sábado, 21 de agosto de 2010

SALE

Dicen que la vida es un viaje, o mejor, un camino.
Lo escuché varias veces y recién cuando yo misma fui viendo, registrando a través de los años cómo pasan las cosas alrededor, cómo se establecen, hacen y deshacen los vínculos, surgen y se escapan oportunidades, aparecen eventualidades a pilotear o donde quedarse a vivir, etc, pude entender, es mi análisis, de qué hablaban cuando decían eso. Ahí es que caí en la cuenta de que soy 'grande'.
Lo que me hace pasar por acá, y estimo o espero que a ustedes también, es básicamente las relaciones con ellos, así que me voy a detener en ese (vastísimo) tema.
Esto de ser adulta me hizo dar cuenta de que ya no hay tanta oferta en el mercado como cuando una era más chica, donde los chicos estaban ahí, iban y venían, una podía elegir o irse sin muchos inconvenientes.
Ahora cada tanto te comés un garrón en el mejor de los casos, vienen tipos que se presentan sonrientes y cuando se te sientan enfrente te das cuenta de que tienen una historia generalmente mucho más compleja que la tuya... tienen historias! antes eso no pasaba. También tienen heridas, determinantes heridas que han cambiado el curso de sus esquemas... en fin. Se va acotando, van quedando los salditos y hay que revolver.
No quiero decir que sólo quedan las ofertas. Hay más que eso, pero hay que revolver, insisto.
Una amiga tenía un perro. Una perra, llamémosla O. Yo la recuerdo porque con mi amiga, pongámosle G, he compartido muchísimas cosas, hemos pasado mucho tiempo, así que O. ha también en cierto modo sido parte de mi vida adolescente. O, decían, tenía en síndrome de Peter Pan. Al parecer esto significa que su psiquis, tratándose de un perro vendría a ser su comportamiento, se había quedado estancado en la niñez. Entonces O tenía unos cuantos años, estaba en edad de merecer, era adulta pero se comportaba como un cachorro.
El punto al que voy es que, entre los saldos, que siempre van a ser saldos o devoluciones, también encontramos sujetos con el síndrome que aquejaba a los que estaban alrededor de O. Son los que, como Peter Pan, se presentan sonrientes y juguetones, muestran un mundo de fantasía, vuelan y dicen que con un polvito mágico te van a hacer volar a vos también y son hermosos, porque nadie en ese mundo de fantasía no lo sería. Entonces una, que viene baqueteada y un poco cansada, se engancha, mira cómo da esos saltos dejando una estela de purpurina cuando te muestran cómo vuelan y prometen que vos también cuando van ganando altura. Y una los mira desde el suelo (GRACIAS A DIOS) palpando la suave idea de que en una de esas estemos allí también. Y sin embargo van dando señales entre líneas. De pronto puede pasar que se escondan, por ejemplo, y una mira el cielo como una pelotuda, sosteniendo el foco de una forma absurda hasta que aparecen y una se olvida de que había estado en vilo un rato. O puede pasar que la fantasía se disipa, o mejor dicho que está ahi pero para una que la espera hay bastante poco, apenas migajas. Entonces una empieza a dar saltitos, por ejemplo, como para hacer de cuenta de que está aprendiendo a levantar vuelo pero no hay ni estela de purpurina ni nada de fantasía. Son saltos patéticos que te devuelven al suelo una vez que se acaba el envión. Y Peter está allá repartiendo sonrisitas en el cielo y vos apenas si podes llegar con la mirada.
Así va in crescendo, van apareciendo más y más señales y las menos astutas se rehusan a abandonar la idea de volar alguna vez. Pero Peter está más allá, ya anda haciendo sonar su Campanita por otros lugares. Las menos astutas se quedan esperando a que regrese. Y no va a volver.
O sí! y esta es la parte peligrosa. Porque el Sr Pan tiene bastante de histeria entonces cuando, como a los chicos, no hay nadie que les haga un jueguito, cuando en el suelo no hay nadie que los mire casi con éxtasis, vuelve a buscarlo. Las menos astutas corren el riesgo de caer nuevamente... entonces el mundo se va poblando de Peters Panes que nunca, nunca van a dejar de serlo.
Yo he sido una Menos Astuta alguna vez. Cuesta soltar la idea (aunque el conepto le moleste mucho a Dora) porque empieza a sangrar la herida, por lo general vieja, y empieza a doler pero cuando se la suelta con convicción, cuando la decisión, ya sea por voluntad ajena o propia, se hace carne realmente con el tiempo pasa, y las cosas se ponen más claras.
Y la ex menos astuta retoma el camino, quizá con la capacidad en el mejor de los casos de distinguir de qué se habla cuando se habla (o aparece) un Peter Pan.
(Y a Peter, lo único que tengo para decirle es que se meta a Campanita en el orto y haga el molinete cósmico)

jueves, 5 de agosto de 2010

Así no.

Marcela es una amiga que está saliendo con alguien. Le gusta, le parece buen mozo, dice que es medio pelotudo pero en realidad le encanta, está sola y no tiene ganas de ponerse a encontrar algo mucho mejor. Pero eso es lo que dice ella, en realidad, se le nota, le gusta. Y yo sé que le gusta porque habla de momentos, de instantes. Dice por ejemplo cosas como 'Es cara sonriente que pone antes de coger' o 'cuando se pone a tender la cama' o 'me mata la cara de dormido cuando recien se levanta' y así. Detalles. Se hace la pispireta pero yo he visto cómo se lo queda mirando, y he presenciando los ataques de concha (con perdón de la expresión, pero no va mejor otra descripción) que le dan cuando el flaco no aporta... Yo considero que podría tener a alguien que le haga mejor, pero bueno, son decisiones. En fin.
Cuestión que me cuenta una que le pasó (Y la transcribo con su permiso)
Ella no lo entiende mucho. Siempre fue una mina que estuvo con tipos que se ponen pelotudos y hacen lo que ella quiere y cuando ella quiere, y esas cosas medio la aburren (con excepción de uno, pero es otra historia y no me la dejó contar). Entonces hace cuando está con él cosas que siempre le dieron resultado y que funcionan para ella como un rio que ha nadado muchas veces. Se tira encima con cara de gato, se pone lenceria minima, se pone perfumes que tenía entendido que eran fulminantes, hipnóticos... y nada. Yo me rio, me siento por ahi en mi sillón filosofal y me cuenta y me rio a carcajadas porque sé que ella al menos siente que tuvo sentido, y porque me cuesta verla a ella haciendo ese papel.
'No nos íbamos a ver esa noche. Iba a ir a morfar con no sé quien y yo me había cocinado para mi, me gusta hacer esas cosas. Me puse la pijameta y me puse a ver videos en youtube. Entonces me cae un mensaje suyo en el que me decía que se cancelaba su cena y que si quería que fuera.
- Error! - dije yo.
- Ya sé, pero viste, ando con ganas de reviente, será la época, y no lo pensé. Me cambié, agarré la cartera, la bolsita feliz, y me fui. Llegué a la casa, como siempre es como entrar al país de las maravillas porque nada de lo que hay allí tiene del todo sentido, está fuera de los cánones normales del comportamiento masculino criollo. Se mueve con indiferencia, como si no estuviera... hasta que me mira y me sonríe, y yo...
- Bueno, y qué pasó?
- Vimos la tele, porque se emboba cuando se pone frente a la tele, y pasamos un rato de tiempo. Terminó el programa que estaban pasando y yo activé. Dejé que termine el programa porque una vez me pasó que me le tiré encima en mitad de una película de tiros y patadas traducida a un castellano berreta y me sacó del medio, literalmente, me agarró de los hombros, me puso a un costado y siguió viendo la tele. Pero yo soy gauchita e insisto, pero ahora mido los tiempos al menos. Entonces activé. Agarré mi cartera con la bolsita feliz y me fui al baño. Y me saqué la ropa, y dentro de la bolsita feliz había un mundo de sensaciones... encontradas. Saqué una a una las prendas con le dedicación de una geisha y me las puse. Dejé la ropa en la bacha del baño y abrí la puerta con ahínco: ahi estaba yo, en pose de bailando por un sueño clavándole la mirada... vestida de colegiala!. Me moría de verguenza, pero había que sostener el porte, no era hora de flaquear. Pero algo en su postura de media vuelta sobre el lugar donde estaba sentado aun con los bracitos cruzados, sin mucha mueca de nada, hizo que saltara a ubicarme justo detrás de él, donde no pudiera verme en todo mi esplendor. Y fue ahi que me dijo 'Que, vas a una fiesta de disfraces?'
Yo estaba pálida de pudor. Pero firme, no habia que quebrar. 'Pero chuchi, es para vos!' le dije, tratando de remontar lo irremontable. 'No me gustan esas cosas. Cómo te vas a poner eso? Es como si yo me pusiera una tanga' me respondió. Y yo no lograba mandarlo a la recalcada concha de su madre porque estaba metida en una pollerita que no me tapaba el orto, una camisa blanca que dejaba entrever unas lentejuelas cubrepezones de once y una microtanga a tono. Me sentía la reina de las ridículas. Entonces me metí en el baño y me saqué todo a la velocidad de la luz, salí y me metí en la cama, me tapé hasta la aureola y dije: 'me muero de verguenza'. 'No se te ocurrió preguntar?' 'Cómo voy a preguntar si es algo que... ' no recuerdo qué dije, me quería hacer la muerta, quería desaparecer, volver el tiempo atrás. 'No es lo mismo que una tanga' dije de repente 'se supone que les gusta...' 'A mi no me gusta' dijo 'Igual, si no me gustara, te lo diría de otra manera, menos humillante tal vez' respondí desde abajo de las cobijas.
- Y qué hiciste? Te fuiste?
- No, me dormí un rato. Cuando me desperté aun no había relevado el puesto frente a la televisión entonces me volví a dormir. Me desperté cuando se metio a la cama al lado mio. Y garchamos, sí, pero bueno.
- Me muero. Me muerto muerta - dije largando el humo del pucho con el que me habia atragantado.
- Si, no termina ahi. Al otro día cuando me levanté, que tenía que ir a la oficina, me meto al baño a vestirme. Y con tanta mala suerte que la ropa seguía ahi donde la había dejado y la canilla un poco perdía entonces la ropa tenía como partes humedas y heladas. Pero como un soldado espartano ni una mueca hice cuando me la puse, y me fui. Aun trato de olvidar ese episodio, pero es en vano. Yo pensé que después de aquel otro forro descarado que había hecho una jugada de este estilo no volvía a caer. Pero bueno, es la historia de mi vida'

Marcelita se fue, con su mochila llena de historias e incomodidades eventuales. Supongo que a sanar la herida narcisista con unas medidas de whisky.
Más allá de la risa del momento me parece triste, patético en el sentido más descriptivo del asunto.
Insisto, no sé qué hace aun con ese pibe.

miércoles, 28 de julio de 2010

Lugares comunes

"Yo quiero ser hombre"
Dijo Estefanía en una charla con un amigo, con el que luego terminó a los besos en un bar de mala muerte pero es otra historia, cuando exponía en esa mesa llena de muertos todos sus urdidos fracasos amorosos, que a sus recién cumplidos 31 estaba harta de guardar en el placard. Y Diego, siempre tar acertado es sus comentarios de borracho, y no porque lo estuviera sino porque es su viraje, respondió: "No digas eso, no digas eso nunca más, porque ustedes dominan al mundo" (y sonaba de fondo el tema de Arjona 'Dime que no' porque era un bar de mala muerte). "Nosostros las seguimos a donde nos digan"
"Pero sería mucho más fácil" volvió a decir ella, un poco abrumada por el retruco al blanco de su compañero esa noche y porque odiaba no tener razón o fundamento válido.
"No lo digas nunca más" dijo él tranquilo, nuevamente. "A los hombres de quienes vos te estas lamentando odiarian estar con otro hombre"

"Me voy a volver lesbiana"
Dijo Dora quejándose de su malaventuranza con los masculinos.
"Uf, sí claro, querés que te cuente?" dijo Silvana que no podía resolver su cuestión con Natalia y estaba con el corazón en la mano.

"Ojalá nunca lo hubiera conocido"
Dijo Daniela llorando por Gustavo, que recientemente se había ido, sin darse cuenta de que de ser así se hubiera perdido de los momentos más formidables de toda su vida.

domingo, 20 de junio de 2010

Doctora (des)amor. Parte II 'El regreso del Jedi'

Enviado por Anna O.

Cuando una pasa mucho tiempo en pareja adquiere vicios y mañas, adquiere costumbres. Y cuando se separa el duelo también (o sobretodo?) consiste en la dificilísima tarea de andar cambiando o tales vicios, mañas y costumbres. No es una tarea imposible es que somos vagas, estamos grandes, ya nos habíamos amoldado lo más bien como para sopor(rrr)tar un catálogo de cosas que de otra forma no hubieramos concebido. Pero cuando no queda otra finalmente una incursiona y la mayoría de las veces, si no todas, sale airosa, incluso mejorada. Una nueva version de si misma sale a la luz como un brillante sobre el mic (sic).
Resulta que un buen día aparece otra persona en el horizonte. Cuando ya te habias acostumbrado a estar así, o sea, cuando ya habias adoptado otras mañas y vicios nuevos viene un ñato a desestabilizarte.
Y dudás, y creés que no podés dejar pasar la opción, ya sea porque tu madre te dijo que estabas hecha una solterona o porque cuando festejaste tu último cumpleaños sobraban un montón de velas y mucho espacio. Y además el ñato tiene algo que vale la pena. Te gusta. Y vas. Y te encontrás con un montón de escenas de las que te habías olvidado de tanto estar noviando y que definitivamente quisieras saltear pero no se puede, y de pronto se torna trabajoso, se engoma todo.
Es como cambiar de psicólogo. Una ya no tiene ganas de recorrer tan mesuradamente los firuletes de la seducción. Que está buenísimo, "es el mejor estado" y dale nomás pero cuando ya pasaste esa liñita que te da la pauta de que ahi te vas a quedar. Una ya sabe cuando va a morir luego del polvo o cuándo vas a querer seguir viendolo. Entonces tanto rodeo es deliberadamente al pedo.
La peor parte es la espera. Qué mierda. Y voy a hablar de mi en esta ocasión porque el relato es desgarrador y merece un lugar en el aire... a ver si alguien lo escucha. Yo soy la peor.

Salgo con un pibe (insisto, creo haber aprendido a identificar algunas señales. Creo, o al menos he podido saber cuándo el pibe me va a volver a llamar, cuándo no quiero que me vuelva a llamar, y cuándo me encantaría que me llame pero no va a ser entonces saludo las ilusiones con un chau acompañado con una mueca de desilusión cuando me voy de su cama al otro día) y está todo bien. Da para una segunda vuelta aunque sea para ver si no estabas bajo el efecto de algún psicotrópico o de los dichos de mi madre esa noche y para ver si es realmente así. Y salí y, amena sorpresa, era así y da, ¡encima! para una tercera vuelta. Magnífico, 'entrás en el círculo de nuevo. Estás en el mercado otra vez' me dije. Pero aparecieron esas zonas grises, pantanosas. Ya había perdido el training y la verdad extraño la 'comodidad del hogar'. Lo llamo? quedo como una arrebatada si lo llamo?. No lo llamo. Le mando mje d txt? y si no me responde? No le mando. Y me manda! Aleluya! Y yo me hinflo toda, porque vencí mi ansiedad y le respondo. Y no contesta!. Entonces me doy manija a lo loco. Y pienso: Le habrá llegado? le habré dado pie para que responda? Y agarro el tel y lo dejo unas 15 veces.
Y pasan algunos minutos que parecen mil y escucho el piriiiip del mensaje de texto. Cuanto stress, dejate de joder! Relajáte... me digo. Y pasa. Arreglamos para salir nuevamente. Teniendo como norte las primera o la segunda salida, en la que lo pasamos maravillosamente, de pronto en medio de la cena se genera un silencio.
Y entro a manijearme de nuevo. Y pienso que capaz que está aburriéndose conmigo. Y no lo puedo preguntar porque quedo como una fucking paranoica que no entiende que cuando hay silencio se callaron los dos, no él solamente (no hace falta diagnosticar, fue un como si), o que quizá se cuelga porque él es así, entonces revuelvo el dulcedeleche del flan que quedó a la mitad del postre y busco algo en mi archivo mental para aceitar la conversa. 'No lo está pasando bien' pienso . Y trato de recomponerte. Y de pronto dice algo, o me sonríe, o me acaricia la mejilla y suspio y me reís de mi... por no llorar.
Al otro día, luego de la noche juntos y la mar en coche, surge el 'hablamos' y de nuevo empieza el círculo... y de nuevo extraño el calor de hogar, las pompas de la acostumbrada compañía...
Pero por quéeee! Si hace tan poquito, apenas tres semanas me daba la sensación de que estaba muerto y hasta me 'molestaba', si hasta hace tan poquito una noche en que yo no tenia ganas de nada se puso absurdamente insistidor... Aj, qué me pasa?
Me rasgo rabiosamente mis histéricas vestiduras hasta que aparece otro humilde servidor que de pronto me tira un guante... y yo lo recojo como si nada pasara.
Hay tres clases de amor, decia una notita en un diario de los importantes hace algunos domingos atrás. La pistola, hay tantos como personas.
Hay una suerte de tango que dice: a quien quiera acompañarme les cambio versos por penas...
Yo sé que alguien en este espacio virtual anda navegando con parecidos menesteres. Lo invito a atravesar mi humilde rio.

sábado, 5 de junio de 2010

Los treinti a Dora le generan tantas cosas!

Hay un antes y un después (no quiero ser repetitiva, pero lo amerita la ocasión)
Decía. Hay un antes y un despupes.
Antes de los treinti te preguntan: "Tenés novio?"
Después de los treinti te preguntan: "tenés chicos?" (con una recalcitrante impunidad)
Antes: Te retirás de los cumpleaños de día y con un pedo atómico. A veces sola.
Después: te retiras de los cumpleaños de día y con una bolsita llena de caramelos con la cara de Minnie que dice: "Mi primer añito". Y sola, o vas presa.
Antes: te dicen, para preguntarte o para disculparse, los que no te conocen se refieren a vos diciendo flaca, nena, piba, che, etc
Después: Señora (y no hay con qué darle. Me di por vencida cuando sentada en el cordón de la vereda un viernes a las 23.30 hs, fumando un cigarrillo prestado, sin maquillage con chupines y zapatillas porque todavia puedo, una adolescente me lo dijo, alegremente)
Antes: para salir un sábado de agosto te ponés lo mismo que para salir un sábado de enero.
después: te da frio cuando esa misma noche de agosto, yéndote a dormir, te recordás en la parada de bondi.
Antes: Tu padre no se oponía pero no le gustaba que salgas, que tengas una cita.
Después: está pensando en presentarte a sus amigos.
Antes: Para tus cumpleaños te regalan ropa, perfumes, zapatos.
Después: una juguera u otro artículo simil para la casa.
Antes: Tenés proyectos, tenés cosas por concretar, te imaginás un futuro lleno de éxitos de todo tipo.
Después: te enterás de que todo eso era mentira y sos proclive a encontrarte cara a cara con el fracaso. (Perdonen)
Antes: sin problema vas a laburar sin dormir y después volvés a salir o cumplis con algún compromiso. Te alcanza un Alical o un Sertal Compuesto. O un vasito de jugo de limón y un Tic Tac de menta para sobrevivir y llegar espléndida (o al menos sonriente)
Después: No lo hacés ni loca. Y si lo hacés, al otro día preferís morirte.
Antes: Tenés algunas cuestiones más morales. Tenés más vueltas. O más rodeos.
Después: Te tira la goma todo. (este beneficio supera todo lo demás)
Antes: probablemente un fracaso amoroso te dessstruya porque aun creés que habia algo que era para siempre y eso te deje como caca de oveja: chiquitita, dura y desparramada por el piso.
Después: Te pasó antes, te pasó con esmero y pareciera que a propósito. Entonces tenés una capacidad de recomponerte que da miedo. (Otro que supera. Y tiene que ver con que te tira la goma todo)
Antes: Vas al gimnasio para sostener los glúteos "manzana" o "pompón", según la genética que te haya tocado en suerte.
Después: vas al psicólogo para no hacerte problemas por ellos. No tenés tiempo para ir al gimnasio (además tenes ganas de seguir fumando y chupando vino. Esas cosas ya no se ceden)
Antes: a las chicas, jóvenes y bellas, que pasean en culo por tv, o que cobran fortunas por aparecer o cantar o crear o lo que sea, te causan una suerte de, llamémosle, admiración o algo por el estilo.
Después: Te da envidia, lisa y llana, porque tenés de movida y mínimo 5 años más que ellas. Y ganas de matarlas.
Antes: tenés miedos. Algunas cosas quizá no te salgan y te genera angustia o ansiedad.
Después: ya está, ya pasó. Ya tenés el resultado (seguramente ni el que esperabas ni el que rezabas para que no te pase. Otro, diferente, porque nada fue como pensabas) y, va de nuevo, te tira la goma todo.
Os dejo sacar sus propias conclusiones.
(y, eventualmente, enviar sugerencias)

sábado, 29 de mayo de 2010

Treintis.

Dicen, está de moda, que los 30 es una edad en que la mujer está en su auge, en el punto de ebullición, donde florece como un lirio en primavera ofreciendo su belleza y plenitud al mundo que, según dicen, la admira. Y los bares se están pareciendo cada vez más a puestos de flores.
Soy sola, escuché decirlo así y me lo quedo. Soy sola, tengo treinti.
Y me gusta salir, me gusta andar por los bares, andar, digamos. Y llevo con incertidumbre el estandarte de que estar sola no está mal. De que se trata de un momento de conocimiento personal, de un enriquecimiento interior y la pistola.
Anoche salí con uno, un antiguo compañero de escuela al que me crucé en facebook, con el que concerté mi cita por mensaje de texto y me encontré en un lugar más cerca de mi casa de lo que pensaba (Dios, si hubiera existido esta tecnología hace 15 años hubiera cogido entre 5 y 28 veces más). Y estuvo bien, pero no chocaron los planetas. Y empieza a pasar que no querés que te llame, una cambia de lugar. Ya no es más: "no me llama el pibe que me garcho" sino "Espero que el pibe que me garcho no me ponga en el incómodo lugar de tener que decirle que no me llame más". O salimos solas. Una busca obras de teatro por internet y hace reservas virtuales, con la total libertad de llegar tarde, total... O va sola a eventos, con la idea de encontrarse con aquel que alguna vez hubiera podido ser, con el que gastamos huellas digitales mandando mails cargaditos desde la cuenta del trabajo... y nada más (o alguna que otra cada tanto) Y se da el lujo de quedarse dormida en la mesa mientras el mundo alrededor sigue girando.
O empezamos a hacer un fino trabajo de reclutamiento y arrastramos con cuanta persona sin anillo encontremos, del género que sea, y salimos cual contingente de jubilados a copar alguna mesa o alguna barra o alguna fiesta donde a la mayoría no nos une el amor sino el espanto.
O puede pasar que seamos invitadas a un evento social, de esos que se componen de viejas amistades pero que a esta altura una termina alzando a un bebé a las 21.30 hs o tocándole la panza a una que está feliz con la noticia. Y cuando pasas por la cocina, o te vas al patiecito a fumar, escuchás que algunas de ellas están enfrascadas en una charla que trata de la lactancia, del olor a yogurt vencido que tiene el vómito, de la receta de flan casero y tarta de calabaza.
O la que el año pasado te invitó a una zarpada fiesta y te abrio la puerta borracha y con una peluca fucsia ahora te ofrece para festejar su cumpleaños un té de gengibre y pera con limón y azúcar negra, acompañados de alfajores de avena con dulce de semillas de sucutrule patagónico que si to te dan una patada en el pecho no lo bajás con nada. Una cae con las dos cervezas y las papas fritas con gusto a pollo al limón y se encuentra con un 'gimnasio' arriba de uno o más niños. Y no te podés ir porque sería huir y es el cumpleaños de una amiga.
O simplemente la vida te da giros que te conducen a descenlaces inesperados. Porque aún existen treinti (por lo general son las que están por pasar la barrera) que todavía guardan retazos de fantasía, aún atesoran la posibilidad del príncipe azul, o al menos príncipe, o al menos hombre. Y a veces pasa que se compra a buen precio una historia que viene con un nombre y apellido adentro, que al son de los juicios y prejuicios de las demás, de las que en ese momento comparten la mesa o el mate, se va armando como un rompecabeza. Y le damos una trascendencia, le damos unos finales posibles, le damos, digamos, una posible consistencia y de pronto tenemos el muñeco ahí... hasta que te avivás, porque es uno de los beneficios de los treinti (no puede ser todo tan malo) de que al muñeco antes de lo masticó otra, que probablemente ha compartido tu mesa... y preguntás 'a los treinti pasan estas cosas?' Si! más que antes. (Algunas treintis los sobrellevan con hijaputeces. La nobleza lamentablemente ha perdido prestigio). Caen algunos velos y una dolorosamente empieza a hacerse cargo de que el principe no es más que una construcción imaginaria, de que es hora de empezar a sacarle fichas al cuento de hadas.
Una vez un amigo (o un muñeco, a no me acuerdo) me dijo: "un día después de los treinta me vi al espejo y habia envejecido de golpe. Me vi con todos los años juntos, y yo no me habia dado cuenta - y agregó - vas a ver, te va a pasar"
No voy a mentir, esa idea me persiguió como un fucking inquisidor todas las mañanas. Ilusa, yo rondaba los veintinuevos. Ahora creo que entiendo a qué se estaba refiriendo.
La vida, gracias a Dios, nunca deja de sorprendernos.

domingo, 2 de mayo de 2010

Dra. (des)Amor.

Una de nuestras oyentes, Marcela, nos escribe:
Tuve una relación que terminó hace un mes. Como siempre, ha debido terminar antes, pero bueno, siempre es igual.
Fueron 3 años juntos, y ha tenido varios quiebres. Al principio era yo la que comandaba todo. Él se presentaba rendido a mis pies, muerto de amor y a mí me daba una gran ventaja. Hacía y deshacía a mi antojo. Luego se dio vuelta la tortilla cuando la que quedó en desventaja fui yo, y ahí las cosas empezaron a ser caóticas. Hubo situaciones que no quiero recordar, situaciones de abuso que no tengo que olvidar (no me refiero al abuso sexual, claro, me refiero al otro, al peor), manejos, contestaciones, reproches.
Yo siempre sentía que no era suficiente, que cualquier cosa que yo hiciera, cualquiera, no iba a alcanzar. Después empezaron a hacerse explícitas en algunas caras, algunas respuestas (del tipo: ‘se ve que ya no me importás tanto’, o ‘Yo doy todo y vos...’, o la lisa y llana ’me das vergüenza’), actitudes. Hasta que un día me dijo que me vaya, que consideraba que si yo seguía así (se refería a mis horarios de trabajo, soy enfermera) no iba a poder ser. Fue más larga la discusión, yo me quise quedar, pero sostenía su postura entonces me fui. (Estaba en su casa, como siempre)
Luego empezó el quilombo. En el transcurso de dos días pasó de proponerme una vida juntos a anoticiarme de mi muerte, para luego arremeter con el plan anterior.
-‘Pero vos me dijiste que me fuera’
-‘Pero yo digo una cosa queriendo decir otra’
Un buen día, pasada la bronca (la mía) nos juntamos a hablar. Yo estaba dispuesta a pedirle mis cosas que quedaron en su casa, a mandarlo a la concha de su madre si hacia falta, a batallar con la frente alta. Finalmente había podido ver qué cosas habían pasado. Pero él se presentó diferente, me dijo que me pedía disculpas, que empezó terapia y que había visto sus errores, que era la mujer de su vida y que no me quería perder, que por eso me pedía disculpas, que me tome libremente el tiempo que necesito, que lo entiende. Que tiene planeado una vida mejor para nosotros, que admira mi vocación y mi voluntad de trabajo, que soy yo.
- 'No te pido una respuesta, solamente te pido disculpas'.
Ahí fue que me estalló la cabeza, hasta ese día yo había tomado una decisión, ahora no sé.


Marcela.
Creo haber oído esta historia en muchas ocasiones. Lamento decirte que a esta altura no hay un cambio posible, no con vos.
Andá sabiendo que la cabeza te estalló porque tenés miedo de la decisión que tomaste, porque buscaste la excusa que fuera para dudar de eso. Te digo lo que va a pasar si volvés: vas a tener una pequeña luna de miel, un encuentro cercano en donde por unos 10 días van a chocar los planetas en cada ambiente de su casa (va a volver a ser la de él, más bien), luego se van a ir dando las cuestiones anteriores porque la escencia no se pierde nunca, no hay terapia que pueda erradicar eso (Y sin embargo cuando duermo sin ti contigo sueño...). No es una mala persona, vos tampoco, se trata de una pésima combinación. Lamentablemente este tipo de relaciones empobrece, tanto empobrece que una termina pensando que no es merecedora más que de eso. Te dejaste abusar, vos estuviste ahí para arremeter contra cada demanda cuando sabías en el fondo que para él no hay poronga que venga bien. Y vos estabas ahí haciendo malabares para que te acepte, para ser suficiente por una vez. Si volvés, después de esta luna de miel, van a empezar los reproches nuevamente. Te va a pasar factura porque lo dejaste, va a empezar a decirte que tu trabajo los separa, que por algo será que ya no le interesás tanto. Te suena?
Ahora bien, Ya le dimos al hombre, pero vos no sos inocente. Vos estás ahí por algo, no sos una víctima. Vos te deslizaste plácidamente por ese rol. No te quiero hacer sentir peor, pero vos sacas algún beneficio de todo esto y no tiene que ver en absoluto con el amor. No digo que no lo haya, simplemente que a ustedes no los une el amor, sino el espanto.
Y te estalló la bocha cuando te encontraste conmovida en ese lugar, fuiste a pelear la batalla de siempre y él te puso la banderita blanca arriba de la mesa, desenfundó antes que vos y te dio entre los ojos.
Me parece que es momento de que hagas algo distinto, de que dejes de repetirte y te hagas cargo de lo que te toca. Hoy no es posible hacer con él algo diferente a lo que venías haciendo (y resalto hoy porque hoy son esto, mañana no sé). Es cuestión de animarse.
Espero que seas lo suficientemente libre como para elegir otro camino.

miércoles, 14 de abril de 2010

Ser o no ser.

Vi una película, una muy femenina, es decir, muy para mujeres.
Las protagonistas eran 4 o 5 que, entrelazando historias van contando cómo atraviesan sus obstáculos en lo que respecta a sus relaciones de pareja.
Todas tenían modalidades distintas, todas iban transitándolas a su manera.
Y yo, glotona, me vi identificada en todas, absolutamente todas las mujeres que alli se desenvolvían, pasé por esas experiencias en algún momento de mi vida. Pero no era eso lo que quería decir.
Hubo algo que me quedó incrustado en la cabeza como una estaca, y como tal, me dolío y aun la retengo (finalmente, como dice una amiga, todo giraba alrededor del amor)
Una de ellas, la más 'sufrida' al principio fue la que manifestó su teoría en actos y en palabras.
Ella finalmente descubrió que existen reglas y excepciones, y estas categorías son necesarias y excluyentes. O sea, al decir de Sartre, no se puede quedar fuera de alguna, ni se puede estar, al decir de ella, en las dos al mismo tiempo (eso es lógico)
Decía que todas nos consideramos la excepción cuando en realidad la mayoría somos la regla, la triste y mediocre regla. Y ahí me fui en recuerdos. Me acordé de cómo lloraba cuando mi primer noviecito de los quince me pegó una patada en el culo y me sacó del que en aquel momento era, para mi, el paraíso (recuerden que a esa edad una sufre por amor como nunca en su vida va a volver a sufrir) y alguien se sentó al lado mio, en una de mis diarias crisis de llanto, y me dijo: seguramente es un tiempo, y va a volver. Vas a ver que sí.... Y no asomó la napia ni de casualidad.
O en otra vuelta, una amiga se volvió a juntar con uno que habia sido su novio durante varios años, y claramente el indiscutible, luego de un lapso de cuatro y varias cuestiones en el diome, una esperanza resucitó cuando rememoré la propia, mi historia y esperé sin llegar a ningún puerto (es más, fue un patético naufragio) que me sucediera algo parecido...
Tambien recordé historias ajenas (aunque todos los hombres son el hombre)en las que llegado el cuento a los oídos interesados y necesitados volvían a arremeter contra el duro frontón del fracaso. Y obviamente salían heridas.
(La que espera que el tipo se divorcie de su ex mujer, o que el amante la deje, lo que es peor, la que espera que cambie, y así, ad infinitum)
Qué lo parió! - dije, como iluminándome de una vez y para siempre e irreversiblemente - soy la fucking regla!
Y sí, pasa siempre. Todas nos enganchamos en el tren de la alegría de otra persona, de la que tuvo el final feliz que hubiéramos querido para nosotras, y todas recurrimos a la respuesta que queremos escuchar, todas indefectiblemente nos ferramos a la idea de que a nosotros nos puede pasar lo mismo...
Esa noche no me pude dormir. Esa noche fue desesperanzadora. La película continuó. Era una producción norteamericana y como tal ofrecían el final feliz contradiciendo la teoría expuesta antes por la más desdichada de todas: todas ellas allí fueron la excepción.
Y sin embargo al otro día, cuando me detuve a releer mi triste reflexión, alguna grieta se me abrió y comprendí. Finalmente creo que se trata de una decisión ser o no la fucking regla. Solamente se trata de atravesar con valentía lo que nos ha tocado en suerte. O en desgracia. Solamente aquel que no puede soltar las amarras de un pasado glorioso, solamente quien no se anime a pispear lo que viene después o si mplemente lo que viene será, lamentablemente, la regla.
La película en cuestión es 'Simplemente no te quiere' y la recomiendo para un viernes, nunca un domingo lluvioso, nunca sola. Pero la recomiendo.

sábado, 3 de abril de 2010

Es una posibilidad, no sé...

El otro día una amiga me contaba una situación que tuvo, a través de la cual se recibió de ingenua, o que, luego reflexionamos, ese fue su bautismo de fuego.
Advertencia: Invito a que en este momento se retiren aquellas y aquellos cuya reacción ante la manifestación de soledad sea del órden de lo angustioso ya que lo que van a 'ver' a continuanción tiene directa relación con eso.
En fin, mi amiga, llamémosla Dora (cuándo no) estaba con ánimo festivo pero sin con quién compartirlo entonces decidió hacerlo dignamente, y sola.
Se metió en un bar, el que más le gustó (esas delicias de la libertad) y se acodó en la barra. 'Una mesa para mi sola hubiera sido patético' me dijo, cuando me contaba lo que sigue.

Agarró la carta y eligió. Como le gusta el vino tinto estaba apunto de pedirse una copa cuando en un fugaz cálculo mental se dio cuenta de que no iba a tomar una sola, y que a tal efecto le convenía comprar la botella entera y que quede lo que quede (otra delicia de la libertad).
Entonces estaba ella, diva, sentada en la barra con el tubo lustroso y apetecible en frente, y la copa que ya empezaba a tener estrias violetas y alguna que otra marca de pintalabios por el borde.
El punto fue que el cálculo le quedó corto y no pensó en la otra cara de la moneda: la copa acorta el límite, el tubo te abre la puerta a un mundo de sensaciones. Y ella no era de las que se caracterizan por su determinante fuerza de voluntad.
Lo peor es que se dio cuenta del asunto cuando estaba alegremente hablando con el de la barra (que no sé por qué me lo imagino como el marinero de Los Simpsons), y cuando se dio vuelta en su butaca y vio que el ambiente se tornada un poco denso vio que sería hora ya de arrancar. Le duró poco. El señor de la barra la volvió a distraer contándole sobre los orígenes del bar (a Dora le gustan indefectiblemente los tugurios, no hay tu tía) y ella, codito deslizado hacia adelante, el puñito cerrado dejando el lugar suficiente para apoyar la mejilla de turno escuchaba atenta mientras que empinaba la copa, siempre llena, con la mano libre.
Y la cosa se iba poniendo gomosa, andaba ya en ese estado de encapsulamiento mental que únicamente aquel que ha tomado vino con el estómago vacío es capaz de entender. Uno sabe dónde está, se cree conciente y capaz de tomar decisiones correctas y saludables. Uno apuesta a que tiene todos los reflejos y que haría cosas sin que los demás se enteren que tiene un pedo álgido, y que podría irse como una princesa si quisiera.
Recreo la conversación final.
- Este lugar era un teatro antes, viste que tiene algnos recovecos raros...
- Ah, se... - dijo ella, interesada.
- Es más, atrás hay un espacio en donde se juntaban a ensayar musicos que hoy son famosos, pero en aquel momento andaban tocando por lugares como este. Estpa muy bueno, las paredes escritas...
- Mirá vos...
- Sí... querés que te lo muestre?
- Y bueno, dale, mostrámelo.
Y luego, cuando de nuevo volvía en taxi con las tetitas de goma en la mano porque no entraban en la carteríta de bataclana que prometió no volver a usar hasta que estuviera dignamente acompañada, se dio cuenta de que era todo mentira (sobre todo cuando en una fisura del efecto del vino de cuarta que habia tomado logró preguntarse 'qué hago acá!') de que lo barato sale caro y de que, encima, no iba a poder volver a ese lugar.
Es una pena.

martes, 16 de marzo de 2010

Drenaje linfático

Un hombre le dice a otro: yo soy racista, no me banco a las mujeres y a los carteros.
y el otro, su interlocutor, le pregunta: por qué no te bancas a los carteros?
...
Dias atrás, en una reunión, un participante largó: las mujeres estan cada vez más putas.
- Qué querés decir con 'más putas'?
- que no son las de antes. Antes las mujeres no laburaban, no salían, tenían hijos... dónde están las mujeres de antes?
- Antes, están antes - dije - y definitivamente, con esa vida deben estar pesando unos 130 kgs.
- No... - insistió - desde que les dimos más libertad, están más putas, todas. No es lo mismo.
Días más atras, mirando tv, en uno de los canales de series vi un adelanto de una que creo que empezó la semana pasada, o la anterior... hace poco. Es una que dice, (o que profesa!) que 'los caballeros las prefieren brutas'. Me quedé mirando de qué se trataba y, en los breves 2 o 3 minutos que se dejó ver aparecía un señorita muy linda, que supuestamente era una profesional exitosa e independiente a la que le va bastante mal en el amor. Entonces dejan ver a mujeres enfundadas en vestidos cortísimos, jeans peligrosos, escotes impensados, andando por la vida quejándose de la mala suerte de ser empresarias porque, ¡oh ay de mi!, no seremos felices nunca en el amor.
Me pareció al principio graciosa, una rara parábola centroamericana de los avatares de alguna tetona pero inteligente despechada que se descargó en un libro en la que los incluía a todos... pero sobre todo, a todas.
Y andaba quejándome de aquello, protestando por la sensación de que me están boludeando cuando me tratan de inculcar que hay que hacerse la estúpida para conseguir un macho (otra más, la colombiana: 'Sin tetas no hay paraíso'), cuando veo un cartel de esa fatídica obra de teatro que reflexiona que no será feliz, pero tiene un marido. Bueno, pensé, estoy errada?
Luego anduve por la calle, por la bendita Santa Fe y una invasion de imagenes coloradas invadió mi campo de visión: día de la mujer, 8 de marzo. Las bombonerias, las florerias, las casas que venden sábanas y toallas, las zapaterías, carteles del Gobierno de la Ciudad que nos invitaban a participar de maratones femeninos, (y yo no podía dejar de imaginar a hombres entrados en calor y en años viéndolas correr... pero eso es mio, sorry)
Y casi que veía a un batallón de féminas orgullosas de lucir sus correspondientes remeras numeradas correr una maraton como si fuera un estandarte. Pensaba luego en todos los hombres yendo a comprarles pequeñas bombachitas. Me imaginaba a las mujeres aprovechando la fecha para recibir sus espejitos de colores... haciéndose las brutas, o las felizmente casadas.
Y son pocos los que recuerdan, o peor, se interesan por el motivo de la fecha. No es cuestión de hacer aquí una reseña histórica sino de recordar que no es un día que se festeja sino que se conmemora. Debería ser un día que nos recuerde que no deberíamos cometer atrocidades nunca más.
Y no quiero hacer una apología del socialismo recalcitrante, no me voy a poner a batallar contra el sistema, ni contra las estrategias de venta. A mi me gustan los regalos y los celebro con alegría. Los recibo, los agradezco, pero no me refiero aquí a ello, no es eso lo que me molesta.
Mientras pienso todo esto recuerdo con un poco de asco, tristeza si se quiere, que quienes no recordamos esto somos principalmente nosotras, que andamos por los bordes. Que respondemos como si fuera una formación reactiva: o salimos a con banderas a proclamar por nuestros derechos revoleando setentistas corpiños o lo hacemos por atrás, como si hacerse la estúpida, o la bruta para que los caballeron nos prefieran nos reinvindicara en nuestro estatuto del otro sexo, al decir de Simone, o del sexo fuerte. Como si aullar con los lobos, siguiendo a Sigmundo, nos evitara el laburo o el título de ser más putas que antes.
En fin, estas cosas me producen enojo, me permito la protesta porque de ninguna manera creo que diferenciándose a traves de pancartas o estrategias genere la igualdad. (Ojo, tambien creo que la igualdad, la tan mentada igualdad entre los sexos, tiene demasiada prensa) No somos iguales, nunca lo seremos ni queremos serlo. Eso no significa sin embargo que tengamos que ser más putas para tener éxito.
Por eso, mujeres lectoras, basta de mails pelotudos con frases de power poit que revindican a la mujer felina que batalla contra las adversidades para hacernos sentir bien(?) una vez al año, porque el resto de los dias con un simple mensaje de texto recibirás muñecas en tanga en tu celular.
El día de la mujer debería ser el día hábil inmediatamente posterior día del hombre, y el regalo más interesante, dignidad todos los días del año.

jueves, 11 de febrero de 2010

(in)contingencia

Las mujeres tenemos una cuestión que aún me cuesta descifrar, me genera una gran duda: En qué cubículo de mi biblioteca la ubico? En la parte de novela rosa? En la parte de historia? En el nivel de Psicología? En el de filosofía? El de ficción? Me refiero a la constancia femenina.
Las mujeres solemos ser constantes. Hay una publicidad de desodorantes que me desdice en algún punto y no está tan errada, después volveré sobre ello.

No sé si se trata de la constancia que se sostiene a través del tiempo, lo que sucede es que cuando queremos algo, lo que sea, vamos a romper los huevos de quien tengamos enfrente hasta conseguirlo. Y funciona. No por nada el mercado tiene múltiples ofertas para ellas y no tanto para ellos. No por nada las mujeres tienen 32 pares de sandalias de diversos colores (y siempre lugar para uno más, porque no sabemos qué ponernos) cuando los tipos se arreglan con dos o tres pares de zapatos (uno de zapatillas, unos de verano a veces, uno para el laburo que también usa para los casorios) y un par de ojotas.
Pero la duda se me representa, esto que decia antes de que no llego a descifrar si es virtuoso o detestable ser así, cuando se nos pone enfrente algo que no podemos conseguir.
La publicidad que mencioné, que dice que las mujeres se cansan rápido, es posta: nos cansamos rápido de lo que ya tenemos (somos histéricas, tenemos un agujero que se acomoda a múltiples objetos, no lo olviden), pero nos encajetamos (otra vez el agujero) con lo que no. En eso somos constantes, en eso no paramos. El asunto es cuando lo que tenemos entre cejas es inalcanzable o imposible. Me pueden pueden decir: El objeto es siempre inalcanzable porque nunca es eso lo que queremos. Ma qué pindonga. Se padece terriblemente aunque Freud venga a perjurarme que no era eso.
El caso, el ejemplo que funda el cimiento de este relato es el de los tipos. Ayer hablaba con una conocida (mi trabajo consiste en escuchar) que me contaba que hace dos años y pico que está con un tipo. Que el tipo es un pobre pelotudo (eso lo digo yo) que a ella la saca de las casillas, que le provoca violencia física. Ella es una preciosa cirujana cardiovascular que tuvo una vida tranquila siempre, hermosa, delicada y dedicada, un bambi de las praderas que cumplió su sueño de venirse a Capital desde Misiones para poder realizarse profesionalmente. A sus 26 años conoció a este infeliz, que carga con una mochila que no se va a sacar nunca: una flamante ex mujer y dos hijas pre adolescentes. Y esta sufre como una condenada porque él nunca cede. Encima le pide comprensión. Le dice que entienda que su pobre ex está sola y tirada por su culpa entonces va asiduamente a verla. Y la ex aprovecha, y se pavonea frente a la nueva a través de desopilantes mensajes de texto y bla bla. La historia es harto conocida. El tema es que la cirujana anda cirujeando en este, su novio, que nunca va a salir de ese lugar porque la relación, ahora, implica a tres personas, por mas que le revuelva la basura no va a encontrar más que eso: basura. Y la única que le queda es irse... pero se queda. Y sufre, y repite y se llena de ira que salpica todos los ámbitos de su vida.
- Imaginate! - me dice - no puedo operar a nadie en estas circunstancias. Lo puedo matar!
Y tiene razón. Y acá es donde pienso que la constancia puede ser dañina como una araña pollito. Desvirtúa, crece, se hace un cayo y siempre, sin ninguna excepción, duele.
Lo único que se me ocurrió decirle es que raje, que se vaya de ahí, ahora, ya mismo!
- No puedo... - me dijo, mirandome a los ojos
Y la entendí.
- Ya sé, pero yo te ayudo - le terminé de decir.
Algunas, las que han andado por ahí, me van a entender.
Para terminar con humor, la moraleja:
'Es al pedo repujar cuando la poronga es chica''.

martes, 26 de enero de 2010

Anécdota

Es claro que cuando, luego de pasado un tiempo imprudente y una está ´sola', sin una fija (que alegremente rima con 'pija'), entra a buscar en los archivos mentales los rastros de algún anterior soldado rescatista.
Una sieeeempre guarda las agendas viejas, incluso las que tenemos de cuando no existían los celulares (Oiga, que algunas solteras aun tenemos esas tradiciones) y, quitándole el polvo del olvido entramos a buscar algún nombre que contenga buenos recuerdos.
Y alguno sieeempre hay, incluso algunoS, entonces tiramos unas cuantas redes, en el mejor de los casos un mediomundo, para ver qué pescamos.
Todos los días religiosamente una revisa qué nos ha traido el mar.
Cuando van pasando los días y no llegan respuestas, o la respuesta es 'me casé tengo 4 bepis y se me cayó el pelo en una medida directamente proporcional a lo que me creció la buzarda, pero si querés podemos...', una no termina de leer porque empieza a deletear, 'next, next' clickea una con la desesperación del que es perseguido por un muerto vivo... porque es efectivamente perseguida por un muerto vivo. (Mis disculpas por las ilusiones desperdiciadas, una también sufre por los estragos del tiempo).
Y se va desesperando, una sensación de fracaso invade la médula espinal con el paso aletargado pero inexorable. De a poco y a medida que van pasando los días se da cuenta de que ya no era como antes, aquellos dorados tiempos en que una levantaba el dedito y había unos cuantos muchachones esperanzados mirándonos con ojos de chicos que esperan abajo de una piñata. Ahora no, ahora cuanto menos somos la piñata. En fin, no quiero herir susceptibilidades, he dicho ya que una sufre los estragos del tiempo, para qué escarbar ahi.
Pero un día, ya cuando nos estábamos haciendo a la idea de abandonar la trinchera de la eterna espera, cuando empezamos a pensar sin querer que un perro, un Caniche Toy por ejemplo no es tan mala compañía porque al menos hace que una se entretenga pensando los gastos que implican las vacunas y eso, ya cuando una se abandona en la heladería como si fuera un mundo de sensaciones aparece, tímido allí, como quien no quiere la cosa, una pequeña línea en negrita en la bandeja de entrada. Uno picó. Uno picó!!! San Revolcón escuchó mi plegaria y se me da. El jueves mojo, me entierran la batata, abro el garaje para cualquier auto que se digne, la pongo... el jueves, finalmente, cojo.
Dejás el Caniche en la heladería y te armás hasta los dientes, te ponés el kit de emergencias que tenés allí apartado desde que empezaste con esta cruzada desesperada (una tanga roja de saten elastizado cuyo hilo dental desaparece inmediatamente después del huesito dulce, un corpiño o 'soutien' al tono con un push up tormentoso pero necesario, unas tetas de plástico blandito para darle fundamento, una pequeña liga que finalmente optás por no ponerme porque no combina con la celulitis)
Y una sale, y que pin que pan, zaraza zaraza. Se termina la botella.
- Querés algo más? - dice él, caballero.
- Sí, claro, lo que sea que se pueda tomar estando horizontal - decís, apurada.
Un guiño y al auto.
- Tu casa o la mia?
- La tuya - (Siempre es mejor irse que echar, pensás)
Y dale que va, palo y a la bolsa. Le damos masita a lo tonto y a lo loco. te sacás todas las ganas juntas.


'Hermoso, memorable... pero es una pena' - repetís en voz baja cuando volvés a casa en taxi con las tetitas en la mano porque no entran en la carterita de bataclana que combinaba con la tanga, entre indignada y dolida porque no pensaste en la opción de ser echada cuando elegiste dónde revolearla.
Y así una llega a su casa y se saca todo vestigio de esa noche, que aunes porque te despacharon antes de que amanezca. Pensas a tirar las tetitas pero te da pena. 'Cuando se me pase la bronca me va a causar gracia', pensás.
Y te vas a dormir, y conciliás el sueño pensando un nombre para el perro.
La desesperación suele llevar a hacer malas elecciones. Las malas elecciones nos devuelven al punto de partida, pero con una mala experiencia.
Al otro día me compré un perro policia, pensé en ponerle 'Reemplazo', 'Desesperación', 'Excusa'. Finalmente le puse 'Dignidad'

martes, 5 de enero de 2010

Otra vez sopa, perdón, sola.

Cuando me vino a decir 'No te quiero más, chau' y se fue, cuando después de un ratito se me pasó el estupor, me encontré sentadita en el rincón de siempre, llorando a mares, rodeada de una alfombra de bollitos de papel viscoso, un rollo de papel higiénico por la mitad y la nariz roja como un borracho.
Luego, y definitivamente, con el paso del tiempo no atravesé todos los estados, como suele decirse, sino que me estanqué en la tristeza más radical y absoluta.
Sentía que se me había salido una pieza fundamental, estaba de pronto renga, manca, muda, vacía de un rato a otro. Me quedé con muchas cosas en el tintero, entre ellas el corazón en muchos pedazos y un nudo en la garganta. Estaba como shockeada. Absolutamente todo pasó a ser secundario, todo lo que me importaba tenía que ver con él.
No podía concebir, más allá del amor perdido y del fracaso (que me excede en este espacio), que todo fuera tan repentino, que todo se hubiera modificado de golpe, que se haya ido a la remierda mi castillo camusiano. Me sentía como en el medio de la nada en tarlipes y sin saber cómo salir de ahí, con el pecho rasgado como si fuera de papel y alguien se hubiera tomado el trabajo de romperlo. Estuve unos días sin poder dormir, subsistiendo a pucho y mate.
Sin que se me pasara la tristeza un día empecé a moverme. Me apegaba con solemnidad, la solemnidad de un chico, a cuanta cadena milagrosa me llegara por email. Me colgué cintitas rojas, hice feng shui, corrí los muebles de lugar, le pregunté a un mazo de cartas por mi destino... pero el teléfono ni de choto sonaba.
Pero un día me dio hambre y morfé con descaro. Y me dio sueño y dormí la noche y la siesta de un tirón. Y cuando me levanté me embadurné y salí. El sábado a la noche dejó de ser un tormento para mi. No me sentía fantástica pero seguía.
Hasta que una noche fui a una fiesta. Medio obligada, medio por un criterio moral, medio por culpa. No había nadie en ese recinto que tuviera menos onda que yo. Estaba depositada en un sillón mirando con rabia a la gente que sonreía. Sin embargo se ve que en elgún momento relajé el cejo porque se me acercó un chiquitín, un duraznito dulce y tierno que me decía 'Mirá lo que sos, y acá sola... cómo te llamás?'
Y en ese segundo en que decidía si le respondía la verdad o cualquier verdura varias cosas me pasaron por la cabeza. Primero me puse nerviosa, se me revolvieron las tripas como si tuviera 12, mientras el seso formaba alegremente la frase 'No... no... qué bardo!' Luego entré a comparar como una marmota (y como si hubiera punto de comparación, por el amor de Dios!) al duraznito en almibar con el otro, el que días antes se habia rajado. Después pensé 'no, qué garrón, otra vez con esto... No estoy para estos trotes. Me tiro al piso y me hago la muerta...'
Luego le sonreí y le dije mi nombre, el posta.
Después de un rato la frutita se fue, seguramente a revolotear por la ensalada de frutas, quizá estaba entretenido pelando el carozo de alguna que otra duraznita más tiernita. No importaba, yo estaba satisfecha. Me puse lip gloss en la trucha y me fui a bailar con las demás.
Cuando terminó la noche y llegué a mi casa (sola y en taxi) aun sonreía, serena. No era tan grave después de todo. Luego de sacarme el maquillaje, me lavé la cara.
Y frente al espejo pensé: estoy vivo todavía.