lunes, 21 de diciembre de 2009

Parte Médico

A los ávidos lectores:
Se da aviso, a través de este medio, que la autora del blog (Cuál blog? ESTE!) Se encuentra en estado de reparación. A quien quiera visitarla se encuentra con pronóstico reservado en el Hospital de los Muñecos, al lado de Pinocho.
Sepan disculpar. Cuando se sienta un poco mejor seguramente retome sus actividades correspondientes.
(PD: El hada Protectora está desaparecida. Se agradecerá cualquier información al respecto)

Hasta el viejo hospital de los muñecos
llego el pobre Pinocho malherido
Un cruel espantapájaros bandido
lo sorprendió dormido y lo atacó.
Llegó con su nariz hecha pedazos,
una pierna en tres partes astillada,
una lesión interna y delicada
que el médico de guardia atendió.

A un viejo cirujano llamaron con urgencia
Y con su vieja ciencia pronto lo remendó
pero dijo a los otros muñecos internados
'Todo esto será en vano, le falta un corazón'

El caso es que Pinocho estaba grave
y en sí de su desmayo no volvía
y el viejo cirujano no sabía
a quién pedir prestado un corazón.
Entonces llegó el hada protectora
y viendo que pinocho se moría
le puso un corazón de fantasía
y Pinocho sonriendo despertó!

Les deseo unas muy felices fiestas y un exitoso año nuevo.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Encuentros cercanos del tercer tipo

Hace unos años yo tenía un amigo* que tenía una fantasía con una amiga mia. Mi amigo era bien dotado (muy, parecía un caballo), muy generoso, muy desenvuelto. Nos juntábamos cuando a alguno se le cantaba, nos pegabamos unas cuantas revolcadas, comíamos unas empanadas, una pizza, tomabamos algún que otro vino y luego taza taza, cada uno a su casa. Era maravilloso, no había problemas, lo pasabamos muy bien dentro y afuera del ring. Eramos un dúo dinámico. Un violín.
Decía que tenía mi amigo una fantasía con mi amiga. Y ahi había tela para cortar: la señorita en cuestión era una turbina. Parecía un animé, una creación de Manara, la mejor. Y claro, cuando mi amigo la veía conmigo se le disparaban todos los ratones juntos.
Un día yo me puse a noviar y dejé de frecuentarlo. Igual manteníamos el contacto porque había buena onda. (Y también por si acaso, para qué mentir)
Una tarde cualquiera me encuentro a B (mi amiga en cuestión) y nos pusimos a charlar. Le empecé a contar de mi amigo y del provecho que yo le sacaba a sus fantasías con ella.
Yo: Ay B, no sabés lo útil que me has sido... Te acordás de mi amigo no? De *? Bueno, resulta que está con que te quiere partir en 32 pedazos, y cada vez que nos veíamos hablabamos de eso y surtía un efecto maravilloso.
B: Ah si? contame.
Yo: uf, de solo pensarlo me acaloro. Tiene una tararira que no se puede creer. Cada vez que nos encontrábamos se llenaba el lugar de fantasía y reviente. Nos dábamos a troche y moche amor del bueno, toda la noche. El pibe me hacía transpirar de todos colores, me hacía decir: 'seguí porque te mato' en cuatro idiomas, y yo sé apenas dos. No sé, tiene una barota mágica y un expertise que no pensé que existía. Un día nos huntamos con manteca y jugamos a la guerra de almohadas, después parecíamos dos gallinas cogiendo. No sólo por las plumas, te juro que hasta me hizo cacarear. No sé, B, es impresionante. La mayoría de las veces me he ido renga de su casa y al otro día tenía que pedir el día en el laburo porque no podía ni hablar. Mucho menos concentrarme. Cuanto glamour, cuanto reviente.
B: che, mirá vos... A vos te jodería que yo también le de un poquito? Porque a mi me encanta ese pibe, y encima con lo que me contás...
Yo: Pero B, cómo no me dijiste antes?. Es el sueño del pibe y yo lo aprecio mucho. Ya mismo lo llamo.
Lo llamé inmediatamente y casi se pone a llorar al teléfono.
Supe que se juntaron unos días después así que increpé a B.
Yo: Contame cómo te fue. Viste que parece una bestia lujuriosa traída directamente del sector pornográfico del Averno?
B: Si, yo que sé.
Yo: 'Yo que sé?' No entiendo, qué pasó?
B: No sé, estuvo bien, pero nada del otro mundo. He tenido mejores. Cuando le vi semejante salchichón primavera ahi entre paréntesis, porque te diste cuenta que es chuequito, no?, dije 'Bingo, papita pal loro', pero la verdad es que no fue para tanto. He tenido mucho mejores. No creo que lo vuelva a ver. Espero que no se ponga pesado.
Yo me quedé ahí, sin poder creerlo. Habría visto al mismo que yo frecuentaba? Será que tanto fantasear se había inhibido? Estaría enfremo?
Lo llamé como quien no quiere la cosa para preguntarle a él también. Y la respuesta, salvo por lo del salchichón primavera, fue más o menos parecida: 'Y... mas o menos. Yo pensé que iban a chocar los planetas y al final... No le digas a tu amiga que yo te dije esto, pero me da la sensación de que ella lo pasó igual que yo. No creo que nos volvamos a ver.'
Yo me quedé sin entender una goma. Un fracaso.
Tiempo después una amiga me presentó un petiso prometedor (esas fueron sus palabras) que se suponía que me iba a hacer ver y tocas las estrellas. 'Es un caño, vas a ver que no vas a querer parar nunca más' me dijo.
Me llamó, fui a la cita y luego fuimos a su casa. Hasta el momento había sido todo bárbaro. Pintaba que iba a terminar de mil maravillas pero a la hora de los bifes fue un fiasco del que prácticamente huí despavorida: no es que el tipo tuviera la poronga chica ni que le faltara pericia. No se quedó dormido ni tuvo otro problemita. Simplemente no andaba para ningún lado. Nos chocábamos al cambiar de posición o directamente no la encontraba. Le molestaban mis pelos, a mi el perfume... no sé. No había, simplemente, magia.
Y cuando me estaba volviendo a casa me acordé del episodio de B y después de un rato llegué a una conclusión:
No existen buenos o malos partenaires, sólo buenas o malas combinaciones.
(*:con el que me juntaba a coger pero sin compromiso, ni reproche, ni preguntas molestas.
)

domingo, 6 de diciembre de 2009

Perspectivas: mi encuentro con el viagra

Juan:
Estaba con un amigo en un bolichón tomando un fernet y me dice: '' conseguí Viagra, querés?'' y yo, que tengo 27 años de pelotudo le dije que si. 'Eso sí - me dijo - tomalo 20 minutos antes de ponerla porque hace efecto rápido'
y bueno, me fui a casa y esperé a Jesi, que estaba tambien con unas amigas. Cuando me avisó que estaba viniendo, le calculé mas o menos el tiempo y me clavé la pastinaca. Estaba contento, expectante, ansioso. Vislumbraba escenas de sexo fatal y salvaje. Me imaginaba a mi novia agradeciéndome infinitamente por mi desempeño, extasiada, con la ropa desgarrada. Me hacia el marote como un boludo.
El tema fue que a los 15 minutos me entré a sentir para la mierda. Transipaba como un chancho asustado, se me hinchaban las venitas de la frente como si la bocha me estuvierapor explotar... me quería ir corriendo hasta Lujan. 'Qué me dio este tarado?' pensé. El hombro derecho me latía como si me estuvieran tironeando. Temblaba. Seguía transpirando frío. Me senté en el sofá y empecé a pensar en cosas lindas. Al pedo, porque mientras me trataba de concentrar en mi sobrinito me acordaba de las tetas de la recepcionista nueva a traves de esa camisita blanquita chiquitita que le dieron de uniforme, el perfume... sentía que me tironeaban de las patas. La chota estaba dura como un resto fócil y latía como loca. Estaba rojo y caliente como un caño de escape.
En eso siento el auto de Jesica y me entra una desesperación. Le bajo a abrir el porton del garaje y no va y se nos mete un chorro. La reconcha de la lora!!! y yo estaba que no podía más. Si no fuera por la otra que se puso a llorar como una loca yo me hubiera culeado al chorro unas cuantas veces, a esa altura no me importaba nada de nada,m quería coger y nada más. Estaba desesperado ya. En un momento pensé que con el susto se me iba a pasar... pero no. No habia manera de sortear el efecto. Estaba como loco.
'Flaco, qué querés? el auto? la guita? llevate lo que quieras, tomá - dije, dandole las llaves y el alma -pero por favor andate. Es urgente'. Y se ve quie el flaco entendió porque hizo esa mueca que solemos hacer cuando nos cae la ficha. Se llevó todo igual pero se fue. Entramos y yo la entré a desvestir. Me dolían los huevos.
'Qué hacés insensible' me dijo, retirándome las manos. 'No ves que estoy mal? nos acaban de robar!''
'Si, si, después hacemos la denuncia. Dale mi vida, haceme un petetuse, chupámela un ratito como vos sabes que me vuelve loco...' Le agarraba la cabeza como para agilizar el trámite pero no hubo caso. No pude más, me puse a llorar y le tuve que decir.
Primero se enojó, pero después accedio y nos echanos un polvo... y fue más de lo mismo.
La pericia no tiene que ver con la potencia evidentemente.
Jesica:
Juan es un caso perdido. Se tomó un viagra, lo podes creer?
Me llamó para saber a qué hora llegaba, yo estaba con los del laburo tomando una cerveza. Por lo general yo soy la que llega antes. Diez minutos despues me llama para decirme que vaya lo antes posible. Ahi medio me asusté porque estaba transformado, parecía loco. Pensé realmente que le pasaba algo. Y cuando llegué bajó a abrirme el portón, cosa que nunca hace. La alegría me duró poco porque no va y se nos mete un ladrón. Yo estaba nerviosa, lloraba, me cagué en las patas y este encima parecía que le facilitaba el laburo al chorro. Yo miraba la escena y no entendía una gomaa. Al final el flaco se fue con el auto, despues lo encontraron al toque pero lo mas importante es que no nos pasó nada. En fin. Subimos y yo me quería tomar un vaso de agua, un whisquilin para relajarme, hablar de eso porque del susto que tenia se me habia pasado hasta el pedo que me habia agarrado. Y Juan me empieza a manosear ahi nomás... quería coger! La podes creer? Yo lo mandé a cagar, cómo va a hacer eso? y el loco insistía... Yo sé que los hombres tienen la idea fija, pero pará un poco, todo tiene un límite.
Hasta que me dijo: me tomé un viagra Jésica, si no me echo un polvo ya mismo me va a explotar la bocha, por favor, chupámela! Te lo ruego 'me dijo, y su desesperacióm me tocó el corazón. Lo reté un rato, por pelotudo, pero después accedí. Se la chupé un ratito, pegaba una gritos ridiculos, después nos fuimos a coger.
Pobrecito, pero qué pelotudo, no? Porque la verdad es que estuyvo bien pero no wow que semental maravilloso! No le dije nada, obvio, pero no es tonto y se dio cuenta.
Cogimos una sola vez y nos dormimos. Hoy a la mañana aun la tenía como un caño de escape. No me dijo nada, se la bancó como un duque pero llegué tarde a la oficina porque no lograba que salga del baño, pobre.
No le dije nada, ni hice. Tiene que aprender que la pericia no pasa por la potencia.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Que no te vendan amor sin espinas...

Ayer estaba en la casa de una amiga. Charlábamos de cosas en general y del amor en particular (si, si, muy femenina la tarde de mi domingo).
Ella me contaba que estaba un poco preocupada por su actual situación de pareja. Me decía que no le pasaba con él, con Coco (así le dice) lo que le solía pasar en sus relaciones anteriores, todas absolutamente funestas y destinadas al fracaso más acérrimo, dignas del olvido.
Me decía que a veces iba caminando por la calle y veía parejas de la mano, o chapando en alguna esquina y no podía evitar adjudicarles una vida feliz, una relación plena llena de satisfacción que alimentaba a cada instante sus corazones hinchados de alegría y amor. Recordaba que antes, cuando se encontraba en medio de una relación, aunque más no sea una posibilidad de visita higiénica, ella se moría de celos, se sentía ansiosa y vulnerable, tenía miedo incluso de perder al ñato en cuestión.
- Entendés que no me pasa eso? Ahora estoy relajada, a veces ni ganas de coger me dan, total si no es hoy será mañana, o pasado... estoy muy segura de que Coco está ahi y de que no sería capaz de cagarme, de hacerme daño ni nada por el estilo... entendes que estoy tranquila?'
- Sí, sí que te entiendo... - le dije, agarrando el mate que me ofrecía mientras pensaba en mi, en cómo yo voy al amor con una actitud absolutamente kamikaze, que lo padezco como una adolescente porque sufro, porque nunca es sin angustia porque nunca nada es suficiente (oiga, no no, no es que soy histérica, no soy una insaciable, me refiero a que nunca termina siendo suficiente lo que yo tengo para dar porque un minuto antes dí absolutamente todo) y vivo la situación con una incertiumbre atroz, como si a cada momento pudiera irse y dejarme ahí, agonizando, porque al susodicho le di la cáscara de mi alma y me quedé en carne viva. Yo soy la peor pareja, y sin embargo añoro esas experiencias.
Terminé mi mate y las dos suspiramos. Sonó mi teléfono y gracias a Dios nos dió un respiro, una posibilidad de cambiar de tema y salir de sendos agujeros.
Hablamos de dos o tres boludeces, tomamos dos o tres mates más y me fui. En el camino seguí pensando, of course, de eso no sale una tan fácil (ven por qué quiero ser hombre?). Me acordé de un amigo que, antes de casarse un par de años atrás (justo en el momento en que empecé a meter la para y no paré, pero esa es otra historia), ante mi atónita postura frente a la noticia y en respuesta a mi pregunta, me dijo: 'me caso porque ella me cierra, el combo me cierra, compro. Y me caso'. Yo me ofendí, me pareció una aberración a los ideales, sentí que traicionaba todo lo que yo creía hasta ese momento. 'Un combo? Comparás tu matrimonio con una hamburguesa con papas fritas?' Me respondió algo, pero yo me fui sin escucharlo.
Quizá lo que me dijo fue eso, que el amor no es sólo pasión sino que es decisión y elección, que suma de las piezas es mucho más interesante que el brillo inteso y sin fin de una sola de ellas, aunque esa sola pieza se trate de amor propiamente dicho.
Es decir, no digo que no tenga que haber amor, digo que no es sólo eso (Ni es suficiente).
Eso.
(Igual, insisto, yo sigo estando jodida.)

domingo, 8 de noviembre de 2009

La vaca muerta

Todos han, en esta tierra y a esta altura del partido, sido partícipes de una conversación entre mujeres. No me interesa en lo más mínimo la opinión que les merece, solamente hago alusión a ello porque días atrás, un jueves, he tenido una. Y fantástica, y quería recrear el momento sabiendo que ustedes, avidos lectores y lectoras, saben de lo que estoy hablando.
Empezamos hablando del post anterior, del tamaño de la batata. Éramos tres mujeres en ese momento. Una me decía que la verdad no era necesario encontrar un cohete interestelar entre las piernas de su partenaire, siempre y cuando supiera usar lo que allí hubiera. La otra estaba de acuerdo, siempre y cuando no fuera un exceso, es decir, que tuviera un maní pelado y encima pretendiera que fuera milagroso. Discutimos un ratito hasta que no sé a través de qué caminos discursivos llegamos al tema de las posiciones, al kamasutra cotidiano. Que a mi me gusta así, que a mi asá, piripipí. Muy lindo, ay que piola, no eso no, yo me pongo así (viene con gesto, irreproducible), y todo eso (por eso me quise cerciorar de que han participado ya). Y a veces, dijo una para rematarla, viene la muertita al pelo. Yo me empecé a reír. 'La muertita no es una posición' dije yo, infantil. 'No, es lo que hay cuando no querés nada'dijeron a duo, c ada una sumergida en sus actividades (estabamos en la oficina). ''No me gusta! dije, o pensé. 'Y hay una peor' prosiguió una, la más suelta de estribos: 'la vaca muerta'.Dícese de vaca muerta cuando la fémina en cuestión carece de todo interes en el acto procedente. Y esa falta de estímulo se manifiesta en todas las esferas posibles: el elástico de la bombacha está vencido, no hay rastros de depilación púbica, hay celulitis sin disimulo y la sensualidad brilla por su ausencia. Mis ojos, grandes y preguntones, un poco desasosegados por la falta de solemnidad de las escena, buscaba la complicidad de la tercera, angustiada, casi con anticipada tristeza: 'Ah, si si, es genial. Te tirás ahi y que labure viejo'. le escuché decir. Yo, que lo único que había acotado hasta entonces era que los mañaneros no me gustan, que me rompen soberanamente las pelotas porque ya es suficiente con tener que levantarme, me sentí herida. ''Herida? dirán. Por qué herida y no triste, o enojada, o asustada en el peor de los casos. Y yo diré: 'porque al final era cierto'. Porque ya había escuchado decir a alguna otra mujer algo semejante. Ya había participado de reuniones que tranquilamente podrían haberse llamado 'mujeres contra el sexo' compuesta por esposas hinchadas las pelotas de tanta rutina, porque en reflexiones como esa el sexo, el acto, coger, sólo se circunscribe al mero acto físico. Y allí se han perdido las luces de su fantástica experiencia. Coger es dar y recibir. Coger es sentir el cuerpo, el calor, el olor de la otra persona. Y no se trata solamente de ponerse así o asá, no se trata de la habilidad ni de la cantidad de guarangadas que se dicen (que son maravillosas si vienen extasiadas), ni siquiera se trata cómo termina, no sólo de eso. Es un combo. Y al escucharlo tan vapuleado me sentí herida porque dar es en definitiva un acto egoísta, porque cuando uno da pretende recibir lo que da. Si en el tránsito por mi línea de tiempo me encuentro con que a esta altura el sexo es un despojo, es un mero reflejo del deber marital, y me tengo que acostumbrar, entonces sí, me siento herida.
Ya vengo, voy al baño a llorar por mi desilusion y vuelvo.

sábado, 24 de octubre de 2009

Ad eternum

De nuevo sale el tema en cuestión, se arremete, porque no es cuestión, oiga.
Yo ya hice alusión a este asunto, pero se sigue debatiendo en cafés femeninos y charlas de medio día.
Por ejemplo, el otro día paseando con una amiga salió el tema, porque nosotras cando no sabemos de qué más hablar hablamos de hombres y sexo, porque ese tema anota porotos, porque sabemos que va a ser productiva la conversación, porque al menos si no aprendemos nos vamos a divertir.
En fin, salió el asunto de la estrechez de pito, de la falta de tamaño, de la poronga chica, o sea. (La que no haya tenido una experiencia así que tire la primera piedra.)
Me acuerdo de una vez que charlando con alguien, mujer ella, cuando le comenté de una experencia propia a raiz de la cual yo estaba furiosa, me dijo: 'Y bueno, qué querés, que no cojan? Tienen pito chico pero no por elección, no tienen la culpa'. Y sí, pensé, el flaco en cuestión le puso mucha actitud compensatoria. El pibe del chizito era simpático, muuy buen mozo y tenía mucha y buena labia.
Cuando, más cerca en el tiempo, salió la conversación nuevamente mi compañera de turno fue mucho más radical, más concisa en sus decisiones: 'Qué? no, no, yo nunca más.' Estaba muy convencida de lo que decía, me gustó su firmeza ideológica, logró desterrar los fantasmas de mis pitocortis pasados. -'Yo me fijo antes. Yo me los chapo, siempre fuera de casa o del telo o de su casa porque una vez adentro estás en el horno, ya es tarde. Yo los tanteo, les meto la mano en la bragueta y mido. Nunca puede ser menos que esto - dijo, haciendome una seña con la mano - porque es triste. Esta mano es un gallinómetro, es una herramienta que yo misma modelé y anda bien, no me ha dado un disgusto - se miraba la derecha con orgullo - en fin. Yo manoteo la gaviota, si veo que no hay cuorum me levanto y me voy'.
'Pero no - le dije yo, quizá demasiado jóven e inexperta aún - no podes hacer eso. Es una cuestión de código. Si llegaste hasta ese momento, si le llegaste a acariciar el ganso aunque más no sea una sola vez tenes que bailar, te lo tenes que coger un ratito aunque sea, no da, a mi no me gustaría que me lo hagan'.
- 'Qué código? De qué código me hablás? - decía, haciéndome montoncito - No. No, a esta altura? No tengo más ganas de caretear un garche, prefiero quedarme mirando una película con un helado antes de que garcharme a un ñato del que no me doy cuenta más que por la cara si me está cogiendo o no. No me sirve, si al fin y al cabo no me lo voy a querer cruzar nunca más, de qué código me hablas?
- Bueno - agregué, sacando la carta de la respuesta de mi otra amiga - No tienen la culpa de tener un palito de la selva...
- Si, es verdad y es una pena, pero yo tampoco la tengo. Así que si se queda caliente que se vaya con su microporonga a hacerse una paja a otro lado (SIC!)
A mi su respuesta me pareció suficiente, brutal y suficiente, por lo cual no intentaré hacer ninguna reflexión al respecto.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pero vos sos la racha

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martes, 13 de octubre de 2009

Nací para ti?

Hay una canción que me gusta mucho. Siempre que puedo la escucho porque realmente me gusta. La tarareo, me sé la letra desde hace muchos años.
Y en un insight casi ajeno (porque fue en el medio de una conversación en relación a los nuevos cuernos de una amiga) me detuve en una parte que dice: 'y cuando pido la llave de un hotel y a media noche encargo un buen champan francés... y cena con velitas para dos siempre es con otra, amor, nunca contigo...'
Esa parte siempre me pareció pintorezca si se quiere, masculina tal vez. Pero en ese instante me pareción tremendamente triste. Y no porque sea algo habitual a lo que estamos destinados siempre bajo el lema de 'Nadie se salva de los cuernos y de la muerte', sino por la responsabilidad de las partes actuantes. O, mejor dicho, de mi responsabilidad en un caso así.
Mi amiga y su novio (o ex, no lo sé) se conocen desde hace 5 años. Viven juntos desde hace cuatro. Se conocieron en un bar a la salida de sus respectivas oficinas. Ella tenía 27 añitos recién cumplidos en esa época y hacía un tiempo considerable que andaba sola y desaforada. Le gustaba más la joda que el dulce de leche casero y no dejaba pasar oportunidad. Iba al gimnasio, a la peluquería, a bailar, a pilates, a tomar cervezas a los bares después de trabajar. Se pintaba, se peinaba, dejaba una estela de perfune al pasar, sonreía todo el tiempo.
No le molestaba no tener la casa impecable y reluciente porque en el mejor de los casos caía a dormir y a estudiar, y si no caía sola total ya estaba oscuro y nadie se iba a detener en los detalles. La heladera tenía pocas cosas y todas tenian alcohol. Tenía mucho discos y libros. Le encantaba visitar amigas, amigos... disfrutaba, en líneas generales, de todo lo que implica ser joven. Era bonita pero lo que la destacaba era la actitud.
Luego conoció a Facundo, el hombre en cuestión. Al principio todo bien, salían, cogían, se emborrachaban, lo pasaban bomba.
Después ambas partes empezaron a engancharse cada vez más y se pusieron de novios. Así hasta que terminaron yéndose a vivir juntos.
Uno se pregunta cómo él pudo llegar a dejar de querer, o querer otra cosa, que esa muñequita?
Y bueno, esa muñequita dejó de ir al gimnasio al tiempito nomás de que empezaran a salir. Obviamente no iba más a los bares after office porque se iban juntos a su casa con Facundo que la esperaba ahí en Alem y Corrientes, ambos trabajaban en el centro y se esperaban. Dejó de salir los sábados porque decía que estando de novia eso no se podía hacer de ninguna manera y dejó de ver a sus amigas y amigos porque empezó a juntarse con los de Facundo.
Dejó de ir a la peluquería, dejó de comprarse ropa sexy. Empezó a ser muy ama de casa y se volvió insufrible con la limpieza y el orden. Empezó a llenar la heladera de cosas diet, ligth y macrobióticas. Y no había dia que no tuviera olor a papas fritas en el pelo porque ella era la que cocinaba.
Un buen día encontró saliendo de un telo a Facundo con la secretaria de su jefe, una bomba sexual de 27 añitos que estaba para matarla. El día anterior habían discutido porque ella estaba dele meterle rosca con que quería tener un hijo y casarse (en ese orden de prioridades). Lo notó raro y decidió seguirlo.
Lloraba. Cuando me contaba esto lloraba, decía que había dejado los mejores años con él (es exagerada, síndrome de ama de casa) y que ya no iba a ser como antes. Porque ella era tan linda y joven antes de conocerlo... 'hijo de puta!' - decía en sus pequeños brotes de enojo - 'ahora que encontró una más pendeja se va. Seguro que es una trola de mierda que le gusta más la pija que el dulce de leche casero' - y seguía llorando.
Yo no iba a meter la cola en ese momento. Se le iba a pasar e iba a volver a las pistas no bien terminase el duelo, no valía la pena desplegar un papiro inmenso de torturas psicológicas ante cuestiones que ya a esta altura no tienen remedio.
Quizá esta historieta es un extremo, pero es el rejunte de muchas otras historias que terminan igual.
Las mujeres tenemos la manía de dejarnos, de abandonarnos a los brazos del otro como si ya no hiciera falta nada, como si el amor diera todo por entendido y dejara de hacer falta la seducción.

Y en lugar de esperarlo con un microvestido de licra comestible, lo hacemos con un desavillé de toalla deshilachada porque la ropa ahora se compra para las fugaces ocasiones de un compromiso social. El perfume lo mismo, y así.
Y para colmo venimos a creer que tenemos derecho de quejarnos porque él no nos trae un ramito de flores de vez en cuando, de que no nos sorprende con un regalito o no lo que sea.
Nos han inculcado que el amor todo lo puede, que el amor es ciego... pero nadie avisa que con el amor no es suficiente, que no es ciego y que no es por si solo una garantía de que todo será bueno y para siempre. Hace falta un cemento de contacto y para eso están los babydoll, los escotes, el kamasutra y la seducción. Si una se duerme en los laureles no puede pretender que el otro se quede ahí, abanicando nuestra absurda seguridad. No, se va a ir, yo me iría. Sin sorpresas yo me aburriría y me iría.

El amor será todo lo que dicen, pero no es gratis.

martes, 29 de septiembre de 2009

Guerra civil

En esta época, en la que los roles se dispersaron, se alejan y se acercan, en donde se reivindican algunas cuestiones del ‘Otro sexo’ al decir de Simone, se nos ha dado ver ciertas crisis de identidad (‘ver’ en el mejor de los casos puesto que la mayoría la atraviesa sin derecho réplica) en el género que me convoca y al que, salvando algunas nimiedades, pertenezco.
Podemos decir (hemos dicho) que avanzamos en la madurez filogenética levantando la bandera de la falta digna. Salimos a revolear el estandarte femenino, como una camiseta de fulbo que supo ser sostén de nuestros triunfos y desdichas en el momento en que decidimos abandonar el cómodo sofá de la tibia restricción impuesta al género, estupenda excusa para colgarse de un marido pudiente a cambio de una eterna desidia frente a la tv o a la ventana que da al patio donde están los juegos de los niños en el mejor de los casos pero fuera de la casa paterna, para salir al campo de batalla y competir por el derecho a las mismas responsabilidad de los varones, a cambio de las mismas retribuciones y beneficios. Hemos así mismo incursionado en la independencia económica. Nos dimos el gusto de meternos con los vicios mal vistos y de tomar algunos toros por las astas. Y nos fue bien! Cómo negar las masculinas estadísticas.
Pero, porque siempre hay un pero entre las líneas femeninas, ningún cambio es sin crisis. Y conllevan incoherencias y otras yerbas.
El cisma generado de la boca para adentro de aquellas que se han animado a seguir este camino ha hecho trizas el monótono discurso de la histérica asociada al ‘rosa pijama’ y olor a tarta tibia y fijador de pelo y ha pasado a generar un conflicto en el seno mismo del primitivo diván freudiano. Es así como en esta bipolaridad encontramos que el DSM debería adjuntar un nuevo item a la histeria. O dos. Por una parte está la ruidosa plumona, la gallina, digamos a la ‘Afrodita’, y, por otro lado, a la mujer maravilla, the Rock, la ´Atenea’. La primera es sensual. Es la que anda con brillantes vestidos ultracortos y los labios con una carga extra de lipgloss embadurnando el dedito que tiene entre los labios, mientras con la otra mano se hace un rulito con una parte de su leonina melena por lo general rubia. Es calientapava por excelencia. Este espécimen se puede encontrar subida a un Porche Cayene, en el asiento del acompañante.
La segunda, por su parte, es su antítesis. Es la guerrera, como su nombre lo indica. Es la que todo lo puede sin que se vea afectada por nada. Está superada, como un paso más allá de la gilada. Es capaz de atravesarte con su taco aguja de 15 cm si te ponés en su camino y cada vez que pueda va a dejar como un pelotudo a secas al partenaire de turno.
Siempre las vamos a oír diciendo: ‘No hay hombres’. Este prototipo lo hallaremos detrás de un escritorio de una multinacional o adentro de un traje negro digno de una nurse alemana del siglo pasado. (Como sucede con todo, es raro ver una clase pura. Hablamos de un quantum, de tendencias hacia uno u otro lado de la línea).
Un rasgo común a ambas es que ninguna de las dos entrega.
Y es allí donde sobreviene el conflicto, donde la ‘digna falta’ es convocada para lo que allí fue puesta. O, para decirlo de una manera comprensible a simple vista, de coger ni hablar
Es en ese momento donde, al decir de Dora, nos agarra un ‘ataque de pánico’. Yo creo que la justa nominación de este síndrome es ‘ataque de concha’, liso y llano, donde ya desaparecen las diferencias entre ambos extremos el vector antes mencionados.
Es allí donde una debe parar las antenas. Dora me dijo: ‘Es increíble la capacidad que tengo de arruinarlo todo, porque en un segundo podría haber hecho desastres’ y tiene razón. A quien no le sobrevino una ansiedad en cantidades atroces cuando a la espera de un llamado siente que la cabeza le está a punto de explotar? Quien no se la mandó en colores cuando recibió una respuesta non grata?

Son los asuntos 'del amor', eternamente circunscriptos a nosotras, lo que nos mueve el piso de una forma insoportable. Es ahí no tenemos ni idea qué hacer.
Pero calmaos mujeres, que es una baldosa más en este camino amarillo que nos conducirá al equilibrio. Como no tenemos la ayuda de los zapatitos colorados de las amas de casa de antes, se hace aparentemente difícil, pero no imposible.

Como dije antes, estamos en crisis y las crisis arrebatan. Hay que tener paciencia.
Y valor, mucho valor.

martes, 22 de septiembre de 2009

Cu(á)ndo te tenés que ir

Me introduzco en este turbio tema anteponiendo humildemente que yo no tengo por qué tener la verdad, y/o decirla. Por lo general ando navegando entre divagues trascendentales que nada tiene que ver con la regla general. En todos los caso, hablo por experiencia, propia o ajena, pero experiencia al fin.
Dicho esto, lavando mis manos ante posibles vituperios contra mi persona, o reclamos sin fundamento (yo no doy ni consejos ni órdenes, solo describo) prosigo.
El título no es en vano. Sin ánimo de explayarme como un imprecedente DSM1000 dedicado a cuestiones de género, me veo en la obligación, por respeto a mis congéneres, de exponer la conclusión a la que he llegado luego de, como Odiseo, navegar por mares sin horizontes y llenos, llenísimos, de espejitos de colores.
Procedo diciendo, por ejemplo, que debería una huir cuando viene un tipo y de buenas a primera te dora la píldora exageradamente. Lo que en el barrio se dice salamero, el que chorrea grasa.
Si hubiera posibilidad de una transcripción sería algo así:
-
El: te he pasado a buscar en mi auto deportivo modelo añoqueviene, marca importada, para llevarte al mejor lugar cerca del rio, allí donde uno, prestando atención, puede oír el cántico de las sirenas que volverían loco a cualquiera. Pero ¡oh! si es tu voz la que me llega desde los confines del paraíso al cual convocó Beatricce al dolorido Dante.
- Ella: mmm si, claro... (con la boca torcida)
- Él: estás hermosa, sos una mujer divina, la mejor de todas, te veo como... como la madre de mis hijos.
- Ella: Mmm
- El: ey, a dónde vas? Esperá que no...
Andate. Bajate del auto y rajá de ahí.
Otro prototipo: El bueno.
Es ese que cuando te preguntan por qué (alguien o vos misma) estás con él y seguis probando estar allí aunque irse juntos a la cama te resuene como las cuchillas de Freddie Crugger, no sabés que responder. Ese que no te mueve un ápice de interés en ir a depilarte la entrepierna, que funciona como insecticida a todas las mariposas en tu estómago, pero que es táaan bueno que dejarlo sería un comodicidio. Es como dejar ese laburo que no te da un choto de satisfacción más allá del sueldo (superior al promedio) y la seguridad de que no te van a echar, porque está tan dura la calle... pero que cada vez que suena el despertador para ir sentís que el corazón te late cada vez más lentamente. De nuevo, huí. Si hace falta entrenamiento, laburo fino o ayuda, intentalo. Pero huí porque es verdad, el corazón se achica y lo peor es que después le sigue la cabeza.
El otro es su antítesis: el jodido, el que te enciende toda, hace que se te moje hasta el elástico de la bombacha, te babees y pierdas el apetito. Y el lo sabe! Porque ha arrancado cuanto suspiro se le haya presentado. Es un cazador, es un tipo digno de la publicidad misógina de Axe. Es ese. No va a ceder nunca, olvídalo. Nunca va a hacer algo para que vos consideres que quizá un día esté interesado en vos. Jamás. Y el día que lo haga, el día que se rinda a tus pies seguramente deje de ser el jodido y cambie de categoría y vos te aburras (yegua). Están destinados al fracaso.
Otro más? El entregado. Se parece al bueno. Te mira como si fueras una esfinge que todo lo sabe levantando las cejitas cuando vos decís algo, aunque más no sea que te gusta comer remolachas con huevo duro, o que sandía con vino es la muerte. Y asiente, claro que sí, porque vos acabas de dar en la tecla, dijiste algo que podría cambiar el eje de la rotación de la tierra. Estás en los anales de su pasado y presente glorioso. Pero él mismo ha dejado de tener pasión por cualquier cosa porque vos estás ahí ocupando un lugar tan grande, tan impresionantemente importante que el mundo se termina donde vos hayas decidido cortarte el pelo. Y te vas a aburrir como un hongo porque cuando a vos se te pase la fascinación por esta especie de poder sobre tu mascota nueva, vas a querer matarte cuando te pregunte qué querés que se ponga para salir a comer mañana. Next.
Otro posible es el imposible. Se parece al jodido pero no es un guacho pistola, no no, simplemente es narcisista, es tan egocéntrico que no te va a hacer lugar en ningún lado. Otra variante de esta categoría no tiene que ver con el narcisismo sino con el miedo. Cuando una persona (ojo, de cualquier género) le teme tanto al cambio que mover una pieza le genera un laburo insoportable (salvo que vos seas una de esas personas y Alcoyana Alcoyana! van a ser novios adolescentes ad infinitum pero tranquilos los dos), te vas a tener que correr porque cuando vos pretendas algo diferente a lo que ya para esa altura tantos años vienen teniendo te vas a encontrar con que es imposible. Y no es de mal pibe, se trata en este caso de una imposibilidad. No puede y punto. Andate, en este caso, sin rencores. Pueden ser amigos, coger de vez en cuando y todo.
Otro más es el correcto. Este es proveedor, es casi nutricio. Va a prever que no te falte nada: comida, artículos de limpieza, ropa, belleza, calor, comodidad, transporte, etc. Vos vas a estar tan contenta al principo... porque vas a renovar tu guardarropas, capaz que hasta te haces un par de viajes, te blanqueas los dientes, haces la dieta en Figurella y vas a pilates cerca de tu casa. Todo eso. Salvo que un día te vas a dar cuenta de que sos Rapunzel y, lo peor de todo es que no tenes el pelo lo suficientemente largo como para que alguien pueda venir a rescatarte. Todo eso que te dio, mamita, no era gratis, y ahora te encontrás con que le debés muchísimo (se encargó de pasarte la factura a esa altura) y te queres ir a la mierda pero te pesa la culpa, la deuda moral. Con ropa nueva, pero te querés matar.
Uno más es El perfectoide. Ese te trata bien, vos ves al principio que anda de mil maravillas, que es bueno, que se preocupa por vos y te llama, te pasa a buscar. Es impecable. Es fácil. Te trata bien, como una reina. Y vos te sumergís en una vorágine de tantas cosas que cuando te querés dar cuenta pasaron dos semanas desde que le diste el teléfono y ya conocés al padre, a la madre, a los hermanos, los amigos, fuiste al casamiento del primo y bailaste el bals hasta con el perro embalsamado del abuelo y te sacaste fotos con las amigas de la novia de la cual aun no sabes el nombre. Te pusiste en la fila para sacarte el ramo y saltaste. Luego te quedaste el sábado a la noche cuidándole el sobrino viendo Backiardigans por la tele. Lo peor de todo es que no tenés la más puta idea de cómo llegaste ahí, pero estas en el baile y estas bailando como si supieras. No sé si es a drede o no, pero es una estrategia maravillosa para que no te detengas a pensar ni un segundo en lo que estás haciendo. Y el último, el mamero, del que tenés que huir sin preguntártelo siquiera es el que llama a su madre todos los santos días de Dios, que la llama, peor, tres o cuatro veces al día para contarle que se le enganchó el pantalón en una rama cuando se fue a comprar el sambuche a la esquina que, por cierto, no es ni será jamás como el que hace ella. Y que luego de verla en la comida semanal en la casa de mamuchi llega a su casa y lo primero que hace con desesperación es llamarla para contarle andá a saber qué carajo pasó en esos 15’ que pasaron entre que se fue de su mesa y llegó a su puerta.
En fin, podría seguir, podría seguir cualquiera que lea esto y opine, todas (y todos) tenemos algo para agregar.
La triste verdad es que ninguno está exento de todo. Ninguno está completamente fuera de alguna de estas categorias (y las otras que no he mencionado).

Se trata siempre de saber buscarlo, nadie es perfecto y para eso existe el perdón. En definitiva, el único acto de amor consiste en ceder, tambien en eso consiste la única manera.
O sea, hay esperanza.
Más allá de eso, siempre, siempre se trata de buenas y malas combinaciones.
Hubo uno que dijo alguna vez:
Cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa. En otros, el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Quid pro quo

Una amiga empezó a salir con un chico. Parece que el chico cumple con sus requisitos básicos (Porque todos tenemos requisitos básicos. Si no los tenés consultá a un médico o andá a recluirte en una ermita en el medio de la nada porque tu autoestima está por debajo de los niveles descriptos en los peores libros de psicología metafísica hallados en la biblioteca de Pirulo Berreta), que cumple con sus deberes amatorios, que no usa Cif crema para limpiar sus zapatillas (si, es Dora, es Dora) que habla bien, que no tiene celular por ende ni tiene faltas ortográficas detectables (ni deleznables) ni rompe las pelotas (Nada más desilusionador que un tipo entregado de entrada) a cualquier hora del día ni repetidas veces. Es más, le corta toda posibilidad de ponerse ella en ese lugar.
Y ella está contenta. Tiene síntomas espirituales (le brillas los ojos cuando se la agarra desprevenida, sonríe, habla diferente) y físicos (‘la tengo como un coliflor’ supo decirme, con profunda sinceridad). En fin. Me contaba que se vieron, que es ingenioso, que tiene sentido del humor, que piripipí.
Yo la escuchaba, por supuesto, con profunda envidia.
Unos días después me dijo:
‘ Podes creer? Me llamó mi ex! Justo ahora que he salido del círculo vicioso, o del ‘circo’ vicioso porque no me he tropezado más que con payasos de disfraces ridículos, mimos que hacen ‘como si’ y en realidad es que ‘no’, magos que desaparecen tras sus polvos fantásticos y maravillosos y malabaristas que mechan el tedio del matrimonio con la colorida experiencia de mi presencia en un telo de mala muerte. No sé. Yo tengo asumido que mi ex quedó en el pasado. Pero justo ahora el pelotudo tiene que aparecer?
La respuesta es sí. Puede pasar que él se entera (porque las historias con los ex que se jactan no se pierden tan fácilmente en el tiempo) que una encontró dónde mojar felizmente la vainilla y aparentemente ello va dejando de ser una merienda casual para pasar a ser un plato de la carta, sino el único y way! que a nadie le gusta perder la exclusividad (menos al ex, ese macho alfa que anda creyendo que una no puede olvidarlo), y también puede pasar que el universo con sus rayos cósmicos te lo pone en el camino. Y no sólo a él, sino a todos los demás. ¿A quién no le pasó que se pone a salir con un muchacho que más o menos va queriendo y de pronto, cuando en medio de un evento social te presenta un amigo que está más bueno que la mierda y tiene toda la onda, y que lo partirías en 38 pedazos en una noche de lujuria y lascivia rabiosa y ancestral... ahh... o peor, que el hermano esté como para hacer una copia en papel mache y ponerlo en la mesa de luz?. En fin. Son cosas que suceden porque una está a punto de tomar una decisión y estas cosas pasan, son las cosas que nos recuerdan que somos adultos y que tomar partido por una de las partes a la vez implica dejar de tomarlo por todas las demás (o por todos los demás), porque todo no se puede.
Eso no es gratis y la vida se encarga de probarte y de probarlo. Y no es de mala leche ni injusto, es una cuestión de orden, como si la burocracia divina estuviera instalándose entre nosotros para que el día que te des cuenta de que las cosas andan de mil maravillas y que tomaste la decisión correcta puedas incluso estremecerte con la sola idea de pensar en haber hecho lo contrario y, si en efecto hiciste lo contrario no tengas a quien reprochárselo porque la elección fue solamente tuya.
Siempre se trata de eso. De todas formas, ante el vértigo primario que produce lo antepuesto, el poeta viene a dejarnos una pista, un consejo, una soga en el medio de este pantano insulso de elecciones: ‘Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.’

Salú!

lunes, 7 de septiembre de 2009

De cómo me di cuenta de que soy una histerica

Soñé que tenía pito. Un dia, cualquier dia, me levantaba y tenía un bulto debajo de la tanga, que sobresalía por los minúsculos elásticos que no daban a basto, que pedían que los liberase. Se veía un poco de piel abultada a traves del leopardo transparente de la prenda femenina, chiquitita.
No era un pitulín, o un minúsculo grano con forma de poronga. No no, era una señora batata, la reina de todas la batatas, colgándome ahí. Aclaro, me veo en la obligación de hacerlo, que yo no me habia convertido en un hombre. No, era yo, la misma de siempre, pero con pito.
Entonces andaba con mi pito para todos lados. Estaba feliz. Me encantaba tener pito.
Me imaginaba escalando montañas, haciendo negocios millonarios con el pito.
Me imaginaba mirando televisión con la mano en el pito (como hacen todos). Me imaginaba libre de culpa cuando quisiera rascarme en público, o acomodarme la chota para el lado que quisiera. Total, estaba excusada, tengo pito, puedo meterme la mano en el pantalos porque tengo pito. Era exquisito, una maravilla. De pronto todo era perfecto. Tenía todo, no me faltaba nada.
Me metí en la ducha, estuve largo tiempo allí. Le saqué lustre a mi chiche nuevo.
Hasta que me quise vestir. Ahí empezó el quilombo.
Me quise poner una bombacha y, por su puesto, quedaba todo al descubierto porque yo no tengo bombachas, tengo bombachitas. Cuando solucioné ese asunto, o me relajé, me quise poner el pantalón. Ah, mamita, qué incómodo que es incorporar el pedazo a mis jeans de mujer. Desistí de los chupines por absurdo, me dirigí a los comunes y corrientes y parecía Zulma Lobato. Un horror. Me pongo un vestido y se va a la mierda, pensé. Pero se notaba igual. Terrible, parecía una criatura del bestiario de Borges pero sin tanto fileteo literario. Era bizarro.
Me puse a llorar tirada boca abajo y hasta eso molestaba.
Me levanté, furiosa, y me tomé unos mates para relajarme. La luna de miel con el nuevo miembro se había ido al carajo.
Me dieron ganas de pronto de ir al baño y enfrentarme al inhodoro fue la peor parte del sueño ahora devenido en pesadilla. No le podía embocar ni de casualidad. No tenía ni pericia ni punteria.
Me desperté, la angustia del sueño mismo me despertó. No sé en qué hubiera derivado si hubiera seguido ahi.
Qué alivio - pensé - era un sueño.
Me miré la tanga y me alegré de que faltara, de que el leopardo cubriera por completo esa zona erógena.
Hice lo mismo que en mi sueño, pero sin pito.
Cuando finalmente salí de mi casa, a la distancia, no pude hacer más que reflexionar sobre el asunto: No hay poronga que me venga bien.

martes, 25 de agosto de 2009

Sí, me gusta el de 300

Hay una película nueva circulando, con el de '300' (Butler, el mayordomo que todas quisieramos tener, esas abdominales...) y una rubia que es conocida. La promocionan, porque es nueva, diciendo que, palabras más palabras menos, se trata de una historia de amor en el marco de la eterna batalla de los sexos y piripipí. No me llama la atención, más allá de poder ver al tipo en tarlipes (uf!) en alguna escena no la iría a ver. Es más de lo mismo. El tema es que a las mujeres les encanta regodearse en la similitud de las situaciones entre ambos lados de la pantalla. Nos divertimos (dicen) diciéndonos entre nosotras, que ocupamos algunos asientos del cine 'Siii, mirá, es tal cual' o cosas por el estilo. Y basta che, porque es por ese tipo de situaciones que hacen este tipo de películas. Ya está.
Sobre todo porque el público que asiste a esos cines son las que se ponen las polleras color rosa pijama con el swetersito de hilo camello albino, van a la peluquería de forma quincenal y se hacen las francesitas todas las putas semanas de Dios. Y el resto, que somos cada vez más, quedamos por fuera. Y, como si eso no fuera suficiente, terminamos siendo parte de esa cultura si no siniestra, al menos mentirosa.
Un ejemplo.
Una amiga que tengo viviendo lejos me dijo por chat que conoce a un tipo que vive más cerca que está más bueno que la mierda y que le va a pasar mi contacto. Es más, que ya se lo había pasado porque no le importaba y que, en todo caso, que no lo aceptara y listo.
A la siguiente sesión de chat tengo al susodicho esperando mi responso. Y dale, total.
Lo acepté. Me hice la estrecha las dos o tres primeras conversaciones y después cedí.
Que hola, que cómo estas, que qué hacés, que la mar en coche. Hasta que sucedió lo inevitable: Bueno bonita, mandame un foto, seamos amiguitos, que me gustan las de 28 pero vos sos tan madura que me gustas, que intercambiemos fotos así no nos extrañamos, que encendamos las cámaras así nos vemos (Insolente de mierda)
Lo dejé hablar un rato y, al tiempo que me subía la bilirrubina sonaba el chat a lo tonto y a lo loco (Alguien sabe cómo carajo se le saca el volumen sin silenciar todas las demás funciones de la computadora?) hasta que le tuve que poner un coto.
- Sos un salame.
- Qué?
- Que sos un grandísimo salame. El más salame de todos los salames del mundo.
- Por qué decís eso?
- Porque sos un salame.
- Que mala onda que sos.
- No, no soy mala onda, pero me considero un poco más digna de lo que vos admitís. Yo no sé en qué planeta funciona que si le mencionás a una mina, en la primera conversación palabras como 'amiguitos', o que le digas pelotudeces titilantes del tipo 'Ahí te mandé una foto para que después me extrañes' se va a copar con vos, o al menos se va a quedar contenta. Yo entiendo que le saques lustre a la chota pero cambiá la estrategia hermano que así no llegas ni a las de 12. Por eso te digo que sos un salame salame. Porque sos un salame.
O está el que te chapea con el auto, con el lugar al que te lleva.
Está el que de buenas a primera te enumera la lista de paises del mundo que conoce.
No sé, quizá fui un poco bruta cuando le dije que era un salame con pedigree, pero no le dije a él, se lo dije a todos los salames del mundo que creen que las cosas son tan simples.
Debe ser por eso también que me reí tanto cuando viendo el otro día, en el cable, en una película que nunca había visto, admito, por prejuiciosa a tres mujeres que charlaban sobre un encuentro sexual de una de ellas.
- Le dijiste, no?
- Si, le dije: 'oh por Dios, tenes el pene más grande el mundo' y funcionó.
Rescato una frase sublime: 'my body in a movie and your penis is the star!' (lo decían cantando, fabuloso)
Es pura proyección.
Genial.

martes, 18 de agosto de 2009

Zencu

Estaba con mi sobrino, estábamos jugando. él tiene 4 años, casi 5.
Me estaba mostrando sus juguetes. Me decía 'Éste en Ben10. Este es su reloj 'Omnitrix' que hace que se transforme en lo que necesite para luchar contra los malos' mostrándome su muñeca. Y se transfora en éste, que es de fuego, en éste, que es de humo, en éste, que es un fantasma - me los iba mostrando de a uno, de lejos. Así hasta que no tuvo más y a mi se me ocurrió decirle:

- Te falta éste, que es el invisible - dije, haciendo la seña con el pulgar y el índice como la que uno le hace al mozo cuando le pide un café de lejos. Se me quedó mirando, no sabía si creerme o no. Me dijo, dubitativo:
- No... es mentira. Me estás diciendo una mentira.
- No, en serio, no sabés cómo me costó conseguirlo. Es carísimo además.
Me miró desconfiado, miró a su mamá buscando una respuesta, la tuvo, se volvió y me dijo:

- Tia, estás loca.
Acto seguido volvió a jugar con sus muñecos, con los que sí tenía.
Si mi sobrino hubiera sido sobrina se hubiera quedado conmigo rompiéndome las pelotas hasta el hartazgo con el muñeco invisible (psicoanalistas abstenerse por favor) y aunque le hubiera dicho y recontra jurado que era un chiste, que no existía, que yo también estaba jugando, le hubiera entrado por un oído y le hubiera salido por el otro porque lejos de conformarse con los muñecos que ya tiene (sic) se hubiera encajetado con el otro, con el que no existe, con el imposible.
A alguna le suena?
Algún ingenuo, desde su diván dirá: El niño se va a jugar con su 'muñeco' porque lo tiene, es lógico que la niña se quede esperando otro porque a ella le 'falta'.
Y bueno, no es tan simple pero puede ser, puede que no. Que eso no nos disculpe porque es precisamente la divina 'falta' la que atrae más 'muñecos' no al revés (Mafalda dixit).
A veces se trata sólo de romper las pelotas (inherente al género, sabrán disculpar) y otras, la mayoría, sólo se trata del amor.
Porque como dice el francés: amar es dar lo que no se tiene.

viernes, 7 de agosto de 2009

Hombres necios que acusais...

En una publicidad de chocolate pasa lo siguiente: una pareja nueva (todos, absolutamente todos reconocemos cuando una pareja está empezando, es genético) cenan en un restaurante muy lindo, muy pituco, con velitas y todo eso. Cuando terminan ella dice que le gustó el lugar que eligió, que qué rica la comida y piripipí. Y al costado de la pantalla se ve cómo él va sumando puntos (que, en este caso, se cuentan en cuadrados de chocolate). Mientras las luces de las velas se ennoblecen en el brillo de sus ojos, el muchacho pide la cuenta.
Ella sonrie, mira todo y él, príncipe devenido en sapo, le dice: son 180 pesos, vamos 90 y 90? Vos pediste entrada, pero no importa. Claro, perdió todos los puntos.
La publicidad termina diciendo, a favor del chocolate: Ningún hombre es como un chocolate entero.
Más allá de que no es nuevo esto de que el chocolate supera cualquier cosa, libera feromonas, la dopamina explora senderos maravillosos, tampoco es nuevo (y va el segundo Narcicidio) que los hombres no son perfectos, o 'entero', para usar la terminología del comercial.
Entonces emprecé a revisar, a preguntar. Y me encontré con algunos indicadores de la perfidia masculina.
'Las mujeres los quieren perfectos y no los hay. Lo que pasa es que son todas unas histéricas y no hay poronga que les venga bien!' Acotarán a viva voz izando la bandera de la desdicha en un acto patético de victimización chavista.
La mala noticia es que tienen razón. La otra noticia (hola!) es que la histeria masculina viene arrasando con los estándares clásicos de la moda universal. Y, no vaya a ser cosa de que ocurra un tercer Narcicidio, han preferido denominarlos 'metrosexuales', no sea cosa de mancillar su ego herido adjudicándoles un útero. No me hinchen las pelotas, muchachos, que no las tengo.
En esta época de supuesta igualdad, en que las féminas salen a la calle a demostrar que todo lo pueden, el otro género viene a tomar lo peor de nosotras.
Ya está. Es hora de dejar de colgarse del vapuleado 'no existe el hombre ideal' y por atrás ponerse polleras y puintarse las uñetas como Mike Amigorena porque no me gustaría, sería muy triste que en la peluquería la manicura de al lado le esté haciendo las uñas al que maneja el 93. No no, así no es.
Hemos aceptado con dignidad, o estamos en eso, la gélida realidad de no tener todo lo que quisiéramos y andamos, la verdad, que es una barbaridad. Pero eso no implica que tengamos que esperar que se desocupe el baño más tiempo del que nosotras requerimos. No no.
Hay otra publicidad mucho más piola que dice: Volviendo al hombre a su lugar.

Todo lo demás, dejámelo a mi.

sábado, 1 de agosto de 2009

Marta, sos la numero mil.


Recibí un mail el otro día, de esos que alguien mánda a unas 783 personas que no se conocen entre sí. Cuando lo abrí alguien decía que por favor miremos la foto adjunta (que tambien adjunto) que era muy graciosa y piripipí.
Claro, como ustedes, me reí un rato. Acto seguido me angustié, soberanamente me angustié.
No me voy a poner a redactar una nota sobre el trágico apostolado de la mujer golpeada ni es mi intención hacer una movida a favor de los derechos de la mujer porque de eso se encargan los que saben que no es mi caso. Yo me angustié porque muchas alguna vez hemos estado en esa coyuntura. No la de los golpes, la otra, mucho más violenta, la de ceder ciega y absolutamente.
Claro, suponiendo que Marta volvió con GM.
Una amiga me contaba anoche, angustiada (gracias a Dios), cual era su posición en la historia. Vino en situación de harapo cuando, saliendo de su trabajo alrededor de las 22.30 hs, en Pompeya, su pareja le comunica por teléfono, en los peores términos, que no se le ocurra ir para su casa porque él la esperaba a las 9 de la noche, no a la 10 y 10. Porque se supone que siendo viernes a esa hora ya deberían haber comido y estar descansando.

Cuando ella, apunto de explotar por esa excesiva mezcla de impotencia, desconcierto, odio y amor, le dice que acababa de salir de trabajar, él le dice que claro, siempre tiene una excusa.
Luego, cuando la despedí a eso de las 3 de la mañana, borracha y derrotada, pensé que iría de todas formas hasta su casa y le pondría un rompeportones en el culo. Pero no lo hizo (de nuevo, gracias a Dios). Hace un rato volví a hablar con ella y me dijo que ya estaba 'casi resuelto', que habló con él al medio día cuando se despertó. Que él seguía enojado por su demora de anoche, que hoy iban a hablar pero que tenía que esperar a que él la llamara otra vez más tarde porque estaba muy cansado y estresado por el trabajo y principalmente por lo que ella le hizo anoche, porque él trabaja tanto... que él le anticipó por teléfono que ya no le era tan útil, que no le servía tanto de esa manera porque él no sabe si va a sostener que ella no estuviera temprano todas las noches a pesar de que se tratara de su trabajo y de su vida. Porque ya era hora, a esta altura de la vida y a la edad que tiene, de que las cosas se den de esa manera. A él no le sirve de otra forma.

Tambien le dijo que ya no le interesa controlarla, y que eso es signo de que ya no le importa tanto.
No es la primera vez que pasa esto, le dije.
Cada tanto viene a casa con algo similar. Un día me contó que la cagó a gritos porque dejó la ropa tirada en el cuarto, la de ella. Otro día la echó de su casa porque fue a tomar unos mates a la casa de una amiga y llegó media hora más tarde porque se supone que ella debería haber cocinado porque es la mujer de la historia. 'Imaginate, llamó mi mamá y le tuve que mentir diciéndole que estabas cocinando', le dijo.
En otra ocasión no le permitió cambiarse de ropa para el cumpleaños de su mejor amiga porque era tarde y tenía que deviarse del camino. Y una vez en el cumpleaños le hizo tal escena que se tuvieron que ir antes. Sin gloria y con mucha pena.
y todas, todas las veces, la reta con el dedo indice dando directivas.
Y ella cede. Cede todo el tiempo. Cede sin detenerse un segundo a pensar qué pasaría si dejara de hacerlo.

Es imposible negociar con él. A la primera de cambio, cuando le digo algo que quisiera modificar en la relación tira la toalla, se levanta y se va diciendo que las cosas son así, que si no me gustan que me vaya y lo deje tranquilo. Dijo. Pero nunca se va.

Así podría seguir hasta el infinito punto rojo, pero no quiero hacer leña del arbol caído cuando el mensaje ya fue transmitido.
En materia de derecho existe una figura jurídica nominada 'pretensión', que se utiliza a la hora de convenir o 'reconvenir' (otra figura) en un acuerdo o situación.
Por ejemplo. Yo le quería cobrar una guita que me debía el vecino e hice una demanda, la pretensión es 'Cobro de suma de dinero'. El vecino se hizo cargo y me presentó respuesta alegando lo un asunto equis y me dio excusas válidas o fomas de pago, él reconvino con pretensiones
Mi amiga finalmente reconvino ante la demanda (atroz y sin sentido) pero lo hizo sin pretensiones.
Y cada vez que pasa algo así se le achica un poquito el corazón.
Cada vez que veo la foto de Marta me da una puntadita un poco más arriba del ombligo.
Esos son los estragos que hace el miedo a estar solo.

viernes, 24 de julio de 2009

Mujer, demasiado mujer

Mi hermana me pasó un mail con un mensaje para las mujeres. Emulaba una carta que un supuesto hombre (él, todos los hombres) le escribía a una mujer (ella, todas las mujeres) y decía que las piernas, que la belleza, el pelo largo... el típico en el que él nos dice que no rompamos las pelotas que nos quieren así. Qué se yo, cosas como 'maquillate, que para cara lavada estamos nosotros' o 'tapar esas piernas con un pantalón es como tener un sofá exquisito envuelto y guardado en el sótano' o 'para pelo corto estamos nosotros' o la típica 'no quieras ser raquítica como las modelos de la tv, a nosotros nos gustan las pulposas y curvilínas'. Cuando terminé de leer estaba sonriendo, si me doran la píldora me voy a poner contenta, pero una vez despejados los humos de la virtual dulzura intoxicante en formato de ppt, cada segundo que pasaba me calentaba el marote y mi tierna condescendencia se transformó en una rabiosa ira, transpiraba feminismo (Otra vez ese atisbo)
En ningún momento este buen hombre habló de logros personales, de cuestiones que a una la hacen humana y útil más allá de un adorno que queda bien con el traje blanco de lino de verano para Punta del Este, pensé. Ni un párrafo me remite a que si me tapo las patas no es por verguenza sino porque últimamente está nevando en Buenos Aires, dije en voz baja. Son todos unos reverendos pelotudos que creen que mis horas de sueño pasan por la cantidad de pozos que tengo entre el hueso dulce y las rodillas, esbocé con ahínco. Vayanse todos a la remismísima mierda, putié.
El tema es que cuando cuando fui al baño y me vi en ese espejo gigante y tan endemoniadamente iluminado, de frente, perfil y, por su puesto, de culo, y pude contabilizar los antes mencionados pozos (los muy conchudos se instalaron cuales okupas hace unos cuantos años ya) y me puse a putear como una descontrolada fue él (uno y todos) el que me dijo: Pozos? Pué pozos? Esos? No me importan. Sos hermosa, tengas o no tengas pozos. Vení a la cama, dale.
Me tranquilicé, y fui salticando como un bambi.

Y me volví a sonreir.

viernes, 17 de julio de 2009

'Foto real'


A ver muchachos si la cortamos con la foto cruda y sin ningún tipo de filtro.
Por qué no volvemos a los mensajes subliminales? Eran tan... no sé, subliminales...
Porque ahí las minas corrientes teníamos una chance más. Quiero decir, nosotras no venimos con fotoshop incluido adentro del pantalón, y a la mayoría nos gusta más comer un chori cada tanto o chuparse una buena birra de vez en cuando en lugar de ir a correr por la costanera con 4 grados bajo cero. Qué se yo, la mayoría elegimos por el diván en lugar del gimnasio porque sí, porque el diván perdona, porque permite disfrutar de la vida aunque una tenga celulitis, panza y algunos pelos encarnados ahí donde casi nunca llega el sol.
Me explico? Entonces viene un pelotudo que volantéa una foto de un culo de una nena de 18 años (hermoso y suavecito por naturaleza), en cuatro, que dice ‘partime en ocho’ y vos la mirás así y yo quedo en falta.
Vos me dirás con derecho: ‘no todo se trata de vos, ustedes las mujeres siempre creyéndose el ombligo del mundo...’ Y yo te voy a decir que no, no se trata de mi, en este caso no porque la piba de la foto te cobra, no hace nada por amor (a vos o al arte) porque lo único que le importa es la guita y ella misma. Siempre, en ese caso, sí se trata de ella. De 'esa'.


Y la que no te cobra, porque es verdad que cada tanto te encontrás una mina que tiene el culo tallado en mármol de carrara que no anda repartiendo lentejuelas o volantes por la vida, seguramente no tiene desarrollado el seso porque cuando tuvo la oportunidad de leer un libro, o de resolver una regla de tres simple estaba demasiado ocupada contando las estocadas que hacía frente a la pantalla de foxsport, a las 8 am con la Fulop. Sí, sí, ya sé. Me dirás que no es un espectáculo precisamente desagradable que lo primero que veas en el día sea una tanga fucsia saludándote a través de una calcita blanca, pero te juro que a la vez número 15, cuando sea domingo y vos quieras ver fulbo con una pisa, una señora pisa con s, una pisa barata y grasienta porque te cansaste de ir a restaurantes macrobióticos y no puedas porque no da romper la dieta de las 27 calorías diarias, vas a extrañar el movimiento cadente de estas nalgas cuando caminan, las medialunas de manteca en la cama con el mate. (Esto sí se trata de mi).
Ojota que también puede pasar, no es tan probable pero puede pasar, que una de estas chiquitas tocadas por la varita del hada de los culos trascendentales no sea una infradotada sino que aproveche sus atributos para conseguir lo que quiera. Esa me gusta, tiene mi apoyo pero lamento decirte que está con otro, está y va a estar con mil antes que con vos.
Entonces te vas a frustrar porque si el resto de las mujeres no salimos en tanga a la calle es porque no tenemos ese pan dulce acaramelado, brillante, y sólo por eso.
Entonces dejá de comprar ilusiones y de paso, me dejan, vos y todos los demás de romper las pelotas.
Y vení.


Y trae el vino, sé caballero.

lunes, 13 de julio de 2009

Manifiesto

Si han tenido la virtuosa consideración de leer alguno de los post anteriores de este humilde espacio virtual ya se habrán dado cuenta: no soy feminista. Soy más bien lo contrario. O quizá un matiz singular del machismo, se podría decir.
Así y todo, lo que me convoca en esta ocasión me tocó la fibra fémina, la otra, la rezagada, la pequeña Mafalda que hay en mi.
Estaba haciendo zapping en mi sesión diaria de control mental y meditación. De pronto me detengo en un programa de un canal de cable, tipo ‘Magazine’ o ‘Utilísima Satelital’, en el que mujeres de mediana edad hablan haciendo guiños cómplices a las ávidas espectadoras que, lapicera en mano, esperan la receta del día o el secreto del chef de turno.
En el programa en cuestión estaba la conductora de rigor entrevistando a dos diseñadores que presentaban la colección de novia de la temporada. Hablaban de canutillos, flores, telas y texturas, pliegues y colores (tipo rosa pijama o camello albino, lo juro por Dios). Los dos diseñadores explayaron todo su bagaje de conocimiento adquirido en su aparentemente extensa trayectoria condensado en 1 o 2 bloques. La conductora, que veía pasar a las modelos con el mismo guiño cómplice que todas las demás, lo único que supo decir fue: ‘Así que chicaaas, ya saaaaabeeeen, saben dónde tienen que ir cuando por fin lograron que él, después de tanto insistir, les propusiera matrimonio’. Y acompañó su impecable pelotudez con un revoléo de brazos como si hiciera sonar en el aire unas maracas invisibles, finalizando con un aplauso obsceno y desnudo como cuando una foca recibe una sardinita de premio por hacer, como la susodicha, una que otra boludez.
Al respecto, y aun en la soledad de mi livingcomedor, acoté ‘Pero la coooooncha de tu hermaaaaana!’ Fuerte y bien parado, sonoro y limpio, como cuando en la cancha uno de los jugadores de tu equipo pierde una bola segura. Cómo me enojé, por favor.
Porque yo entiendo y celebro, claro que sí, la magia de esa ceremonia. Puedo ver y compartir la solemne alegría de una nueva pareja legal. Puedo acompañar con sincero interés a una amiga a elegir la tela de su vestido, a comprar el cotillón, a probar las 15 posibilidades de tortas. Puedo incluso querer yo misma ocupar ese lugar pero no, por favor, es una patada directa a mi ego atropellado por una absoluta y total falta de dignidad suponer, o hacer suponer al público (al que estimo escaso gracias a Dios porque nadie en su sano juicio perdería más de 10 minutos de su vida escuchando las pelotudeces que dice esa conchuda hija de remil putas) que una mujer, la que sea, de cualquier raza, color, longitud, profesión, CI y peso atraviesa su relación premarital solamente para que él le proponga matrimonio. La imagen que se me viene a la cabeza es: él un orangután sin modales ni sensibilidad alguna, manejando su gran auto de pistola, llevándola a ella, una rubia cabeza hueca que dedica su tiempo a coordinar el horario de la peluquería con el de la clase de cocina y pilates, soñando despierta cuando él se va y ella arremete contra su delantal para preparar lo que sea que haya que preparar, con la seda rosa pijama o camello albino para alguna de sus recontraputas putísimas madrinas.
Insisto. No es que yo sea feminista ni machista, no adhiero a ningún fanatismo. Pero si me decís de nuevo que es mi tarea ir al supermercado por el simple hecho de ser mina lo más probable es que termine revoliándote el whisky que tengo en la mano. Reivindiquemos a las amas de casa si se quiere, pero con un poco más de dignidad que un mero horizonte de encajes y centros de mesa.
Yo entiendo que creciste viendo, en el mejor de los casos, a tu madre dedicándose a la casa esperando que llegue tu padre de su trabajo, con la comida hecha. Yo sé, lo he visto, que el fin último de las madres es ver a sus hijas pariendo a sus nietos, en una suerte de alegría/venganza como si entredientes dijeran: ahora vas a saber lo que es bueno.
Yo sé que a los 30 había que casarse y formar una familia como lo dice el libro gordo de Petete y que la palabra solterona asusta a cualquiera, pero de ahí a poner el matrimonio como meta de la vida...
En una de esas entendí mal el mensaje.

Lo que realmente me dejó triste después de escucharla es que muchas más de lo que quisiera aún se interesan más por la boda que por el novio.
Y eso es infinitamente mas triste que la soledad.

lunes, 6 de julio de 2009

Caso Dora - Lado B

Todos conocemos el cuento de la Cenicienta.
Un príncipe busca a su bienamada doncella (eso creemos) sólo por los zapatos. Perdón, por un zapato imposible: de cristal, de taco alto, número 32, frágil, impoluto, brillante, etc. Fue por toda la aldea poniéndole el calzado a todas las damas del pueblo hasta que dio con la mina, palo y a la bolsa, casamiento, perdices y todos contentos.
Ayer una amiga, llamémosla Dora, me contaba sus peripecias con el otro sexo y no pude evitar hacer el parangón. ‘Yo soy una mina difícil’ aclaró por las dudas de que no me diera cuenta. Siempre hay un detalle, uno solito, que me caga por completo el asunto – prosiguió. Me contaba que en una ocasión había un señor que le arrastraba el ala, que se la conversaba diría mi abuela. Todo muy bien, todo muy lindo, pero usaba unos zapatos tan pero tan terribles que se indignaba. No lo podía tolerar, se brotaba. Unos botines tremendos que le daban el descolorido aspecto de un chico formal y cortés. 'Mirá que probé, eh? Salí, comíamos juntos, charlábamos... pero esos zapatos eran una bomba atómica a mi fuerza de voluntad' se lamentaba. Hasta que una vez, enmarcados en una situación particular tuvo la oportunidad (suerte o desgracia) de conocerlo sin los zapatos y se quiso matar. Le encantó, pero justo juuuusto (casualidad del destino) este viene y se va con otra que si no le andaba, por lo menos le iba.
Entonces, tragado el sapo (aunque no digerido), sale hacia otros rumbos y se encuentra una alternativa que podría solucionar al menos temporalmente el asunto. Chichoneo va, chichoneo viene, finalmente se generó el encuentro con el suplente y, a la hora pactada, Dora bajó a abrir la puerta. Una, de más está decirlo, empieza a disfrutar de la cita unas cuantas horas antes. Fantaseamos, degustamos, nos imaginamos unos finales increíbles mientras nos hacemos la beauty, nos emperifollamos y piripipí. Nos ponemos festivas, bah. En fin, le abre la puerta y empieza a mirarlo, le va haciendo un escaneo de la cabeza a los pies y cuando llegó al cuarto inferior de este pobre pibe, mamadera! Se encontró con dos botinetas de astronauta color blanco Cif, acercándose hacia ella de manera inexorable y, como en una película de Hitchcock (recuerden la cara de Janet Leigh en Psicosis, la escena de la ducha) la libido se le fue a la remierrrda.
Para esto me hice la tira de cola? – dijo – Cómo remonto esto?
Gracias al cielo las mujeres estamos preparadas para todo y de algún botiquín de primeros auxilios rescató una película tipo ‘Ocean eleven’ llena de tipos que están para matarlos y una trama más o menos entretenida.
Finalizada la película y escondidas las zapatillas algo se pudo hacer cosa de no perder la noche. Aún, me cuenta, se despierta tras violentos sueños de angustia y duerme con la luz del baño prendida.
Pero como ella es fuerte y valiente se sobrepuso sin demasiadas complicaciones y decidió ir de vacaciones a algún lugar lejos. Y allá por donde Judas perdió el poncho se encontró con una suerte de Catriel (el Catriel de Laport), uno de esos que no te dejan opción y cuando te das cuenta te ensartan como churrasco’e croto. Y Dora perdió la noción del frío y la distancia en algún deposito de vaya a saber uno donde, ni importa, y en varios lugares más. ‘Ahora seee – dijo, muy sutil, whisky en mano – esto era, para esto me hice la tera de cola!
Luego de sus calurosas vacaciones de invierno decidieron continuar sus encuentros, pero el clima de la Capital es tan húmedo que pudre hasta la fruta de la pasión. El susodicho le mandó un mensaje de texto: ‘qué ases hoy? queré que baya?’.
Una mierda, qué frustración. ‘En qué fallé?- se lamentaba – ‘nunca, pero nunca más me hago tira de cola’. (Transcribo una breve conversación que no tiene desperdicio:
- Boluda, me quiero matar, se come las eses!
- Cómo que se come las heces???!!!
- No gansa, las ESES.
- Ah, me asustaste.
- Si... no sé qué es peor...)
Ya está, next!
Y vino Next. Y Next se parece a una de esas fuentes tragicómicas en las que el agua danzante y cristalina sale graciosamente del pitulin de un niñito rollizo y con cara de inocente. Las miradas, por su puesto, van al miembrito del pobre ángel.
Pero Next no tenía un pitulín, un miembrito, tenía un señor pitulón, un salchichón primavera de esos que te dejan hablando boludeces por tres días (Si podés, porque el maxilar inferior se contracturó, si es que no se te cayó). Una cosa impresionante.
El tema es que más allá de ESO no encontraba nada. Tan seguro estaba él de sus atributos (uf!) que para qué laburar? ‘Para qué complicar lo simple?' Decía, mientras la invitaba a coger salteando cualquier posta romántica que oficiara de obstáculo.
Y yo voy, no? De más está decirlo. Pero después me siento... no sé, vacía?
Más allá de eso hoy se debate en un dilema ético que le quita el sueño: El vacío o la manija? La bolsa o la vida?
Entonces, en mi cuento no se trata de un zapato chiquitito, frágil e imposible, (porque esta cenicienta cuenta con una fila de príncipes que esperan su turno estileto en mano) sino de que no hay príncipe que le venga bien.
Si Dora estuviera en el mítico diván de Sigmundo seguramente tendría adormecidos los pies, o una tortícolis que la hubiera dejado mirando para un solo lado impidiéndole ver la fotografía completa. Porque, igual que con tortícolis, ver más allá a veces incomoda porque ver más allá implica meterse en el terreno de lo desconocido.
Dicen que vale más malo conocido que bueno por conocer... sólo que nadie recuerda que todos los chascos una se los lleva, justamente, en lo conocido.
Dar lugar a lo desconocido nos hace laburar, enfrenta con el miedo, generalmente angustia porque es ceder el control.

Y ceder es engorroso, pero es el único acto verdadero de amor.

miércoles, 1 de julio de 2009

Que vengan lo bomberos

Estaba escuchando un programa en la radio. Los conductores hablaban del amor, de la pasión, de los afectos y la mar en coche.
Entre otras cosas hablaban de las llamas que se prenden y se apagan como una metáfora del fin del amor y la pasión.
Yo lo escuchaba sin prestar demasiada atención hasta que alguien vino y dio en la que yo considero la tecla.
Este señor (no podía ser de otra manera) se quejó. Dijo algo así:
Si, es cierto. El amor es como una llama, acalora, enciende. Una llama se apaga, o dos, y se enciende otra. Y de las otras dos, una se apaga y enciende otra por el costado, pero la otra llama, la de su partenaire sigue encendida. Puede pasar también que se enciendan dos llamas en una misma persona (puede pasar), una más pasajera, y pajera (Sabrán disculpar mi desatinada licencia poética. No pude soportar la homofonía) que la otra. El tema es que la otra, la rezagada, se enciende el doble que cualquiera porque, como todos sabemos, la indiferencia y/o el desaire alimentan el fuego, y entra, por despecho, a encender más y más llamas. Chiquititas, azules, rojas... pero muchas. Llamas y más llamas por todos lados.
Y después se arma quilombo, se arma un incendio forestal que se nos va de las manos...
Días atrás mi señora madre casi incendia su casa por olvidarse una sartén en la hornalla encendida, por distraída que es nomás. De pura casualidad escuchó un ruido extraño y se fijó antes de que todo estallara por el aire y en lugar de la casa quedara un cráter.
Cuando me contaba cómo había sido, me dijo que había sido por distracción, por no prestarle atención. Que si ella hubiera estado allí no hubiera pasado tal cosa.
Y en el amor, en el sexo se trata de eso también. De prestar atención. Todos sabemos cómo es el fuego (en todas sus formas, no?). Cuando te distraes un poquito perdés el control, se va, se vuelve destructor. O inocuo.
A lo que voy es que la 'llamita' de la que hablaba este buen hombre refiriéndose al amor existe, claro que si, pero muchas veces depende de cada uno que se mantenga prendida, no es algo que nos sea ajeno. Cuando se apaga es porque uno la dejó apagarse, porque no tenía más ganas de tomarse el trabajo, porque se cansó o, peor aún, porque se distrajo.
Evitemos los siniestros, señores.
No nos distraigamos que después andamos penando por pagar las consecuencias.

martes, 23 de junio de 2009

Yin y Yang - Pija y Quilombo.

El otro día estaba charlando con un amigo. Él me hablaba de sus experiencias en cuanto a relaciones afectivas y encuentros cercanos menos afectivos. Me contaba que tenía ganas de descansar un poco, hizo alguna alusión al 'sueño del guerrero' del que habla mi amigo personal Cacho Castaña, me dio un breve discurso destinado a fomentar su hombría y bla bla, pero básicamente me dijo que tenía ganas de dejarse de hinchar las pelotas y tener una novia de una vez. Una sola. Y la tenía. Es la que había quedado al final del camino.
Igual no estaba del todo contento, digamos, si esa es la palabra. Me hablaba de ella con el ceño fruncido, como con cierto trabajo.
Cuando le pregunté por qué, qué lo ponía así, me dijo:
-Es que por más que me guste, que la quiera y que tenga cosas que me resultan fenomenales, las mujeres, todas en general, son complicadas. Yo quiero de verdad tener una novia, una sola, estar con ella y nada más. De hecho la quiero pero...
-Qué? dije, sin dejarlo terminar.
-Yo me quiero relajar. Pero estar con una chica implica ir mechando la pija y el quilombo.
Pija/ Quilombo
Pija/ Quilombo
y así.
-No entiendo - dije, recostándome en mi asiento, un poco para preparar mi discurso femenino y feminista en defensa del género.
- Hay que dar primero (esa es la etapa 'pija') y luego quitar (esa es la etapa 'quilombo'). No saben mantener el equilibrio por si solas, ustedes vienen con la balanza vencida. No conocen el concepto de armonía.
Cuando vio mi cara de desconcierto, volvió a la carga.
Mirá. Si a una mina le das, le das para que tenga y te quedas ahí, descansando a la sombra de su espalda, te quedás mirando cómo sube y baja la curvatura de sus costillas al ritmo de la respiración somnolienta de la madrugada, si al otro día la despertás con el desayuno y hacés lo que ella quiera seguramente vas a sufrir como un hijo de mil putas, vas a ser un dominado, un pobre tipo, un infeliz pelotudo que no va a hacer otra cosa que dormir a la sombra. Pero si por otro lado cojés y te vas, y llamás haciendote el pistola solamente para ir al grano. Si no la valorás como corresponde, si no le decís que le queda lindo el vestido, si no te quedás a dormir de vez en cuando - porque les gusta eso, al menos que lo pidas - no te va a esperar, se va a ir con el primero que pase por ahi. Y es lógico. Te he dado dos ejemplos reduccionistas y extremistas. Pero a lo que voy es que hay que alternar entre ambas. Cuando ella está segura de que no te vas a mover de su lado, hay que hacer un parate y dejar las cosas en claro. Y cuando ocurre que se esta por ir, apareces nuevamente como para que se quede con vos. Me explico? Por eso tengo el ceño fruncido. Yo soy mucho más simple, pero tener una relacion simple con una mujer es un oximoron!
Yo, a mitad de su discurso, cuando iba por la explicación de la primer etapa había ya ideado una respuesta que salpicaría todos los aspectos y complicaciones del otro género. Ya tenía memorizadas citas de Simone de Beauvoir y de Sor juana Ines de la Cruz. Estaba aceitada como si con eso se me fuera la vida y sin embargo no le pude decir nada porque por sobre todas las cosas tenía razón. porque yo misma me vi ahí en esas circunstancias siendo expectadora (y expectante) de las etapas consecutivas. Nunca congruentes.
Mi amigo tiene razón, mujeres, pongámonos las pilas.

miércoles, 10 de junio de 2009

Espejito espejito

Para quién se arreglan las mujeres?
La respuesta que escucho a veces es: para los hombres.
La respuesta que escucho más seguido (la que sale de la boca de las féminas que han leído algún texto freudiano o completado algún test de la revista Elle y no les da verguenza) es: para ellas, las otras. Es verdad, hay que admitirlo: La competencia viene con el género, de fábrica.
Pero propongo aquí otra categoría: para ellos. Pero no para cualquiera. No todos los tipos entran en esta categoría. Yo me refiero a los peluqueros, los nutricionistas, los profesores de pilates, los personal trainers, los dermatólogos (oh Dios!), ginecólogos, médicos, el vendedores de ropa... Sí, para todos ellos a los que una acude cuando el problema no es ni tan grave ni tan engorroso.
(Y ellos, si me están viendo, si me están escuchando, avívense. Una cliente bien atendida vuelve siempre, vuelve por más)
Quién no se saca un turno por mes con el dermatólogo (ese talón de Aquiles) que dice que tenemos la piel de una joven quinceañera, o que pone cara de sorprendido cuando le decimos la edad? Quién no sale toda agradablemente acalorada cuando el ginecólogo nos dice que la tenemos de 20, cuando tenemos 45? eh? Quién no cambia de estilo de forma quincenal si el peluquero dice que una es una reina?! Ese el médico que te pregunta si pesas más o menos 50 kg, cuando tu sobrepeso pasó la delgada línea roja hace rato ya, o el vendedor que te trae un pantalón tres o cuatro talles menos... un amor! cómo no le vas a comprar? El personal trainer que te dice seriamente 'vos no necesitás hacer gimnasia, estás divina'. Y así compramos buzones y cualquier cosa sin importar el costo. Traten bien a las mujeres. Además de merecerlo, es garantía. Son nuestros espejos y nosotras, cuales madrastras de blancanieves, necesitamos uno que hable, que halague, que haga alarde de nuestras virtudes perdidas. Es un bálsamo. Aprendan. Aprehendan!

Gracias a Dios está la infeliz contraparte. La que debe ocuparse cuando el asunto es serio y por ende, necesario. Nadie va a un psicólogo hombre si está realmente deprimida a dejarle los mocos esparcidos en el sillón en forma de mil pañuelitos descartables húmedos y vizcosos sin importarle un pomo mirarlo a la cara con todo el rimel corrido, o a un proctólogo jóven y guapo que te hace poner con el culo mirando al norte sobre esa camilla insolente cuando las hemorroides no nos dejan en paz, Ni hablar que el médico, al que vas porque en verano, cuando chivás como un chancho asustado, el olor a cebolla se siente desde la otra cuadra, no se va a parecer a Brad. Más se parece al jorobado de Notre Dame.
No, por eso las depiladoras siempre son mujeres. O el cirujano plástico, el que te va a ver en tanga de papel de nylon celeste y te va a marcar los rollos con un marcador negro y te va a enumerar los defectos (las virtudes las tiene en la billetera) por adelante y por atrás. Ese no va a ser ni Nip, ni Tuck. Va a ser el más caro, el mejor de todos, pero de ninguna manera el que más te gusta.
Es el trabajo sucio y alguien tiene que hacerlo. Una lo necesita.

Gracias por eso.

martes, 2 de junio de 2009

Don Pirulero

El otro día alguien dijo: sólo el 3% de las minas son potables. Sólo ese porcentaje vale la pena. Las demás no.
Ante la pregunta de los demás, dijo: es que no valen la pena, no van conmigo, no son capaces de acompañarme en mi proyecto de vida. Entonces, para qué? para garchar una vez y listo? A lo sumo dos? No. Ya tengo 35 años y quiero otra cosa. Por eso: son cada vez menos las minas que sirven. (Obsérvese que dijo 'minas' y no mujeres. Pero ese análisis sería ir demasiado lejos y no viene al caso)
Si! dijo en otra punta otra, revoleando su estandarte.
E inmediatamente se armó un debate del cual rescato una frase que me parece del órden de lo célebre: 'El levante es un mercado perfecto'. Inmediatamente recordé que, en una charla de café, un tipo me dijo:
El hombre es un ser inteligente. Es capaz de reconocer lo bello y apreciarlo. Es capaz de emocionarse con un poema de Vallejos o de quedarse sin aliento escuchando el requiem de Mozart. Quizas hasta se le piante una lágrima y todo. Pero para las minas no se diferencia mucho del mono. En el fondo de su corazón, o en el centro de su hipotálamo, sabe qué sí y qué no.
Si entre un grupo de mujeres de puntuación 8\9 hay una o dos 4\5, el tipo que no pasa los 5 puntos le va a gritar barbaridades a esas. La respuesta a la indignacion estética de las demás es simple: nadie es lo suficientemente estúpido como para ir al absurdo rechazo. Para qué? Si no hay necesidad.
Entonces vemos que las parejas se promedian, que están todas cerca de la cima de la campana de Gauss porque los extremos son dudosos. Es así y no hay tu tía. Y es tan obvio que cuando vemos a una mina que raja la tierra con un gordo sudoroso tendemos a pensar que el tipo tiene una billetera más grande que las tetas de la señorita. Nadie cree en el amor cuando la distancia es abismal en ese sentido.
Entonces, volviendo al debate inicial, no creo que haya motivo para preocuparse.
Si bien es cierto que estamos en una época individualista y de cierta tendencia a la targiversación de los valores hasta ahora moralmente aceptados, cada uno tiene su 3% merecido.
La buena noticia es que ese 3% no es el mismo para todos.

viernes, 22 de mayo de 2009

Y vos?

Ayer M. dijo:
La semana pasada dejé a mi marido. Lo dejé porque ya no me calentaba más. No me daban ganas de coger, no quería que me tocara. No pasaba nada. Y antes de bajarme a otro preferí abrirme. Ahora me da cosita. Imaginate que tenía todo un proyecto de vida con él, pero bueno.
P. dijo: yo hace 15 años que estoy casada. Y hace 12 que estamos haciendo terapia de pareja porque a mi no me gusta coger, no hay caso. Hace 4 años que no hacemos nada. Pero bueno, seguimos juntos.
Un tercero, en el mismo grupo, dijo:
No me digas, yo estuve casado 20 años con C. Nos casamos muy pendejos, nos casamos casi vírgenes. Resulta que después de casarnos ella me dijo que no insistiera porque si quería mojarla ella no era la indicada. De coger ni hablar. Yo seguía con ella porque la amaba y me mataba a pajas hasta que me cansé y sali a buscar afuera lo que me faltaba en casa. Le di a troche y moche.
Una noche cualquiera C. me dijo que no quería seguir más, que se iba. Agarró sus cosas y se fue.
Qué les cuento que al año siguiente me entero que sale con alguien y que le da a la matraca por los 20 años que no mojó ni el pan en la salsa.
Las tres historias eran diferentes pero rondaban sobre lo mismo.
Particularmente creo que es una costrucción, que el sexo en otra contrucción más. Somos seres complejos los humanos. Entonces le encontramos pelos a la gaviota.
Y solemos confundir el maíz con el pororó.
El amor requiere del sexo, eso lo sabemos todos y no es tema de discusión. Pero hay que ayudarlo un poco. M tiene 23 años. Se casó demasiado joven, pero tambien le dio poco tiempo, no germinó, no se animó a ver de qué color era la flor que iba a venir. A veces está bueno tomarse el tiempo, resistir un poco la tentación porque las crisis nos llegan a todos y vale la pena probar, sobre todo si pusiste toda la carne al asador ante un altar. Pero tampoco deberían ser 15 años. Porque ahí nos estamos mandando la parte. Yo entiendo que dé miedo, que despues de tanto tiempo y planes dar un paso al costado te hace fruncir el tujes pero, si no queres terminar como el pobre pelotudo, el ex marido de C, hay que hacer de tripa corazón y largar el fardo.
El dolor a largo plazo es la trinchera de los cobardes, sobre todo porque saben que saliendo a recibir la balas es mucho más probable que salgan victoriosos. Ni ilesos ni sin cicatrices, pero si vivos y victoriosos.
Nuevamente, no nos hagamos los sotas.

sábado, 9 de mayo de 2009

Soldado que huye ¿sirve para otra guerra?

Se dice que en el amor y en la guerra todo vale.
No adhiero del todo, pero sí me parece que tienen similitudes.
Por ejemplo, el amor es un campo de batalla.
Si me pongo a hablar del amor podría ocupar más tiempo y espacio del que dispongo, así que me voy a circunscribir al área de interés que nos convoca: el sexo.
Y como el sexo es parte (necesaria) del amor de pareja, la regla se extiende, abarca este punto en todo su esplendor.
En una batalla tenemos los diferentes personajes. Está el aguerrido, aquel que toma al toro por las astas y va al frente como trompada. Es el líder nato, el que se hace jirones el uniforme si hay que hacerle un torniquete al compañero. Haciendo el correspondiente traslado al catre, nuestro Rambo es aquel, o aquella, que se mueve como pez en el agua, que te sarandea y te da vuelta como una media y te deja exahusta. Es aquel que sabe hacer el molinete espacial y quedar magnífico, es con el que no te enredás a la hora del cambio de posición porque la tiene clara. Lo sabe, estuvo en mil batallas.
Está el general, el que da las órdenes para que los demás las cumplan. Es útil, es necesario porque es el que está pensando el cómo, es el que ve la fotografía completa. También se embarra, también arremete, pero es el que da las órdenes desde un escritorio la mayoría de las veces. Nuestro Napoleón sería aquel que te dice: ahora chupámela como vos sabés (y una va, no? quién no se encontró alguna vez obedeciendo)
Tenemos también al último escalafón, el que está ahí, el que se pierde en la multitud y quizá hasta da la vida por la batalla. Es el que muere en el campo y si sobrevive lo hace sin pena ni gloria. Nuestro soldado raso es ese del que no te acordás el nombre, que viste alguna vez pero que decidiste no llamar más porque no es que no te gustó, es que fue tan tibio que para lo único que sirve es para mantener encendida, en tu agenda, la llamita en nombre del soldado universal. Es una pena.
Del que sí te acordás porque no te gustó, y no te gustó porque en realidad te encantó y te dejó caliente en ytodas sus formas, es el enemigo. Es el que viene, te da pelea, te hace tener miedo a veces, sentirte valiente otras, hace que pienses estrategias que nunca implementas porque se te viene encima, te apunta y te dispara y ahí sos vos, para él, el soldado raso que pelea para no serlo. El fucking enemigo. Pero te hace ver las estrellas, convengamos.
Está el estratega. El que piensa cómo, cuando, por dónde. El que conoce las artes porque las viene estudiando, hace el laburo fino, observa. Ese es el que te tiene en vilo. Ojo, no confundir con el enemigo, porque el enemigo es el que no llama de nuevo, pero el estratega es el que llama en el momento justo, cuando ya te quemó la marula y te tiene ahí, al horno, cosa de que cuando estés lista, jugosa y doradita te parta en cuarentamil pedazos y hasta vos lo disfrutes. Es un partener complejo pero, particularmente, es el mejor de todos. El estratega es adictivo.
Está también el corresponsal de guerra, ese que da las noticias a los interesados. Es el reportero que lleva las novedades, da los detalles, cuenta y, la mayoría de las veces (está históricamente comprobado) fabula. Es ese que cuando te lleva a una reunión ves cómo los amigos no paran de mirarte las gomas con fervor, cuchichear, darse miradas, señas, caras... porque sí, porque saben hasta el color de la tanga que te pusiste aquella vez, cuando no eras nada para tu chongo. Y, como este pelotudo anduvo agrandándose la pija para no ser menos, vos quedás como el gato pornográfico que tiene las habilidades que todos ahí fantasean. Y sí, la decisión es tuya.
Y así podemos seguir con la lista, que llegaría hasta el infinito. Pero el punto es que puedas identificarte para poder salir vencedor. Depende de cuál sea tu rango vas a encontrar a tu mejor contrincante. La idea es que no mueras en el intento porque coger es divertido, no definitivo.
No nos olvidemos que los muertos también son una parte de la batalla.