramos la excepción cuando en realidad la mayoría somos la regla, la triste y mediocre regla. Y ahí me fui en recuerdos. Me acordé de cómo lloraba cuando mi primer noviecito de los quince me pegó una patada en el culo y me sacó del que en aquel momento era, para mi, el paraíso (recuerden que a esa edad una sufre por amor como nunca en su vida va a volver a sufrir) y alguien se sentó al lado mio, en una de mis diarias crisis de llanto, y me dijo: seguramente es un tiempo, y va a volver. Vas a ver que sí.... Y no asomó la napia ni de casualidad.
O en otra vuelta, una amiga se volvió a juntar con uno que habia sido su novio durante varios años, y claramente el indiscutible, luego de un lapso de cuatro y varias cuestiones en el diome, una esperanza resucitó cuando rememoré la propia, mi historia y esperé sin llegar a ningún puerto (es más, fue un patético naufragio) que me sucediera algo parecido...
Tambien recordé historias ajenas (aunque todos los hombres son el hombre)en las que llegado el cuento a los oídos interesados y necesitados volvían a arremeter contra el duro frontón del fracaso. Y obviamente salían heridas.
(La que espera que el tipo se divorcie de su ex mujer, o que el amante la deje, lo que es peor, la que espera que cambie, y así, ad infinitum)
Qué lo parió! - dije, como iluminándome de una vez y para siempre e irreversiblemente - soy la fucking regla!
Y sí, pasa siempre. Todas nos enganchamos en el tren de la alegría de otra persona, de la que tuvo el final feliz que hubiéramos querido para nosotras, y todas recurrimos a la respuesta que queremos escuchar, todas indefectiblemente nos ferramos a la idea de que a nosotros nos puede pasar lo mismo...
Esa noche no me pude dormir. Esa noche fue desesperanzadora. La película continuó. Era una producción norteamericana y como tal ofrecían el final feliz contradiciendo la teoría expuesta antes por la más desdichada de todas: todas ellas allí fueron la excepción.
Y sin embargo al otro día, cuando me detuve a releer mi triste reflexión, alguna grieta se me abrió y comprendí. Finalmente creo que se trata de una decisión ser o no la fucking regla. Solamente se trata de atravesar con valentía lo que nos ha tocado en suerte. O en desgracia. Solamente aquel que no puede soltar las amarras de un pasado glorioso, solamente quien no se anime a pispear lo que viene después o si mplemente lo que viene será, lamentablemente, la regla.
La película en cuestión es 'Simplemente no te quiere' y la recomiendo para un viernes, nunca un domingo lluvioso, nunca sola. Pero la recomiendo.
El otro día una amiga me contaba una situación que tuvo, a través de la cual se recibió de ingenua, o que, luego reflexionamos, ese fue su bautismo de fuego.
Advertencia: Invito a que en este momento se retiren aquellas y aquellos cuya reacción ante la manifestación de soledad sea del órden de lo angustioso ya que lo que van a 'ver' a continuanción tiene directa relación con eso.
En fin, mi amiga, llamémosla Dora (cuándo no) estaba con ánimo festivo pero sin con quién compartirlo entonces decidió hacerlo dignamente, y sola.
Se metió en un bar, el que más le gustó (esas delicias de la libertad) y se acodó en la barra. 'Una mesa para mi sola hubiera sido patético' me dijo, cuando me contaba lo que sigue.Agarró la carta y eligió. Como le gusta el vino tinto estaba apunto de pedirse una copa cuando en un fugaz cálculo mental se dio cuenta de que no iba a tomar una sola, y que a tal efecto le convenía comprar la botella entera y que quede lo que quede (otra delicia de la libertad).
Entonces estaba ella, diva, sentada en la barra con el tubo lustroso y apetecible en frente, y la copa que ya empezaba a tener estrias violetas y alguna que otra marca de pintalabios por el borde.
El punto fue que el cálculo le quedó corto y no pensó en la otra cara de la moneda: la copa acorta el límite, el tubo te abre la puerta a un mundo de sensaciones. Y ella no era de las que se caracterizan por su determinante fuerza de voluntad.
Lo peor es que se dio cuenta del asunto cuando estaba alegremente hablando con el de la barra (que no sé por qué me lo imagino como el marinero de Los Simpsons), y cuando se dio vuelta en su butaca y vio que el ambiente se tornada un poco denso vio que sería hora ya de arrancar. Le duró poco. El señor de la barra la volvió a distraer contándole sobre los orígenes del bar (a Dora le gustan indefectiblemente los tugurios, no hay tu tía) y ella, codito deslizado hacia adelante, el puñito cerrado dejando el lugar suficiente para apoyar la mejilla de turno escuchaba atenta mientras que empinaba la copa, siempre llena, con la mano libre.
Y la cosa se iba poniendo gomosa, andaba ya en ese estado de encapsulamiento mental que únicamente aquel que ha tomado vino con el estómago vacío es capaz de entender. Uno sabe dónde está, se cree conciente y capaz de tomar decisiones correctas y saludables. Uno apuesta a que tiene todos los reflejos y que haría cosas sin que los demás se enteren que tiene un pedo álgido, y que podría irse como una princesa si quisiera.
Recreo la conversación final.
- Este lugar era un teatro antes, viste que tiene algnos recovecos raros...
- Ah, se... - dijo ella, interesada.
- Es más, atrás hay un espacio en donde se juntaban a ensayar musicos que hoy son famosos, pero en aquel momento andaban tocando por lugares como este. Estpa muy bueno, las paredes escritas...
- Mirá vos...
- Sí... querés que te lo muestre?
- Y bueno, dale, mostrámelo.
Y luego, cuando de nuevo volvía en taxi con las tetitas de goma en la mano porque no entraban en la carteríta de bataclana que prometió no volver a usar hasta que estuviera dignamente acompañada, se dio cuenta de que era todo mentira (sobre todo cuando en una fisura del efecto del vino de cuarta que habia tomado logró preguntarse 'qué hago acá!') de que lo barato sale caro y de que, encima, no iba a poder volver a ese lugar.
Es una pena.
Un hombre le dice a otro: yo soy racista, no me banco a las mujeres y a los carteros.
y el otro, su interlocutor, le pregunta: por qué no te bancas a los carteros?
...
Dias atrás, en una reunión, un participante largó: las mujeres estan cada vez más putas.
- Qué querés decir con 'más putas'?
- que no son las de antes. Antes las mujeres no laburaban, no salían, tenían hijos... dónde están las mujeres de antes?
- Antes, están antes - dije - y definitivamente, con esa vida deben estar pesando unos 130 kgs.
- No... - insistió - desde que les dimos más libertad, están más putas, todas. No es lo mismo.
Días más atras, mirando tv, en uno de los canales de series vi un adelanto de una que creo que empezó la semana pasada, o la anterior... hace poco. Es una que dice, (o que profesa!) que 'los caballeros las prefieren brutas'. Me quedé mirando de qué se trataba y, en los breves 2 o 3 minutos que se dejó ver aparecía un señorita muy linda, que supuestamente era una profesional exitosa e independiente a la que le va bastante mal en el amor. Entonces dejan ver a mujeres enfundadas en vestidos cortísimos, jeans peligrosos, escotes impensados, andando por la vida quejándose de la mala suerte de ser empresarias porque, ¡oh ay de mi!, no seremos felices nunca en el amor.
Me pareció al principio graciosa, una rara parábola centroamericana de los avatares de alguna tetona pero inteligente despechada que se descargó en un libro en la que los incluía a todos... pero sobre todo, a todas.
Y andaba quejándome de aquello, protestando por la sensación de que me están boludeando cuando me tratan de inculcar que hay que hacerse la estúpida para conseguir un macho (otra más, la colombiana: 'Sin tetas no hay paraíso'), cuando veo un cartel de esa fatídica obra de teatro que reflexiona que no será feliz, pero tiene un marido. Bueno, pensé, estoy errada?
Luego anduve por la calle, por la bendita Santa Fe y una invasion de imagenes coloradas invadió mi campo de visión: día de la mujer, 8 de marzo. Las bombonerias, las florerias, las casas que venden sábanas y toallas, las zapaterías, carteles del Gobierno de la Ciudad que nos invitaban a participar de maratones femeninos, (y yo no podía dejar de imaginar a hombres entrados en calor y en años viéndolas correr... pero eso es mio, sorry)
Y casi que veía a un batallón de féminas orgullosas de lucir sus correspondientes remeras numeradas correr una maraton como si fuera un estandarte. Pensaba luego en todos los hombres yendo a comprarles pequeñas bombachitas. Me imaginaba a las mujeres aprovechando la fecha para recibir sus espejitos de colores... haciéndose las brutas, o las felizmente casadas.
Y son pocos los que recuerdan, o peor, se interesan por el motivo de la fecha. No es cuestión de hacer aquí una reseña histórica sino de recordar que no es un día que se festeja sino que se conmemora. Debería ser un día que nos recuerde que no deberíamos cometer atrocidades nunca más.
Y no quiero hacer una apología del socialismo recalcitrante, no me voy a poner a batallar contra el sistema, ni contra las estrategias de venta. A mi me gustan los regalos y los celebro con alegría. Los recibo, los agradezco, pero no me refiero aquí a ello, no es eso lo que me molesta.
Mientras pienso todo esto recuerdo con un poco de asco, tristeza si se quiere, que quienes no recordamos esto somos principalmente nosotras, que andamos por los bordes. Que respondemos como si fuera una formación reactiva: o salimos a con banderas a proclamar por nuestros derechos revoleando setentistas corpiños o lo hacemos por atrás, como si hacerse la estúpida, o la bruta para que los caballeron nos prefieran nos reinvindicara en nuestro estatuto del otro sexo, al decir de Simone, o del sexo fuerte. Como si aullar con los lobos, siguiendo a Sigmundo, nos evitara el laburo o el título de ser más putas que antes.
En fin, estas cosas me producen enojo, me permito la protesta porque de ninguna manera creo que diferenciándose a traves de pancartas o estrategias genere la igualdad. (Ojo, tambien creo que la igualdad, la tan mentada igualdad entre los sexos, tiene demasiada prensa) No somos iguales, nunca lo seremos ni queremos serlo. Eso no significa sin embargo que tengamos que ser más putas para tener éxito.
Por eso, mujeres lectoras, basta de mails pelotudos con frases de power poit que revindican a la mujer felina que batalla contra las adversidades para hacernos sentir bien(?) una vez al año, porque el resto de los dias con un simple mensaje de texto recibirás muñecas en tanga en tu celular.
El día de la mujer debería ser el día hábil inmediatamente posterior día del hombre, y el regalo más interesante, dignidad todos los días del año.